16 noviembre, 2018. Por

La balada de Buster Scruggs

Los Coen vuelven al western, y eso es una excelente noticia
La balada de Buster Scruggs

Los antecedentes no pueden ser mejores: tanto en su versión más ortodoxa, con su brillante remake del clásico Valor de Ley, como en la actualización del género, en su maravillosa y brutal No es país para viejos. La balada de Buster Scruggs se anunció inicialmente como una miniserie con historias independientes para Netflix; sus creadores han decidido, no obstante, condensarla en una única película, y quizás sea una lástima, porque el resultado es lo suficientemente estimulante para dejarnos con ganas de más. De mucho más. Los personajes del Viejo Oeste –pistoleros, rufianes, pioneros- viven unas existencia lo bastante azarosas y violentas para que los Coen encarnen sus temas de siempre: la futilidad del destino, el absurdo tragicómico de la existencia humana, la inevitable muerte.

“Probablemente no merezca estar en ningún top de los mejor de los Coen, pero es una película/serie entretenidísima y en la que hay, al menos, un par de historias que cualquier aficionado al cine recordará durante largo tiempo”

El Buster del título (con el rostro de Tim Blake Nelson) es el protagonista absoluto del primer segmento. Vestido de blanco, jovial y alegre, bajo su superficie un tanto ridícula de trovador itinerante, hay un asesino despiadado, casi al nivel de Anton Chigurh interpretado por Javier Bardem en No es país para viejos. Su historia –una especie de vodevil ultraviolento e histriónico- es la más simple y en su sentido más grotesco,  divertida del pack.

A continuación, tenemos otro cuento lleno de humor negro con James Franco, como un ladrón de bancos intentando liberarse, de forma literal, de la horca, en lo que es, básicamente, un chiste –uno gracioso- alargado. El tono es más tenebroso cuando le llega el turno a Liam Neeson, como un pequeño empresario de variedades que viaja de pueblo en pueblo con una atracción de lo más inusual, y cuya naturaleza exacta conviene no desvelar: una perfecta y nocturna miniatura gótica con un final más que impactante.

Después llega Tom Waits en otra pequeño relato moral sobre la fiebre del oro, alguien cuya soledad ejemplar y virtuosa  se rompe por efecto de la codicia con funestos resultados. La quinta, y penúltima, historia es, sin duda, la mejor del conjunto, y nos presenta a una caravana con destino a Oregón, acechada por indios hostiles, que se adentra en el territorio salvaje.

En ella encontramos a una magnífica Zoe Kazan, interpretando a una mujer que ha pasado por mucho, que cree que ha hallado una posibilidad de hallar el amor y reconstruir su vida, pero a la que aún le queda pasar por la prueba más difícil. Aquí los Coen demuestran que, además de hacernos reír o horrorizarnos, saben cómo conmovernos. Y para acabar, los hermanos tocan otra situación típica del western, el viaje en diligencia –y los equívocos y conflictos que pueden darse con unos pasajeros de los más peculiares, y unos conductores un tanto inquietantes.

“Los Coen demuestran que, además de hacernos reír o horrorizarnos, saben cómo conmovernos”

En conjunto, La balada de Buster Scruggs, probablemente, no merece estar en ningún top de los mejor de los Coen; sobre todo, porque estos han rodado ya al menos media docena de obras maestras del cine contemporáneo –Sangre fácil, Muerte entre las flores, Fargo, El gran Lebowski, No es país para viejos, Un tipo serio…-, pero es una película/serie entretenidísima y en la que hay, al menos, un par de historias que cualquier aficionado al cine recordará durante largo tiempo.

La balada de Buster Scruggs