22 febrero, 2017. Por

Make Britney calva again

Por qué queremos que vuelva a raparse al cero
Make Britney calva again

Ni iba a protagonizar un biopic sobre Sinead O’Connor ni tampoco un remake sobre V de Vendetta o la Teniente O’Neil: a Britney Spears se le fue el perolo y se le soltó el patín, todo a la vez, hace exactamente diez años.

Bueno, ya se le había ido un año antes (o puede que incluso más), cuando empezó a perder los papeles en 2014, cuando estuvo casada durante 55 horas con ex compañero de instituto para, meses más tarde, dar a luz a su primogénito y volver a casarse, esta vez con el caótico y chandalero bailarín Kevin Federline, con el que protagonizó (aunque él en la sombra) su época más dura, la que incluye la época de mayor persecución de los paparazzis, registrando sus juergas con Paris Hilton y Lindsay Lohan, sus conducciones temerarias, sus llantos en espacios públicos o el preámbulo de su icónica rapada: su ingreso en rehabilitación, que no llegó a las 24 horas.

Pero el logotipo de todo se dibujó un día después, el 16 de febrero de 2007, hace justo diez años y monedas, cuando Britney Spears entró en una peluquería de Los Ángeles (el Esther’s Haircutting Studio, más concretamente) a que le pasases en cortacésped por la cabellera con la excusa de que las extensiones le “apretaban demasiado”. La peluquera se negó, así que ella misma cogió la maquinilla y se dio candela a sí misma.

Luego viviría un año de furia y bajones (incluida la pérdida de la custodia de sus hijos y su internamiento en un hospital psiquiátrico), pero en los que escribiría una de las páginas más históricas de una diva pop. Nosotros rendimos homenaje a Brit diciéndole por qué debería raparse de nuevo.

PORQUE CONVIRTIÓ A LAS POPSTARS EN REBELDÍA PUNK

Así la definía hace unos días el coolhunter Popy Blasco en sus redes sociales, y razón no le falta: antes de que Miley Cyrus se pusiera a lamer martillos o a restregarse por la cebolla de Robin Thicke; Britney ya había estado ahí: excesos, sustancias ilegales, amistades peligrosas, ruptura con la imagen predeterminada de un icono pop que apenas tenía 26 años y que estaba llamada a convertirse en la nueva Reina del Pop, con visos de destronar a Madonna.

De algún modo, la falta total de conexión de una Spears desquiciada caza a la perfección con la de una chavala que desde los 11 años comenzó a labrarse una imagen de icono pop juvenil para las masas, de femme fatale, de multimillonaria advenediza. Sea por locura o por necesidad, un gesto tan simple como coger una maquinilla y raparse el pelo, casi como si de la cabellera de Sansón se tratase, reescribió la historia de la relación de las divas pop con la industria. Y lo hizo precisamente la diva menos preparada y menos lúcida de aquella generación (ni Beyoncé ni Christina Aguilera ni P!nk).

PORQUE BAJO ESOS EFECTOS FIRMÓ SU MEJOR DISCO HASTA LA FECHA

A pesar de que en los últimos años Britney se ha empeñado en dar un salto de calidad en lo musical, aquella primera etapa sigue recogiendo sus himnos más históricos. Pero quién le iba a decir que la prensa especializada, dedicada a escarbar en su basura y a potenciar esa imagen de nuevo ángel caído y a tratar la obra artística de la cantante como un producto prefabricado, plastificado, menor; iba a colocar a Blackout, publicado en octubre de aquel 2007, como uno de los mejores álbumes de pop del siglo y, por tanto, el mejor disco de Britney hasta la fecha y que, incluso, se permitió el lujo de desechar un single de la talla de Umbrella, que al final se lo quedó Rihanna.

Al susurro de “it’s Britney, bitch”, la Spears se rodeó de productores superseries como The Neptunes, Jim Beanz, Kara DioGuardi o J.R. Rotem, entre otros, para ver cómo medios de la talla de The Guardian, Rolling Stone, Blender, AllMusic o Pitchfork ensalzaban cortes como Break the Ice, Radar, Piece of Me, Toy Soldier o Gimme More. Al final, aquella banda sonora de una mujer al borde de un ataque de nervios acabó siendo la más celebrada por la crítica.

