10 octubre, 2017. Por

C. Tangana

El TRAPantojo del nuevo pop conceptual
C. Tangana

Me hubiera gustado que Michael Jackson hubiese hecho un álbum conceptual sobre las mecánicas industriales de la industria musical de masas. Me gustaría que Justin Bieber alguna vez se sincerase en público (o en un disco, mejor) sobre lo que supone ser el icono pop más importante de la última década. Me gustaría que los Backstreet Boys, los Jonas Brothers, One Direction o N’Sync nos contaran cómo construyeron su ‘producto’. Me conformo con que Abraham Mateo o Pablo Alborán publicasen dentro de unos años unas memorias acordes con los vaivenes de la exigencia de ser un ídolo de masas. Pero, ¡¿C. Tangana hablándome de cómo se construye un ídolo?!

Del mismo modo que, si llevase unos meses como columnista (viral) de El País o El Mundo, no me atrevería a certificar cuáles son las mecánicas de construcción de un periodista de masas o los tics habituales de comportamiento de un gran medio de comunicación, cuesta creer que un artista que lleva dos mañanas formando parte de un gran sello multinacional se anime a sentenciar cómo se construye una figura de pop de masas, un ídolo.

C. Tangana lo ha hecho en Ídolo, su primer disco para Sony (¿recordáis aquello del “contrato más caro de tol gremio”?: pues eso). Y si él es «el Becerro de oro del pop», aquí somos los levitas. Los delirios de grandeza son muy atrevidos. Esto es lo que ha dicho:

“Realmente este no es el disco de un ídolo: esta es la parte de atrás, ¿sabes? Esto habla sobre lo que piensa, lo que le preocupa, lo que le pasa a alguien que está ahí. La primera imagen que yo tuve, la primera de todas fue la del ‘becerro de oro’. Este verano vi al ‘becerro de oro’: yo era el ‘becerro de oro’. ¿Sabes esa forma falsa de adoración, como de espectáculo? Es el famosillo, la imagen, el mercado. Por eso el disco no debería llamarse Ídolo, sino La Construcción del ídolo: lo que va por dentro”.

 

FARLOPA, FOLLAR Y FARDAR

Pues parece ser que era verdad lo del estereotipo del icono: lo que va por dentro de la construcción del ídolo, o al menos lo que ha dado tiempo a ver por la mirilla de “la construcción un ídolo” a Pucho, o Tangana, o el artista antes conocido como Crema, o Antón Álvarez (como sus padres decidieron un día que se llamaría) son las tres “efes”: FARLOPA, FOLLAR y FARDAR.

A la mentada “He firmado el contrato más caro en España de tol gremio” de Espabilao, sumémosle unas cuantas, que no son todas las que están en Ídolo: “Quiero pensar que existe otro camino, pero en lo único que pienso es en follar contigo” o “Soñé que te morías estando dormido: desde entonces, en mi vida sólo hay coca y ruido” en Inditex; “Yo sólo puedo pensar en follar y en gastar: esto no es un juego” en Intoxicao; “Uno antes que tú ya se folló a su madre: si alguien más que yo, entonces yo más que nadie” en Otro hombre; “Ahora me visto de gala pero no pago la ropa; volando en la sala, pero no pago la coca” en Pa que brille

C. Tangana saca a pasear su miembro viril, la capacidad de almacenamiento de polvo que tiene en sus fosas nasales y la cantidad de ceros con la que ha conseguido sellar su contrato con Sony Music. Saca a relucir todas las reglas del mundo para poder medírsela a gusto para que la imagen de este “ídolo en obras” sea parecida a la de una especie de nueva temporada de la serie de moda de Netflix: carteles en la Gran Vía, una lírica que poco tiene que envidiar a los chavales que han aprobado con un 5 raspado 1º de Rapero y un gran concepto filosófico detrás desperdiciado por un repertorio que no hace justicia ni a la expectación generada ni a la supuesta cantidad de ceros de su contrato.

Incluso a pesar de tener un gran concepto detrás que articule un discurso y consiga comunicar la estética de «disco conceptual», hace casi quince años el mismísimo Risto Mejide se le adelantó cuando, sentado aún con pelazo y gafas en la silla de jurado de Operación Triunfo, lanzó la idea de «producto» a los temerosos triunfitos que vieron cómo el mediático publicista los aniquilaba con una vara de medir que se regía por los valores del mercado, por la capacidad de venderlos como iconos pop… por la capacidad de convertirse en ídolos, al fin y al cabo. Que Risto te coma la tostada con efecto retroactivo tiene cojones.

Y, permitidme que os diga: lo de Risto no sólo era revolucionario para un talent show que funcionaba por inercia sin necesidad de cambios, sino que sus frases eran puñales. Sin embargo, el repertorio de C. Tangana en este Ídolo es puro discurso de baja intensidad y un repertorio a la altura de lo peor que ha firmado hasta ahora, que es el Siempre que publicó con Agorazein hace apenas un año.

«C. Tangana saca a pasear su miembro viril, la capacidad de almacenamiento de polvo que tiene en sus fosas nasales y la cantidad de ceros con la que ha conseguido sellar su contrato con Sony Music. Saca a relucir todas las reglas del mundo para poder medírsela a gusto para que la imagen de este “ídolo en obras” sea parecida a la de una especie de nueva temporada de la serie de moda de Netflix, carteles en la Gran Vía incluidos»

 

MARKETING, FILOSOFÍA, MÉRITOS Y VICEVERSA

Desde que reutilizara las bases de Drake en la mixtape 10/15 para relanzar una carrera que parecía olvidada y en crisis desde la puesta en circulación de un gran álbum (LOVE’S) que, a pesar de recibir grandísimas (y merecidas) críticas, parecía no conseguir colarse del todo ni en el circuito del rap de masas ni en el indie ni en el, mucho menos, mainstream; el camino de C. Tangana fue una clase magistral de marketing mix, de community manager y de maniobras y estrategias de comunicación que sí merecen un Disco de Platino.

