31 mayo, 2018. Por

Basada en hechos reales

El nuevo thriller psicológico de Polanski baja su nivel, pero lo mantiene como un excelente narrador
Basada en hechos reales

Basada en hechos reales adapta el muy recomendable best-seller de la escritora francesa Delphine de Vigan del mismo título, en el que jugaba hábilmente con las convenciones de la literatura autobiográfica. De Vigan había conseguido un enorme éxito con su segunda novela, Nada se opone a la noche, en la que nos conducía el lado más oscuro de su vida, en especial su relación con su madre, una mujer que había padecido un grave trastorno psiquiátrico. El libro y la película nos sitúa en el “después”, tras ese éxito rotundo.

La escritora (Emmanuelle Seigner), convertida en una celebridad intelectual, vive una confortable existencia burguesa en el centro de Paris, tiene como pareja un conocida figura de la televisión gala (Vincent Pérez), unos hijos que han abandonado el hogar familiar para ir a la universidad, la fortuna le sonríe, cientos de miles de lectores aguardan su siguiente obra. ¿Qué hará ahora? ¿Continuar explorando su doloroso pasado? ¿Regresará a la ficción, aún a riesgo de decepcionar a sus seguidores? Acuciada por las dudas, sufre el mal más temido por todos los escritores: el bloqueo, la incapacidad de reunir la suficiente convicción y energía para emprender el siguiente proyecto.

“No es una de sus mejores películas pero continúa siendo un excelente narrador cinematográfico que nos relata con fluidez un lento proceso de amistad/seducción entre dos mujeres con unas consecuencias más que dramáticas. Si hay que poner algún reparo a la película hay que referirse, y es inevitable, a la propia personalidad de Polanski”

Justo entonces, aparentemente por azar, en una fiesta, conoce a una mujer cuyo nombre nunca sabremos, con el bellísimo rostro de una tremenda Eva Green, una actriz especialmente capacitada para interpretar personajes complejos y malévolos. Una mujer con gustos literarios y artísticos refinados, de su misma clase social, inteligente, atractiva, generosa con su tiempo y, sobre todo, empeñada en hacerse su amiga. Paulatinamente, se hace imprescindible para la escritora. Siempre está allí, a su disposición, para solucionar sus problemas, para escuchar sus cuitas, para aconsejarla y animarla.

El espectador no tarda demasiado en sospechar que hay algo inquietante en la amiga de Delphine, que se interesa demasiado por sus asuntos privados, que pretende manipularla y aislarla de sus seres queridos, pero, ¿con qué fin? Para nada bueno, como no tardaremos en descubrir en este angustioso thriller psicológico que habría merecido la aprobación de Patricia Highsmith o Alfred Hitchcock.

Y llegamos al director, el ya octogenario Roman Polanski. Basada en hechos reales no es una de sus mejores películas, incluso está a un nivel un poco inferior que las recientes y estupendas La Venus de las pieles, El escritor y Un Dios salvaje, pero continúa siendo un excelente narrador cinematográfico que nos relata con fluidez un lento proceso de amistad/seducción entre dos mujeres con unas consecuencias más que dramáticas. Si hay que poner algún reparo a la película hay que referirse, y es inevitable, a su propia personalidad.

“Es indiscutible que algunos espectadores y espectadoras, por rechazo a su persona, no querrán acercarse al cine para ver su última película. Es indiscutible también que, en términos estrictamente cinematográficos, ver la última película de Polanski casi siempre merece la pena”

Se trata sin duda de un personaje controvertido: superviviente en condiciones casi milagrosas del Holocausto –casi toda su familia pereció en los campos de exterminio nazi-, hecho al que dedicó su última obra maestra, El pianista (2002); director de algunas de las películas más turbias y tenebrosas de la historia del cine tanto durante la etapa europea como en la norteamericana de su carrera –como las maravillosas El cuchillo en el agua (1962), Repulsión (1965), El baile de los vampiros (1967), La semilla del diablo (1968), Chinatown (1974), El quimérico inquilino (1975) o Tess (1979)-; su existencia está marcada por un crimen que pasó a la historia: el asesinato de su esposa, la actriz y modelo Sharon Tate, embarazada de ocho meses, por varios miembros de la Familia Manson en 1969. Algún tiempo más tarde, en 1975, Polanski, que a pesar de sus reveses personales y de haber caído en una espiral de drogas y alcohol, había conseguido su mayor éxito comercial con Chinatown, un magnífico homenaje y revisión del cine negro clásico, huyó de Estados Unidos, tras ser acusado de haber violado a una niña de trece años (y no es la única acusación de abusos a mujeres que ha recibido).

Es obvio que la personalidad/biografía de Polanski es, como mínimo, perturbadora; también que es el creador de películas geniales, de auténticas obras de arte, en las que resulta difícil no hallar un reflejo de los aspectos más oscuros de su existencia. Incluso en una película menor, como Basada en hechos reales, se aprecia su toque de maestro para las historias de intriga y tensión. Es indiscutible que algunos espectadores y espectadoras, por rechazo a su persona, no querrán acercarse al cine para ver su última película. Es indiscutible también que, en términos estrictamente cinematográficos, ver la última película de Polanski casi siempre merece la pena.

Basada en hechos reales