PORQUE LA INDUSTRIA MUSICAL LE TEMIÓ

De verdad. Y a pesar de que la persecución era continuada y brutal, algo parecía indicar que la industria musical quería sacársela de encima. De algún modo, hacerla actuar en aquellos MTV VMA’s conociendo el estado en el que estaba es un indicativo de esa necesidad de mofa pública; pero el mayor temor, casi denunciable, recala en el impedimento explícito que desde Billboard pusieron en marcha para que Britney no se hiciese con el récord de colocar cinco discos consecutivos en el número 1 de ventas de las listas americanas.

Y es que todo indicaba que así sería, pero desde la empresa que gestiona dichas listas decidieron modificar una regla a última hora, jugando a favor del Long Road Out of Eden de The Eagles, permitiéndose que le quite el puesto a Blackout en la semana en la que iba a conquistar ese record. A la semana siguiente, Billboard volvió a dejar las reglas como estaban antes. ¿Casualidad?

PORQUE ROMPIÓ CON LA IMAGEN DE DIVA MODOSITA

En algún momento alguien tenía que acabar con la imagen de lolita eterna, de Chica Disney que se convierte en la “novia de América” y dice a todo que sí, se ennovia con el chico de la boyband perfecta y corretean juntos por el prado. Britney aniquiló todas esas suposiciones a paraguazos.

Y es que esa piña de nervios, virulencia, sustancias y calvicie en la que se convirtió la norteamericana dinamitó en un momento los pasos que debería seguir una chica como ella en un sitio como Los Ángeles: su particular ruta de los excesos no paró de crecer en más de un año de pura furia que forma parte del imaginario colectivo de la cultura pop.

PORQUE NADIE DIO MÁS CONTENIDOS A LOS PAPARAZZI

Cuento con que, en aquella época, varias de las revistas de prensa rosa tendrían un especialista sobre Britney Spears en su redacción.

De alguna manera, Perez Hilton se nutría durante épocas casi exclusivamente de las correrías de la cantante, que casi semanal o mensualmente disparaba nuevas alarmas en un año en el que: entró en rehabilitación; salió de allí a las 24h.; al día siguiente se rapó el pelo; a la semana siguiente se lió a paraguazos con la prensa; rechazó la canción del año (Umbrella, que acabó siendo de Rihanna); vio en primera persona cómo su ex, Justin Timberlake, se mofó de ella públicamente; acabó de grabar un disco que se alargó más de un año; actuó en los MTV VMA’s; estrenó un videoclip lamentable; publicó el mejor disco de su carrera; se enteró a través de los papaazzis que su hermana estaba embarazada; se separa de Kevin Federline; y pierde la custodia de sus hijos.

El día que la Pantoja dé tanto contenido venid y avisadme, por favor.

PORQUE DIO SU MEJOR-PEOR ACTUACIÓN

Es difícil hacerlo tan mal. A veces, para hacerlo mal, como si fuese una actuación de Yolanda Ramos o Silvia Abril en Tu cara me suena, se ensaya. En ocasiones, “hacerlo mal” es no tener feeling con el playback o perderte algún paso de baile, pero lo que Britney Spears hizo en aquella icónica actuación del 9 de septiembre de 2007 fue mucho más de lo que cualquier podría esperar.

Ya con pelo en su cabellera (entre suyo propio y extensiones) el nivel de coordinación de la americana para el baile, la coordinación con sus bailarinas, un estado físico en los límites de una estrella pop hasta entonces hipersexualizada y un playback fallido sumaron una de las actuaciones más horrorosas que recordamos (no sólo suya, sino en general), precisamente en su año más complicado.

Para colmo, Rihanna en primera fila riéndose en su cara, Justin Timberlake mirando a cámara haciéndose el sexy y la propia Britney internándose en un infierno del que tardaría años en salir; y un escenario en el que tardaría casi una década en volver a pisar.

¿Y aún te preguntas por qué Britney Spears tiene que volver a ser calva?

Make Britney calva again