10 octubre, 2017. Por

Autoplacer

Hablamos con el colectivo que, habitando un museo, edificó el mejor festival de Madrid
Autoplacer

Empezaron pinchando las caras b de la canción protesta más radical de la Generación MySpace, y en pocos años articularon el mejor discurso festivalero del underground. Sindicalistas dieron a luz Autoplacer hace ocho años, una cita que comenzó siendo un microfestival asociado a las Picnic Sessions y que consiguieron una independencia pactada con el Centro de Arte 2 de Mayo, con un autogobierno combinado con el espacio mostoleño que los ha hecho crecer hasta límites insospechados.

Este año, el próximo sábado 21 de octubre Móstoles volverá a ser la nueva Malasaña, al menos durante ese día, celebrando la octava edición de un festival tan singular como absolutamente libre: directos de bandas emergentes de colores sonoros distintos; hermandad de colectivos culturales y proyectos sociales; gente del extrarradio madrileño conviviendo con la fauna más extravagante de los barrios más cool de la capital.

Nosotros subimos a tomarnos un agua y compartir unos Doritos con Roberto, Manu, Jose y Adolfo en la casa de uno de ellos para que nos cuente cómo nació todo, cómo consiguieron su estatus actual, cuál consideran que es su labor en el circuito y qué planes de futuro tienen.

“Seguimos siendo “sindicalistas musicales”, dando espacio a grupos de abajo”

 

Recuerdo que empezasteis como Sindicalistas, pinchando en fiestas y organizando algún sarao. Pero Autoplacer llega después. No sé si la vocación siempre de Sindicalistas como colectivo era la de convertirse en una especie de plataforma de eventos como Autoplacer o si os encontrasteis con esto sobre la marcha.

Jose: Viéndolo con perspectiva quizás es un poco confuso, no sé bien cuál fue el paso. Autoplacer nació después de darnos cuenta que estábamos escuchando mucha música española que no tenía espacio ni en sellos ni en medios ni en ningún sitio: Manu nos mostraba grupos y canciones y nos parecían hits, todo muy pinchable y nos parecían artistas muy ilusionantes. Ahí es como empezamos a hacer sesiones de música maquetera, o con un alto porcentaje de grupos maqueteros. Así es como nacimos como Sindicalistas: haciendo sesiones en garitos como La Vía Láctea, con la idea de potenciar la música nacional emergente.

A partir de unas Picnic Sessions, que en ese momento las llevaban José Salas y José Villalobos, surgió la oportunidad de hacer algo un día de las picnic. Ahí salió la idea de hacer un microfestival, pero que no sólo fuera programar grupos, sino que tuviese la parafernalia de los juegos que hay en un festival, y de alguna manera intervinimos gran parte del espacio del Centro de Arte 2 de Mayo con la idea de romper con el formato de festival habitual, y que fuese algo divertido. Los festivales nos parecían una condena: los baños, la comida, todo. Queríamos hacer un festival en el que a la gente le apetezca estar no sólo por la música, sino por lo que te daba todo el espacio.

¿Tuvisteis algún referente de festival nacional o internacional? Quizá lo más parecido en España, por hacerse en museos, pueden ser el LEV o el Sónar, pero ni siquiera son propuestas que se puedan comparar en discurso a Autoplacer.

Jose: La verdad es que no. Esta idea de “juego» no la habíamos visto en ningún lado, es una cosa nuestra, creemos. También, compararnos con festivales de la estructura de Sónar o LEV lo vemos muy distante, son propuestas diferentes.

Roberto: Una cosa que hay que tener en cuenta es que las Picnic Sessions sucedían un jueves de verano por la tarde, y nosotros teníamos un montón de grupos que queríamos que tocasen y fue muy difícil meterlos todos en un espacio de tres o cuatro horas. Ahí es donde nació el concepto de microfestival. Pero con el tiempo hemos crecido: pasamos de ser un microfestival a un festival mediano. Pero en su inicio nos gustaba jugar con muchas cosas: meter tiendas de campaña pequeñitas (por eso de “micro”festival); hacer desfiles de moda; una carpa dance que era literalmente eso: una lona donde había un MP3 con sesiones de DJs…

Jose: Cuando nos “independizamos” de las Picnic Sessions comenzaron a aparecer las dudas de si debíamos seguir siendo siempre pequeños. Siempre estamos con ese debate de crecimiento o no: si Autoplacer tiene que ser pequeño por defecto o no.

“Una de las formas de disfrutar de tu ciudad, de “hacer ciudad” como manera de “hacer política” es promoviendo festivales como éste: gratuitos, abiertos a todo el mundo y con precios populares”

 


Lleváis varios años llenando el CA2M y dejando gente fuera; con lo difícil que es mover a gente del perfil de vuestro público del centro de Madrid a una localidad como Móstoles. ¿En algún momento os planteasteis redimensionarlo, o tener más días o más espacios?

