18 diciembre, 2018. Por

Beckmann. Figuras del exilio

El ‘bolchevique cultural’ que huyó del expresionismo y se adelantó a la Nueva Objetividad
Beckmann. Figuras del exilio

Formó parte de la gran lista que los de Hitler denominaron “artistas degenerados”, donde se encontraron básicamente todos los movimientos de arte moderno, entre ellos expresionistas abstraccionistas. Decidió entonces no contradecirlos e inició una nueva vida en Ámsterdam y más tarde en Estados Unidos. Se trata de Max Beckmann, el “bolchevique cultural” que siempre huyó del término expresionismo y defendía una pintura exterior frente a la pintura interior propia de este movimiento. De hecho, para él Cezanne era el más grande y le apasionaba todo lo que oliera a impresionismo francés. Su participación en la I Guerra Mundial como enfermero le hizo sufrir una aguda depresión nerviosa que cambió su mentalidad artística e hizo su estilo mucho más oscuro y dramático.

«Este ‘bolchevique cultural’ siempre huyó del término expresionismo y defendía una pintura exterior frente a la pintura interior propia de este movimiento»

Ahora, el Museo Thyssen-Bornemisza, que por el momento parece que ha dado una tregua a Sorolla, presenta hasta el 27 de enero esta interesante exposición que reúne más de medio centenar de obras, entre pinturas, litografías y esculturas, siguiendo un recorrido temático con el que presentar la obra de Beckmann en dos partes: la primera, más pequeña, cubre la etapa vivida en Alemania desde los años anteriores a la Primera Guerra Mundial, cuando comienza a ser reconocido públicamente, hasta el ascenso del fascismo en la década de 1930, cuando es expulsado de la escuela de arte de Frankfurt en la que daba clases y se le impide exponer sus obras en público.

La segunda, más extensa, aborda los años de Ámsterdam y Estados Unidos, donde se instaló tras verse obligado a abandonar Alemania, y está estructurada en torno a cuatro metáforas relacionadas con el exilio, entendido no solo de un modo literal, sino también como una condición existencial del hombre moderno.

La evolución de su vida, marcada por los fuertes acontecimientos, se plasma claramente en el estado de ánimo de sus lienzos, que se mueven entre el optimismo y el pesimismo; el orden y el caos. Estos rasgos –su estilo caricaturesco, las expresiones desconcertantes, una atmósfera tensa, personajes misteriosos y ansiedad en el ambiente-, podrían considerarse abiertamente expresionistas, y en cierto modo lo son, pero Beckmann se adelanta a la Nueva Objetividad, movimiento que lo venerará como un precursor.

Después de todo, su arte es crudo, provocativo y muy satírico. Un arte áspero de figuras caricaturescas. Se establece así una interesante paradoja en su modo de pintar: pinta y parafrasea lo que ve, o sea, lo que le llega desde fuera, pero siempre convirtiendo el ruido exterior en profunda y angustiosa soledad. Dicho de otro modo: es admirable como una manifestación humana como la pintura, algo externo, algo que se ve, que tiene textura y pertenece al mundo de lo sensible, puede conducirnos hacia esa sensación universal de desamparo y subjetividad.

«Puertas, espejos, escaleras, estructuras reticulares y jaulas se convierten en recurso compositivo que, a su vez, se carga de valor simbólico en un relato de violencia y exilio, que es, también, el relato de la primera mitad del siglo XX»

El propio artista aseguraba buscar “el puente que lleva de lo visible a lo invisible”, es decir, hacer visible lo invisible mediante la realidad. Eso puede parecer una paradoja, pero al fin y al cabo es la realidad es la que forma el misterio esencial del ser. Así, estudió la esencia del mundo físico, en lugar quedarse en la mera imitación. Influenciado por MunchCézanne o Van Gogh, la mayor parte de sus pinturas, además de los retratos, representan escenas de la vida cotidiana, en las que a menudo nos muestra grotescos cuerpos mutilados con el fin de criticar al gobierno alemán de la década del 20 al 30, así como evocar sus traumáticas experiencias en la Primera Guerra Mundial. Puertas, espejos, escaleras, estructuras reticulares y jaulas se convierten en recurso compositivo que, a su vez, se carga de valor simbólico en un relato de violencia y exilio, que es, también, el relato de la primera mitad del siglo XX.

Beckmann. Figuras del exilio