17 abril, 2017. Por

Francis Bacon. La cuestión del dibujo

Esos dibujos de los que usted me habla
Francis Bacon. La cuestión del dibujo

Hasta su fallecimiento en 1992, se pensaba que Francis Bacon no dibujaba. Sería esta una extraña afirmación si no fuera porque el propio Bacon también corroboraba que él no dibujaba. En una larga entrevista con el crítico de arte David Sylvester lo dijo una vez más: “No dibujo”. Y lo cierto es que Bacon tan sólo mostró en vida un puñado de papeles. La cuestión del dibujo, que se puede visitar hasta el 21 de mayo en el Círculo de Bellas Artes, desmiente esta versión de los hechos. Comisariada por Fernando Castro Flórez, muestra una selección de dibujos, pasteles y collages que su amigo Cristiano Lovatelli Ravarino recibió como regalo del propio Bacon entre 1977 y 1992. Una espléndida colección de unos seiscientos dibujos de la que aquí se recoge una parte importante, es una excelente prueba de que Bacon sí dibujaba y de un modo muy interesante.

Se ha considerado que no se trata de meros bocetos sino de obras de arte con entidad propia, aunque lo cierto es que ambas cosas no son excluyentes. A pesar de que la autenticidad de los dibujos ha sido una cuestión controvertida, los bosquejos de esta exposición, de gran calidad y ejecución técnica, pertenecen a la última época de la actividad artística de Bacon. Son dibujos elaborados con agilidad y precisión, y un reflejo casi automático de su trabajo que nos lleva al origen de los temas recurrentes de Bacon. Se puede también ver en ellos la influencia de sus primeras pinturas: nerviosas líneas que salen de algo más que de la mano, las deformaciones, las características composiciones y la asfixiante atmósfera de las obras. La exposición recoge así, una serie de dibujos, pasteles y collages en torno a cuatro tipologías diferentes que dependen directamente de sus intereses: papas, crucifixiones, retratos y figuras sentadas. Su pintura tiene mucho de visceral y secreta y estos dibujos son sus cicatrices. Y en ellos dispensa una cierta mirada lúdica, casi un sarcasmo, sobre todo en las aberrantes crucifixiones de hombres gordos y desnudos.

En estos papeles se puede intuir el trazo violento de la pintura de Bacon, su desaliento y su voracidad. “La pintura que me excita destraba todo tipo de válvulas de sensación en mí, las que me devuelven a la vida salvajemente”, dijo el pintor en 1975. Entonces solo conocíamos su pintura. Y si dibujaba lo hacía casi clandestinamente. ¿Por qué Bacon no quería reconocer que dibujaba? Es la pregunta que nos viene a la mente. Puede que no sea tan difícil de explicar. Por ejemplo, que no quisiese comerciar con esas obras. O que prefiriese conservar la leyenda del artista que pintaba directamente sobre la tela. En cualquier caso, ante sus bocetos es francamente difícil dejar de pensar que la mano de Bacon los impregna totalmente. Para Bacon no haber asistido nunca a una escuela de arte era un motivo de orgullo. Con ayuda de un pintor, Roy de Maistre, aprendió a pintar y resultó tener un gran talento para ello, pero jamás consiguió aprender a dibujar, o al menos así era como él lo veía. A lo mejor nunca se sintió a la altura y por eso lo ocultaba.

Sin embargo su frase “acaso algún día logre capturar un instante en toda su violencia y toda su belleza” se materializa durante la creación de más de cincuenta obras de dicadas a un solo tema: el retrato de Inocencio X. Esto nos puede llevar fácilmente a pensar que es bastante indudable que tuvo que ejercer una fuerte dedicación al dibujo, porque el legado que deja es espectacular. No solo por ser muy profuso, sino por lo coherente con la parte de su obra que sí conocemos a fondo. Lo que sí es evidente y se desprende de estos dibujos, es aquello que ya Deleuze advirtió en sus figuras y es que representan con acierto feroz al hombre del siglo XX: lo monstruoso, la carne masacrada, el retrato caníbal… nos hace percibir, también en sus bocetos, toda la precisión del terror, del dolor o del asco, el inevitable y placentero olor a sangre que se siente al mirar sus cuadros.

Francis Bacon. La cuestión del dibujo