Jose: Sí que existe ese debate interno, y de alguna manera está sin resolver. De todos modos, sí que sentimos que Autoplacer tiene que ser así, y que si es algo más grande tiene que ser otra cosa: habría que dejar de llevar tantos grupos emergentes y buscar más cabezas de cartel mediáticos. Pero eso sería otro festival. Crecer más sería acercarse a otro concepto.

¿Iros del CA2M sería perder cierta parte del ADN o de la esencia del festival?

Manu: Sí, completamente. Si crecemos ya no es Autoplacer.

Roberto: Autoplacer es un proyecto que está muy vinculado al CA2M: hemos crecido con ellos, han confiado en la iniciativa desde el principio, y gracias a ellos es por lo que ha crecido tanto el festival: nosotros no teníamos ni la infraestructura ni los recursos como para hacerlo tan grande como está siendo estas últimas ediciones. Por eso en el flyer ponemos eso de “Autoplacer y el CA2M presentan…”: lo hemos querido mantener porque hay una hermandad y una simbiosis total con el centro.

Jose: Es de aplaudir que una institución haya contado y confiado tanto en gente que no trabajábamos para instituciones, sino que estábamos haciendo cosas en los bares, en otro circuito completamente.


¿Tiene más valor el elemento gentrificador (eso de sacar a la gente del centro de Madrid hasta Móstoles) o la programación artística?

Adolfo: A mí es que no me parece gentrificador, en realidad. Más bien al revés: no es como querer hipsterizar Móstoles, sino ayudar a que la gente salga de la Gran Vía, que deje de ir a los sitios que está a cinco minutos de su casa.

Claro, pero asumiréis que no es común que la gente que vive, sale y va conciertos prácticamente sólo por Malasaña y el centro se movilice un sábado entero para ir a Móstoles…

Adolfo: Sí, es verdad. Sabemos que es raro. A mí una de las cosas que más me gusta es que sea en Móstoles, en realidad.

Roberto: Es verdad que mucho público es de Malasaña, pero afortunadamente también cada vez hay más gente de Móstoles, de Alcalá, de Fuenlabrada…

Adolfo: De hecho, desde hace unos años hay unas cuantas abuelillas que van por la mañana a ver lo que hay. Les llama la atención ver que, de alguna manera, cambia su hábitat un día y les interesa ver qué llevamos a su barrio. Hay veces que les gusta más y otras que les gusta menos.

Manu: Es un público muy diferente al habitual que se ve en otros festivales e incluso en el circuito de conciertos en salas de la capital.

Jose: El propio CA2M siempre ha tenido mucha inquietud por conectar siempre con el barrio. Y a nosotros a la hora de programar nos interesa mucho fijarnos en eso: en llevar cosas allí que nunca han tocado en municipios del sur de Madrid. A su vez, desde el principio siempre quisimos contar con muchos colectivos amigos, y eso ayuda a que cada colectivo lleve su público, y se cree como una mezcla de gentes. Este año nos ha escrito mucha gente por su propia cuenta queriendo participar, y eso es muy guay, nos motiva mucho.

“La intención no es hipsterizar Móstoles, sino ayudar a que la gente salga de la Gran Vía, que deje de ir a los sitios que está a cinco minutos de su casa”

 

Es verdad que podría haber habido incluso cierta competencia entre algunos colectivos que, por el contrario, acabáis integrando en el festival. ¿Os consideráis una centralita (al menos durante un día al año) de cierta manera de pensar la promoción cultural en Madrid?

Jose: Con ese matiz de “una vez al año” puede que sí.

Roberto: Es verdad lo que dices. Sisterhood vinieron, La Fonoteca han participado varias veces, Valle Eléctrico también… incluso en los concursos de maquetas hemos metido a promotores como jurados. A nosotros nos interesa que ganen los grupos y que no haya una sensación de amiguismo en la que nosotros decidimos todo. Tenemos esa responsabilidad de estar en un sitio público, también, y nos interesa que haya unidad y transparencia a la hora de elegir a las bandas que acaban tocando.

Móstoles tiene ese componente obrero, popular, que puede conectar incluso con vuestro origen: con Sindicalistas empezasteis haciendo sesiones de canción protesta minimalista… Ya el propio nombre de Sindicalistas comunica política.

Roberto: Es verdad, todo empezó así…

¿Se sigue manteniendo ese discurso político de “los de abajo” a la hora de armar la programación?

Jose: Sí se mantiene, porque seguimos siendo “sindicalistas musicales”, promoviendo grupos de abajo, pero bien de abajo.

Manu: Además siempre intentamos cuidar a los grupos incluso más que a nosotros mismos.

Cobran más que vosotros.

Todos: Sí, sí, desde luego.

Manu: Además nosotros solemos adaptarnos más a ellos que ellos a nosotros. Hacemos el festival para ellos, y queremos darles facilidades para que toquen.

