5 octubre, 2017. Por

Bifannah

La tropicália psicodélica neogaragera lleva su nombre
Bifannah

Y no solo lo decimos nosotros: Bifannah son la promesa de la psicodelia fabricada en España desde que en 2015 se pusieran manos a la obra. Antía Figueiras (bajo, teclados y voz), Antón Martínez (batería y percusiones) y Guillermo V. Zapata (guitarra y voz) son los responsables de tanta fantasía tropical y con ella no paran de sumar adeptos a su alrededor día sí y día también.

En 2016 graban un EP, Bifannah, que pronto les lleva a dar sus primeros conciertos y el que les obliga a considerar la incorporación de un nuevo componente: Pablo Valladares (teclados y arreglos de guitarra) es el elegido. Todo a punto para continuar. Ahora es momento de Maresia, una colección de diez temas e imágenes sacadas de entre las rocas brasileñas, el Atlántico ibérico, la Costa Oeste americana y el Ganges. Más allá de la tropicália brasileña y el garage europeo, el próximo sábado 7 de octubre presentan en Madrid (en la Wurlitzer Ballroom) y, días después, la nueva edición a la sevillana de Monkey Week les abre sus puertas.

Si quieres hacerlo bien, mientras lees a Guillermo, te recomendamos que Faz-me Mal suene de fondo. Verás qué bonito portugués te encuentras.

Vamos a los principios, ¿cuál es vuestra historia?

Comenzamos a preparar canciones y a ensayar a finales de 2015. Originalmente, éramos Antón a la batería, Antía al bajo y yo (Guille)… Nos unía una amistad de años, incluso de haber montado otros proyectos entre nosotros cinco años atrás. En ese momento Antía y yo vivíamos en Barcelona y Antón vivía en Londres (que sigue viviendo en Londres)… Somos todos de Vigo, aunque vivíamos separados.

Planteamos hacer un proyecto con calma, de hecho, nunca había afrontado hacerlo de una manera más pausada. Fuimos sin prisa y sin ninguna pretensión porque la distancia entre nosotros obligaba a eso, a que la cosa fuera al ritmo que marcaran nuestras posibilidades. Cuando comenzamos a componer canciones así, poco a poco, en nuestros ratos muertos y después de enviárselas a Antón, en un par de meses teníamos ya como seis canciones. Nos dijimos que cuando volviésemos en navidades a Vigo nos juntaríamos para grabar algo para ver qué pasaba. Así salió el primer EP. Habíamos grabado teclados y bajo y, a partir de ahí, comenzamos a ver la necesidad (para directos) de meter a Pablo (cuarto miembro que se unió en primavera del 2016). La formación original se queda una vez arrancado el primer EP.

¿Ahora también andáis con distancia de por medio?

Ahora estamos a tres bandas, ahora es mejor aún: Londres, Madrid y Galicia. Estamos entre tres puntos (risas).

“Nuestra música tiene mucha influencia de los 60 o 70, pero no hacemos música solo para puretas: al final, conseguimos que haya que gente que se termine interesando por música de otras décadas”

 

Decís que dentro de vuestros planes siempre está el de tocar todo lo posible, pero nada de hacer hits indies o sucedáneos. Tampoco os reconocéis como la «típica banda festivalera» (¿existen las que pasan de los grandes festivales?), cosa que sorprende si repasamos la escena: overbooking de bandas que pretenden lo contrario…

Nuestra situación es peculiar, lo sabemos, no como otras bandas, que igual lo tienen más fácil: con sus cinco miembros todos viviendo en Madrid las cosas son más sencillas, te dejas llevar de otra manera. A nosotros la distancia nos obliga a ser más organizados y a tener las cosas más claras. En este caso, intentamos que la visibilidad lleve un ritmo más o menos pautado, de ahí que digamos que siempre intentamos tocar, dentro de nuestras posibilidades, lo máximo posible.

