1 febrero, 2016. Por

Bernard Sumner

New Order, Joy Division y yo
Bernard Sumner publica sus memorias en Joy Division y New Order
Bernard Sumner

Hasta ahora, quizá la mejor forma de adentrarse en el mundo de Joy Division era leer la biografía Touching from a distance. La vida de Ian Curtis y Joy Division, escrita por la propia viuda del cantante, Deborah Curtis, en 1995, y editada en España en 2008. En ella se basó la película Control (2010), dirigida por el polifacético Anton Corbijn. Eso sí, hay que recordar que ni Deborah ni el resto de integrantes de la formación británica ahorraron críticas hacia Corbijn, sobre todo por el excesivo celo del cineasta y el escasísimo margen de aportaciones que consintió a los que fueran compañeros del cantante; el batería Stephen Morris, el guitarrista y teclista, además de co-fundador, Bernard Sumner y el bajista Peter Hook. Este último, por cierto, puso también negro sobre blanco en Unknown Pleasures: Inside Joy Division (2012), en el que explicitaba sus conocidas desavenencias con Sumner.

New Order, Joy Division y yo llega no para poner orden, que no es ni de lejos su intención, pero sí para equilibrar fuerzas, compensar y aportar una intensa luz a la historia del que fuera uno de los grupos de rock y punk más influyentes del siglo XX. Si la viuda ahondaba en aspectos personales sobre Curtis y su relación con el resto de miembros y, en resumen, en la relación de alguien tan inestable como su marido con la industria y el éxito, Bernard Sumner no escatima en detalles desde otro punto de vista; el del músico y amigo. Ofrece una apasionante forma de mirar al trasluz las canciones que hicieron de las dos formaciones un referente cultural y un icono de la música moderna, porque explica su gestación y las condiciones en las que cada una fue creada. Los fans acérrimos encontrarán pistas y tesoros escondidos, y los que apenas son capaces de tararear dos o tres canciones de las dos bandas se toparán con un texto emocionante y al mismo tiempo repleto de información.

No podían faltar, en estas memorias, ni las descripciones de aquel Manchester efervescente, del que brotaron también los Happy Mondays, ni personajes sin los que sería inexplicable todo aquél fenómeno, desde el fundador del sello musical Factory, Tony Wilson, al productor Martin Hannett, pasando por el guitarrista de los Smiths Johnny Marr o el pet shop boy Neil Tennant. Tampoco se pasan por alto ni el acid house ni su santo icono, The Haçienda, la discoteca mitificada hasta el éxtasis (nunca mejor dicho) por los mitómanos de aquél sonido Madchester.

La historia de Joy Division es una historia de cuatro veinteañeros de gran talento que pusieron en marcha, sin preverlo ni saberlo, una maquinaria de éxito que acabó por sobrepasarles. Y Sumner, que roza los sesenta años, ha escrito estas memorias con poso y distancia. Por eso se puede permitir narrar con la reflexión y la experiencia los muchos errores de juventud cometidos en aquellos años setenta y ochenta. Incluso con cierto humor. Y con ninguna solemnidad. Justo lo que tantas veces se echa de menos en tantas biografías de músicos.

Bernard Sumner