26 noviembre, 2018. Por

Blues de la frontera

El disco que juntó el ritmo de las barriadas sevillanas con el de las orillas del Mississippi
Blues de la frontera

Ya que estamos con el nombre en la boca, viene al caso: Rosalía no era siquiera un proyecto de ser humano y el Omega de Enrique Morente y Lagartija Nick no era ni siquiera una posibilidad (no solo no existía Lagartija Nick: ni siquiera 091) cuando Raimundo y Rafael Amador habían dado la vuelta el flamenco, conectándolo con la música negra varias veces y formando parte de, al menos, el ambiente o la creación de tres proyectos que revolucionaron el género en los años ’70 y ’80.

Camarón ni siquiera había grabado La leyenda del tiempo cuando Veneno habían debutado y levantado urticaria tanto en la industria musical como en el circuito flamenco; y cuando Pata Negra habían grabado Guitarras callejeras, un álbum que la discográfica decidió descartar y mandar a paseo como si le hubieran dado una especie de disco experimental imposible de ubicar en ningún sitio.

Pero Pata Negra siguieron e insistieron, a pesar de estar molestando a la ortodoxia flamenca, enfadando a su padre y generando una incomprensión general que se puede reducir en esta pregunta: ¿dónde acaba el flamenco y empieza el blues y el rock and roll? Posiblemente, esa frontera imaginada por los hermanos Rafael y Raimundo Amador que fundía la barriada de las Tres Mil Viviendas donde vivían, creaban y tocaban y las orillas del Río Mississippi se traducían en aquel proyecto, un conglomerado imbatible que adelantaba por la derecha al rock andaluz y erigía el rock gitano, pero también ayudaba a dinamitar las fronteras de la ortodoxia flamenca haciendo de la música urbana de las zonas sur de España y Estados Unidos un nuevo espacio geográfico: el Meridiano de Greenwich tendría que repensar sus coordenadas a partir de Blues de la frontera.

“Esa frontera imaginada por los hermanos Amador que fundía la barriada de las Tres Mil Viviendas donde vivían, creaban y tocaban y las orillas del Río Mississippi se traducían en un conglomerado imbatible que adelantaba por la derecha al rock andaluz y erigía el rock gitano, pero también ayudaba a dinamitar las fronteras de la ortodoxia flamenca haciendo de la música urbana de las zonas sur de España y Estados Unidos un nuevo espacio geográfico”

Y a pesar de que, gracias al gurú Mario Pacheco (descubridor de, entre otros, Golpes Bajos y La Mode; pero también quien articuló la gran revolución del “nuevo flamenco” de los años ’80, dando espacio tanto a Pata Negra como a Ketama, La Barbería del Sur, Rafael Riqueni, Aurora, Ray Heredia o Tomatito, entre otros) ya habían publicado tres discos (el no-debut homónimo de 1981; el Rock gitano de 1982: y el recuperado Guitarras callejeras, grabado en 1978 y editado en 1985); el que acabaría siendo el último álbum de Pata Negra con los dos hermanos (Rafael luego publicaría Inspiración y locura y Como una vara verde), sería también una carta abierta a la heterodoxia tanto flamenca como bluesera: las fronteras del rock and roll, el jazz, el folk-rock y el blues se fundían con tarantos, bulerías y tangos en Blues de la frontera, uno de los discos más revolucionarios e importantes que se hayan escrito, cantado y publicado en España.

Portada del libro [Cómpralo haciendo click en la imagen]

El periodista Marcos Gendre, firma habitual en medios como Zona de Obras, El Salto, Rockdelux, Mondosonoro o Luzes, publica a través de la Colección Elepé de la revista Efe Eme un libro con tanto de biográfico como de divulgativo: aprovecha el gancho del trigésimo aniversario de la publicación del Blues de la frontera para colarnos en el contexto de la formación de la idea de “nuevo flamenco”. La casualidad ha querido que, en este 2018, el también revolucionario álbum de la barcelonesa Rosalía, el elogiadísimo El Mal Querer, haya reabierto el debate de los límites del flamenco (y de la música de raíz en general).

Puede haber cierta correlación entre un trabajo y otro (al menos en su valor dinamitador de fronteras, prejuicios y límites), pero lo cierto es que el contexto en el que Pata Negra se colaron como Caballos de Troya tanto en el “rollo” rockero como en la “movida” pop como en la “ortodoxia” flamenca era bastante más complicado que el contexto que se ha encontrado Rosalía.

A través de entrevistas con Ricardo Pachón (productor del disco y artífice de varias de las producciones de flamenco más importantes de la historia), músicos protagonistas del disco y/o el ambiente de aquellos años como Antonio Smash, Antonio Carmona, Gualberto García, Raúl Rodríguez o Cathy Claret, familiares como Diego Amador o testimonios recogidos de entrevistas a Raimundo Amador o Mario Pacheco, el periodista y escritor coruñés ayuda a recontextualizar la atmósfera en la que se creó uno de los repertorio más históricos que haya dado nuestra música.

“El libro es un buen escapulario para narrar parte de la kamikaze historia de dos hermanos que comprendían que Antonio Mairena podía llegar a cantar por Jimi Hendrix, y que Robert Johnson podía llegar a tocar para Chocolate

Quizá se echan de menos tanto declaraciones de Rafael Amador (quien siguió con Pata Negra dos discos más, sin su hermano Raimundo), o entrevistas en persona con el propio Rafael y Raimundo; como también profundizar tanto en el ambiente de discordia y pelea que existía entre los hermanos en pleno proceso de grabación (apenas Pachón pasa muy de puntillas por ese tema) como también profundizar algo más en el legado e influencia que han marcado en algunos proyectos (es difícil entender algunas cosas del sonido de Extremoduro, Los Delinqüentes, Pájaro o Guadalupe Plata sin Pata Negra); pero, en definitiva, este Blues de la frontera. Anarquía y libertad de los Amador es un buen escapulario para narrar parte de la kamikaze historia de dos hermanos que comprendían que Antonio Mairena podía llegar a cantar por Jimi Hendrix, y que Robert Johnson podía llegar a tocar para Chocolate.

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