Sí que es verdad que el tema festival… (silencio) Evidentemente, ahora hay un montón de festivales, este verano hemos estado presentando el disco en festivales por Galicia; pero claro, hay festivales y festivales: todo depende del tipo de festival. En nuestro país tenemos festivales pequeños, «más íntimos» -por decirlo de alguna forma- y luego festivales al uso, los que tenemos todos en mente: decibelios y escenarios enormes. Esto ya es un tema de opiniones. Nos gustamos más en escenarios más íntimos, pero tampoco nos cerramos…

Los directos van más allá de un género, de un estilo, o de la época a la que se remontan vuestros temas. ¿Cuál es vuestro sello y hacia quién va dirigido?

Hacemos música con influencias de los años 60 y 70. Aunque estamos en 2017 e intentamos hacer algo adaptado a la época. Existe gente a la que le mola la música de otras épocas, gente más «pureta» (risas), pero no es que el grupo sea solo para ese público… Creo que al final conseguimos que haya gente que se termine interesando más por estas décadas. Pero apostamos por la variedad, no nos cerramos sólo a lo que puede ser la tropicália brasileña o al garage europeo… Como recibimos influencias de varios puntos, tenemos canciones -al menos en este disco- que van de una corriente a otra.

Puede haber como cuatro o cinco corrientes, es un trabajo bastante inquieto; de hecho, es algo que nos agobiaba bastante al principio, a la hora de plantearlo decíamos: «hostia, igual nos estamos pasando de macedonia…». Pero fue lo que nos salió de forma natural, y eso ha hecho que también pueda la gente conectar con ello… porque es un disco que gusta. Hay gente que nos dice que le gustan más las canciones con más ritmo, más alegres… Otra gente prefiere los temas más oscuros, que son un poco más intensos. No sé, creo que ahí, en ese equilibrio, nos movemos, incluso seguimos trabajando un poco en esa línea: dar una de cal y otra de arena, que en principio creo que es un poco el objetivo. Nuestra intención que esa gente a la que llegue nuestra música, la escuche y la valore sin prejuicios.

Se os ve muy cómodos con el idioma. Los temas ganan bastante. Pregunta: ¿cómo surge la idea de cantar en portugués?  Las influencias que hay en Vigo tendrán algo que ver…

Siempre decimos que es un capricho casual y lo decimos porque es real, ¿sabes? Estuve cinco años en Oporto. Es una excusa también (risas). Nos gusta la sonoridad que tiene el portugués, controlamos grupos tanto brasileños como portugueses, y a raíz de esa decisión, que fue básicamente un probar y decir «anda, fíjate, si hacemos esto así, hacemos así las melodías y pronunciamos así, resulta que salen unas canciones que con los mismos acordes, mismo tempo y tal no tienen nada que ver con las que haríamos en inglés». O al menos esa era nuestra sensación. Decidimos tirar por ahí porque era viable y factible, no teníamos que volvernos locos con las traducciones (más o menos nos salía de manera natural).

Esto nos ha permitido un poco abrir la puerta a un montón de influencias que a lo mejor desconocíamos de primeras. Con la primera demo lo teníamos todo más cerrado y ahora lo vemos todo más amplio. Cada mes que pasa descubrimos música nueva de origen portugués, incluso intentamos buscarla (aunque estemos abiertos a recibir música del origen que sea). Sí que es verdad que al final para nosotros es muy divertido ese trabajo de «anda, hay un grupo de Angola que cantan en portugués y son del año 73 y ¡hostia, qué guay!». Este tipo de investigaciones provoca en nosotros que nunca nos sea aburrido. Lo que comienza como una excusa resulta que al final es la forma de guiarnos a la hora de buscar nuevas influencias y sonidos.

De momento nosotros no vamos a cambiar el tema del portugués. Pero, eso sí, siempre intentaremos que sea de forma natural, no vamos a hacerlo con un acento ni brasileño, ni africano… Intentamos hacerlo en portugués, con un acento más portugués del norte (risas). Es curioso, cuando llegamos a Barcelona a tocar la gente pensaba que tocábamos en gallego… La fusión tiene ese punto que nos hace gracia. Para nosotros es un punto de orgullo.

“Apostamos por la variedad, no nos cerramos sólo a lo que puede ser la tropicália brasileña o al garage europeo: como recibimos influencias de varios puntos, tenemos canciones que van de una corriente a otra”

 

Sin desmerecer 2017, paremos en 2016. Antes hacías referencia a este año, un año en el que nacieron cinco canciones y un año que os concedió un girita peninsular con la que visitasteis varias ciudades… El público gallego es la hostia, vale (risas). Pero, ¿qué tal el público que no es gallego?

