18 octubre, 2017. Por

Beck

El Dr. Jekyll y Mr. Hyde multiplicado del pop universal ha vuelto
Beck

¿Cuán sencillas son las canciones aparentemente sencillas? ¿Cuán menos profundas son las canciones que se pueden bailar? ¿Hasta qué punto un artista tiene que ceñirse al guion exitista que delimita una fórmula infalible? ¿Cuántos Beck(s) caben en Beck?

A los millennials que se hayan subido al carro de Beck tras el éxito del reposado, reflexivo y profundo Morning Phase, que incluso le comió la tostada a Beyoncé en los Grammys ante la atónita y descompuesta (pero silenciosa: no había nada que objetar) mirada de un Kanye West que, de todos modos, no perdió ocasión de humillar in situ a Taylor Swift; quizá os llevéis una sorpresa: Beck no siempre es el mismo, pero todo el tiempo es Beck.

“Beck no siempre es el mismo, pero todo el tiempo es Beck: si hay un artista capaz de llevar al extremo la filosofía de Dr. Jekyll y Mr. Hyde, ese es él, con tantas personalidades como capacidad de cintura”

Si hay un artista capaz de llevar al extremo la filosofía de Dr. Jekyll y Mr. Hyde, ese es el músico californiano, que tiene tantas personalidades como capacidad de cintura para bascular sobre sí mismo y presentar un movimiento nuevo desde un planeta en apariencia radicalmente opuesto, pero hermanado con absolutamente todo lo que hace: posiblemente, Beck sea el compositor más versátil, impredecible y menos encasillado del olimpo pop de los últimos veinte (y pico) años. Y es que en ese juego de “una de cal, una de arena, una de harina, una de trigo, una de quinoa” tiene matrícula de honor, y así vuelve a quedar claro en Colors, un álbum que hace mucho caso a su título, y pone sobre la mesa una gama policromática de canciones ultramelódicas de un pop colorido, a tientas entre el power pop, la psicodelia controlada y el hit para radiofórmulas indie.

No es raro que en este cancionero escuchemos, sí, algunos de sus mejores hits en años, esos que recuerdan la época del Odelay o el Midnite Vultures, canciones que bien podrían sonar en lugar de los hits de Justin Timberlake (Up All Night) o que bien debería tener a Kevin Parker de Tame Impala y a Wayne Coyne de Flaming Lips tomando apuntes acerca de cómo construir un hit universal tan psicodélico como indietrónico groove-pop (Dreams: una canción que cumple ahora dos años, y que de alguna manera comenzó a reiniciar –pronto- el discurso de un Morning Phase que apenas había publicado un año antes)… pero es que caben demasiados Beck(s) en la versión más libre, luminosa y feliz de Beck, aunque todos ellos tengan un mismo objetivo: edificar un nuevo cancionero de pop, sea ahora (en Colors) desde el salto y el estribillo y no desde la tumbona y el pijama (Morning Phase).

“Todos los Beck tienen un mismo objetivo: edificar un nuevo cancionero de pop, sea ahora (en Colors) desde el salto y el estribillo y no desde la tumbona y el pijama (Morning Phase)”

Desde cadencias del groove de las músicas negras para edificar un simposio de riffs y estribillos poderosos para una nueva espiritualidad (Seventh Heaven); consiga construir un hit como una casa haciendo guiños tanto al funk-pop de Scissor Sisters como a los puentes del pop de Natalie Imbruglia o la instrumentación de la música andina (Colors); se anime a componer la mejor canción de Weezer que Rivers Cuomo es incapaz de escribir desde hace año (I’m So Free); coquetea con el falso reggae de The Police y Bruno Mars en su corte más circular (No Distraction); le pida prestadas las teclas a The Dresden Dolls para inventar un falso circo con aires a los Beatles del White Album (Dear Life o Square One); se permite licencias de folktrónica urban, entre Nicola Cruz y Missy Elliott en una especie de Loser ‘underground’ (Wow); y hasta reconstruye el sonido de The Killers sin que Brandon Flowers le pague por ello (Fix Me). De nada a todos.

Beck