Cada movimiento de C. Tangana era meditado: se había convertido en un reality show en movimiento, con forma de cuenta de red social, de agitador de la nueva filosofía pop. En aquel EP no sólo reutilizó con majestuosidad el sonido del artista de música urbana más en boga (aunque en aquel entonces aún no tanto) de todo el mundo (Drake), sino que se encargó de mover el avispero del circuito indie (las especulaciones sobre el fin de su carrera; su relación o no con la líder de las Hinds; su pelea a hostias y reparto de beefs con Los Chikos del Maíz; su posición política y sus discusiones con Pablo Iglesias vía Twitter…) y, meses más tarde, publicó un serial de singles que seguían alimentando la leyenda, por mucho que su capacidad de alcance, a pesar de tener todos los ojos puestos sobre él, era (hasta que su fichaje por Sony y su pacto con Spotify hicieran el resto, y ahora su número de reproducciones se cuente por decenas de millones) menor que el que tienen nombres como los de Rels B, Kinder Malo, Pimp Flaco o Natos y Waor, entre otros. La diferencia con ellos es que C. Tangana consiguió hacernos creer que es el número 1, aún sin serlo.

Ahora ha encontrado un gran concepto, el de “la cara b del icono pop” o “el proceso de construcción de un ídolo”, e incluso en el vídeo promocional saca a relucir un concepto bíblico como el del Becerro de oro; pero, a la vista de lo irregular y plano de su cancionero, parece que ha invertido más tiempo en escribir un tuit que en componer buenas canciones. Y, por encima, hemos llegado agotados, con el cerebro exprimido de tanto hablar de él, poniendo la vara de medir a un nivel que no llega ni de cerca.

MALA MUJER Y 10 MÁS

Por mucho que en el disco cante a ese “caballo ganador que en la carrera se siente tan solo”, la sensación es que, si el contrato que C. Tangana firmó con Sony y la inversión económica que el sello está haciendo era para convertirlo en el artista pop número 1 de España, en Ídolo no sólo faltan hits, sino que además las grandes canciones no sobran.

La innegable adherencia de Mala mujer (posiblemente una de las mejores canciones firmadas por un artista español de todo 2017, además de una deconstrucción del reggaetón y una de las canciones del verano) parece, y permitidme el símil futbolístico, jugar sola un partido en la que sus diez acompañantes no conforman un dream team; sino un equipo en el que la gran figura del campo no encuentra capacidad de asociarse con el resto de jugadores.

Apenas hay una canción que puede opositar a colarse en la lista para ser el número 1 de Los 40 Principales (algo a lo que, entendemos, debería aspirar el último gran fichaje de uno de los tres sellos más importantes del país): De pie, un reggaetón en la que se vuelven a ver las maneras tanto a Alizzz como el tratamiento de sonido de El Guincho; pero en la que se le ven las costuras líricas a Tangana, tirando de frases de Antes de morirme, uno de sus dos grandes hits. Y, si acaso (y si no fuera porque la canción parece una carta a sus bromas privadas en un ejercicio de autorreferencialidad que sonrojará hasta a sus amigotes), musicalmente también funciona No te pegas.

«Si el contrato que C. Tangana firmó con Sony y la inversión económica que el sello está haciendo era para convertirlo en el artista pop número 1 de España, en ‘Ídolo’ no sólo faltan hits, sino que además las grandes canciones no sobran»

 

El resto del cancionero se debate entre la (otra vez) autorreferencialidad a otras canciones suyas (en No te pegas reutiliza frases de Mala mujer y Los chikos de Madriz) y la pena de saber que, aunque el sonido y el desarrollo de las bases sea de una vanguardia pop nunca antes escuchado no sólo en España sino en el resto del mundo, gracias al tanto al desarrollo de las bases que hace Alizzz y el tratamiento sonoro de El Guincho (deberían estar haciendo producciones para grandes artistas internacionales); la bajísima intensidad de los textos y de las melodías genera un agujero negro que torna al álbum aburrido, denso, repetitivo, falto de recursos.

Incluso en los mejores momentos del disco (Inditex, No te pegas, Intoxicao o Espabilao son grandísimas canciones, pero muy por debajo de) da la sensación de que a C. Tangana le falta un palmo para conseguir la calidad de tanto de los textos de 10/15 como de las melodías de Antes de morirme, Mala mujer, Lo hace conmigo o Persiguiéndonos: aquí gira en círculos sobre su polla, la capacidad de conseguir cocaína gratis, la cantidad de billetes que gana y lo cerca que está de los poderosos de este país.

Su cancionero anterior no sólo era brillante “nuevo pop”, sino también un cancionero que hacía justicia a la forja de la leyenda de la construcción de un ídolo que, dudamos, vaya a ganarse la condecoración de “becerro de oro del pop español”. Esperemos que a Sony, posiblemente el sello con mejor catálogo del país, no se la cuelen de nuevo como ya pasó con PXXR GVNG cuando los ficharon. ¿Otro trapero más que coge el dinero y corre?

C. Tangana