Quizá una de las cosas que nos puso bastante las pilas fue que esos temas tuvieran tan buena acogida. No lo editamos en físico, fue todo digital, por tanto esa gran acogida nos sorprendió mucho más. Paramos en sitios bastante chulos y la acogida, de tocar en casa a tocar en Bilbao, en Lisboa o en Madrid cambia bastante. Es interesante cómo se vive la música en Lisboa, donde sí que tocas fuera (porque está fuera) pero te sientes como en casa… Al público le intrigaba mucho la idea de que tocásemos en portugués.

En Madrid la cosa fue brutal. El bolo en Barcelona estaba lleno de gente de fuera y, ya te digo, había gente que no sabía si cantábamos en portugués o en gallego, incluso sentíamos que les daba igual (risas). La verdad es que esa serie de conciertos nos dio bastante impulso para afrontar luego el disco. Si con un EP de cinco canciones se podía hacer eso, carburar los directos, viajar… 2016 fue un año clave para nosotros, comenzamos a encarar el disco y a tomarnos las cosas con muchas más ganas.

Un año después llega Maresia. ¿En qué momento os encontráis como banda? ¿Qué ha supuesto para vosotros crear un disco?

Las cosas van de maravilla, intentando arrancar. El disco salió en junio y, la verdad, es que conseguimos cerrar muchos bolos por Galicia (festivales), lo que nos hizo comenzar el verano con buen pie (risas). Nos hemos movido por festivales más grandes o más pequeños y encima en casa. Para nosotros era más cómodo estar cerca de casa, nos montamos como unas vacaciones. Estar cerca los unos de los otros y todos en casa nos sirvió justo para arrancar y comenzar a probar cómo funcionan las canciones del disco llevadas al directo. Intentamos en algunos conciertos (por tiempo y economía) llevar a un quinto miembro para que se encargara de las percusiones.

Comenzamos a componer el disco a distancia allá por otoño del año pasado, aunque teníamos canciones hechas de antes. Nos mandábamos lo que íbamos teniendo y así salieron las primeras demos. Luego lo grabamos en febrero en Galicia y se mezcló en Holanda. Hemos intentado que los coros sean naturales, sacarlo todo en primeras tomas, en eso sí que se nos nota que hemos trabajado como se hacía antiguamente.

La diferencia mayor que puede haber con nuestro anterior trabajo que en este hemos metido percusiones (algunos instrumentos brasileños y demás cosas, hasta hacernos con unas congas gigantes para ir probando ritmos). Todo este proceso fue caro, nos llevó alrededor de cinco días la grabación y el proceso total sumó un mes. Ha sido bastante intenso, pero no ha sido hasta que hemos tenido el vinilo y lo hemos visto, lo hemos escuchado y lo hemos tocado cuando hemos dicho: «vale, estamos aquí, ahora vamos a darle caña». Estamos valorando todo lo que hemos vivido para encarar los bolos que podamos tener en otoño y en invierno y poder ofrecer un show que sea divertido, primero, para nosotros y para que la gente que venga a vernos también pueda disfrutar.

“La fusión con lo portugués tiene un punto que nos hace gracia pero también de orgullo”

 

Otoño. Esto que nos cuentas lo podremos comprobar los afortunados que estemos en Sevilla durante la nueva edición de Monkey Week.

Tenemos muchas ganas de bajar a Sevilla, además nunca he estado allí (risas), o sea que voy a cogerlo con el doble de ganas. Va a estar muy bien, el cartel es brutal, sólo por la calidad y la variedad de la bandas ya merece la pena ir… Todo el mundo que ha estado me ha hablado maravillas del festival, sobre todo porque seguro que pasan muchas cosas buenas. Queremos ir a tope y exprimir todo lo que podamos los días. La idea de que haya showcases y conciertos más largos también nos mola. Ya que vamos, intentaremos no sólo ir de turismo, sino también a intentar sacar todo lo que podamos de la experiencia. Además, hay bandas amigas que también estarán por allí. Nos va a parecer chulo vernos en un sitio con más sol.

Bifannah