8 enero, 2018. Por

Black Mirror: S4

La cuarta temporada de la serie futurista se rebela contra el sistema
Black Mirror: S4

Seis capítulos, seis mujeres protagonistas y Jodie Foster, la primera directora de uno de los capítulos de la serie.  La nueva temporada de Charlie Broker es la menos Charlie Broker que hemos visto hasta ahora. Black Mirror nació con el objetivo de mostrar el filo hilo que unía la realidad tecnológica –y loca- que nos rodea con la distopía aún más loca –y exageradamente real y posible- que podemos encontrar en un futuro no muy lejano. El espectáculo estaba intrínseco en esa idea, pues no hay que olvidar que se trata de un producto de entretenimiento, pero no era el motivo central de la serie. En esta cuarta temporada lo es. Cocodrilo, Cabeza de Metal y hasta Black Museum son la prueba. Pero no todo es malo. O sí.

Por primera vez, la serie se pone de parte de la distopía tecnológica a base de finales abiertos –o vagos, porque a veces resultan inacabados-. Los personajes se rebelan contra el sistema, se cansan de la situación al ser conscientes de que forman parte de un entramado mecánico y robotizado y en la mayoría de los casos, no acaban mal por hacerlo. En las anteriores temporadas, las consecuencias morales eran tales que el ser humano siempre perdía. ¿Es esto un avance o un paso para atrás?  ¿Será que ahora el mundo sí está esperando a que nos sublevemos?

«Los personajes se rebelan contra el sistema, se cansan de la situación al ser conscientes de que forman parte de un entramado mecánico y robotizado y en la mayoría de los casos, no acaban mal por hacerlo. ¿Será que ahora el mundo sí está esperando a que nos sublevemos?»

Esto no supone que la tecnología vaya a salvarnos la vida, al menos no es la idea que se intenta transmitir en esta temporada. Se trata de un pensamiento mucho más peligroso: el de la aceptación. Esa distopía, a priori indeseada, permanece intrínseca en cada uno de los personajes e historias de esta cuarta entrega, donde ya apenas vemos un resquicio de la realidad actual de nosotros, los espectadores del siglo XXI, los que seguimos quedándonos con la boca abierta cuando la escena se funde a negro, y que en esta ocasión combinamos con una especie de incredulidad. ¿Será que ya no queda ni rastro de nosotros?

Después de un año, esperábamos con ansia lo nuevo de Charlie Broker, pero el resultado no ha sido ni mucho menos redondo. La intervención tecnológica de la memoria o la conciencia siguen siendo los must del guión, pero esa repetición de recursos narrativos (la clonación, el amor online o los círculos familiares conflictivos) hacen de la nueva temporada de ‘Black Mirror’ una extraña, -aunque real, posible y recurrente- pesadilla.

CAPÍTULO A CAPÍTULO

USS Callister: se sitúa entre la ciencia ficción de ‘Star Trek’ y el ridículo cómico de ‘Scary Movie’. La clonación, el avance de la ciencia, y el mundo de los videojuegos de realidad virtual son los principales temas. La estética pop y su protagonista, Cristin Milioti, son lo mejor de este capítulo.

Arkangel: En esta sociedad de redes basada en mostrar qué, cómo y dónde se está haciendo cada cosa en todo momento, los padres se vuelven aún más leones con sus cachorros. Dirigido por Jodie Foster a partir del guión de Broker, la propia actriz ha declarado que esta historia es un reflejo de la difícil relación que tuvo con su madre.

Cocodrilo: Volvemos a la intervención de la memoria. Es uno de los ejemplos donde su protagonista intenta rebelarse contra la tecnología que le persigue. Aquí, al contrario que en otros capítulos, ella sale perdiendo, pero al menos lo intenta sin ningún tipo de reparos.

Hang the DJ: La historia de una pareja que se conoce en un Tinder llevado al extremo. El más entretenido y millenial de la temporada que nos invita a una reflexión: ¿Y si formáramos parte de un entramado digital y no fuéramos nosotros los que estamos aquí leyendo esto?

Cabeza de Metal: El primer capítulo de las cuatro temporadas en blanco y negro. En un mundo donde las máquinas dominan el mundo, unos perros robots perseguirán a su protagonista y a sus compañeros. Es el más corto, y menos mal.

Black Museum: Una copia de White Christmas, el capítulo navideño de la anterior temporada. El recurso de los flashbacks y las continuas referencias a otros aspectos de la serie mantienen atento al espectador, aunque la exagerada cantidad de sangre resulta a ratos innecesaria.

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