27 junio, 2017. Por

Bañistas

Found footage en bañador: entre el apropiacionismo y el voyeurismo
Bañistas

«Gozoso baño al aire libre y patético idilio reformista», ironizó Carl Einstein con lengua viperina en su volumen sobre historia del arte Die Kunst des 20 Jahhunderts sobre los legendarios veranos de Die Brücke, entregados al trabajo libre y frenético con modelos desnudas en plena naturaleza. Fueron sobre todo las estancias colectivas junto a los lagos de Montzburg a las afueras de Dresde las que marcaron la fama del grupo de artistas y el estilo de su expresionismo. Los amigos Kichner y Heckel evocaban tanto la antigua utopía de la unidad del hombre y la naturaleza como su propio programa de expresión inmediata y auténticas e inventaron la imagen liberada del hombre nuevo en el paraíso terrenal. En el cubismo de Cezanne, en el impresionismo de Monet y Renoir, el puntillismo de Seurat, o el cloisonnisme de Emile Bernard, la temática de los, o mejor dicho, las bañistas es una constante en la pintura.

Bañistas. Fotografías encontradas. 1880-1963 es una exposición en el CGAC que podrá visitarse hasta el mes de octubre y que presenta un amplio conjunto de fotografías anónimas de jóvenes en traje de baño, retratados en contacto con la naturaleza: chicos en playas y piscinas o en el campo en ríos, lagos y lagunas recreando esa iconografía de bañistas que tuvo lugar a lo largo de toda la historia del arte, pero circunscritas en un contexto histórico diferente.

De la sociedad pictórica decimonónica que retrata Gauguin o Degás se va evolucionando a una nueva clase media que se va de vacaciones en coche con su cámara de fotos portátil. Y son estas fotos sacadas por gente anónima las auténticas obras de arte de esta muestra. Fotos cotidianas, fotos encontradas, apropiadas, y enmarcadas dentro de la fotografía encontrada, un concepto que se está desarrollando a nivel internacional pero todavía en pañales en nuestro país.

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En un presente en el que el flujo de imágenes se ha convertido en un bombardeo atroz, cuando ya todo ha sido mostrado, tiene sentido y es un acto necesario el repensar y reutilizar las imágenes ya existentes como un ensayo visual de fotografía anónima. Tiene algo de voyeurismo, por supuesto, y algo espectral, pero también la magia de esos momentos que dotan de algo especial a la imagen, como un signo de exclamación, lo que Barthes llamaba el punctum.

También decía que la fotografía tiene algo que ver con la resurrección y a través de esta exposición nos damos cuenta de que es cierto; estos jóvenes bañistas, dichosos, resucitan siempre, cada segundo, reviviendo una centésima de segundo que se repite eternamente. La fotografía es también en este caso concreto un ejercicio de felicidad: domingos de verano y de alegres baños en lagos y ríos captados por cámaras ociosas.

En el arte contemporáneo encontramos una serie de obras que bajo el término «apropiacionismo» cuestionan la autoría del objeto artístico y el papel de mero espectador que se otorga al receptor de la obra. Los apropiacionistas generan su obra a partir de materiales ya existentes, recontextualizando y proporcionando un nuevo significado a estos objetos, en este caso fotografías.

De este modo, y bajo las directrices de un comisario que en esta muestra hace las veces de coleccionista, creador, investigador y exhumador de un material fotográfico democrático, anónimo, corriente y abandonado como son las fotografías encontradas, estas imágenes se convierten en producción artística, en un proyecto expositivo y editorial potente. Las fotos de un viejo baúl se pasan a ser extraordinarias por el sentido y significado que quien las encuentra les otorga. Bañistas se convierte así en un poderoso aparato cultural.

En palabras de Walter Benjamin: «En nuestro tiempo la única obra realmente dotada de sentido, de sentido crítico, debería ser un collage de citas, fragmentos, ecos de otras obras». Prueba superada.

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