Adolfo: Siempre hemos intentado meter algún proyecto invitado de Móstoles, no sólo grupos, sino también agentes sociales y/o culturales, gente que hace cosas allí y que nos apetece que se integren en todo el festival.

Jose: Un año hicimos un programa que se llamaba Extramuros, y la idea era ir mapeando grupos que había en Móstoles y programándolos en el festival.

Roberto: Aquellos conciertos eran como una programación adicional aprovechando la exposición Pop Politics que por entonces había en el CA2M: todas las semanas había un grupo que era del sur de Madrid, casi todos de Móstoles o con alguna vinculación a Móstoles. Nos gustaba demostrar que no todas las buenas propuestas musicales de vanguardia están en Malasaña. De hecho, lo que se ha quedado ahora mismo de música en Malasaña es un cuadro.

“Sentimos que Autoplacer tiene que ser así, y que si se convierte en algo más grande tiene que ser otra cosa, pero no Autoplacer”

 

Sí que si alguien se acerca al Autoplacer y echa un vistazo rápido lo primero que va a pensar es que eso es una especie de “centralita de modernos”, e incluso asociándolo a cierta frivolidad y falta de compromiso político. ¿Creéis que el público del festival es consciente de ese discurso político o de militancia social y de extrarradio que tiene el festival?

Manu: Hay gente que sí y gente que no: habrá quien vaya solo a la fiesta y gente que va también por lo que representa Autoplacer, que es un festival gratis, abierto a todo el mundo, con la bebida muy barata, con colectivos pequeñitos participando muy activamente y grupos casi desconocidos. Pero sí también habrá gente que no conecte con el discurso, pero como mínimo sí le servirá para descubrir grupos y abrirse a cosas de las que hasta ese momento no era consciente.

Jose: Es cierto que hay modernos en el festival, pero el tipo de fauna que va a los festivales por lo general es lo que se entiende como “moderno”. Por eso a nosotros nos gusta también tener por la mañana una programación menos agresiva, menos fiestera, mucho más familiar, que puedan venir los niños. Y ese elogio de lo gratuito y de los precios populares ayude mucho. Para nosotros la mayor lucha es seguir manteniendo esos precios populares que tenemos dentro.

Roberto: Todo es política, tanto cuando decides hacerla explícitamente como cuando no. Una de las formas de disfrutar de tu ciudad, de “hacer ciudad” como manera de “hacer política” es promoviendo festivales como éste.

Jose: La propia idea de “habitar un museo”, de transformarlo en una sala de conciertos y habilitar espacios que están destinados para otra función y darle un nuevo rol creemos que tiene mucho de discurso político.

Adolfo: Y luego, que no hay nada más hazlo tú mismo que lo que hacemos nosotros: nos tiramos una semana grapando paneles, midiendo las paredes, cargando las latas de cerveza, forrando las paredes…

En relación con este concepto de “habitar un museo”, ¿diríais que lo que hacéis está más cerca de “comisariar un cartel”, como los curadores de arte, que de armar una programación de un festival?

Manu: Es una mezcla de ambas, en realidad. Tenemos tanta vía libre que, de algún modo, hacemos tanto una cosa como la otra. Nos dicen: “esto es una planta de un museo absolutamente diáfana: haz lo que quieras”.

Adolfo: Depende de lo que haya en el museo en esas fechas, también, nosotros lo utilizamos o lo rehacemos. Intentamos dialogar con los elementos que hay en el museo, sea una exposición o una pared en blanco. Además, María Eguizábal del CA2M es la “quinta Autoplacer”. Ella tiene información de mucha más primera mano, y muchas veces nos va diciendo cosas que van a pasar antes de que nos lo cuenten, y vamos trabajando un poco en cuanto vamos teniendo información.

Jose: Pero la palabra “curador” viene del mundo de las artes plásticas, y lo que nosotros hacemos en realidad es un festival, aunque haya muchos matices en el medio.

Roberto: Intentamos crear una experiencia que dure todo el día, en la que la gente descubra grupos a ser posible y que disfrute de los que conozca y que se vaya contenta de allí.

Jose: Donde sí que hay una labor de “curación artística” es en el concurso de maquetas y en el disco que sacamos. Un curador implica la decisión de apoyar a ciertos artistas, dar un empaque conceptual, una serie de ideas alrededor de todo eso que sí conlleva unos conocimientos y unas decisiones.

“Es de aplaudir que una institución como el CA2M haya confiado en gente que no trabajaba para instituciones, sino haciendo cosas en los bares”

 

Muchos de los grupos que acabáis seleccionando acaban tocando casi por primera vez en su vida en el festival. O sí, al menos, es uno de los primeros grandes escaparates que encuentran. ¿Sentís que sois unos de los pocos mediadores entre los grupos underground y un primer espacio de visibilidad de su propuesta?

Adolfo: Siempre nos ha gustado que gane alguien joven y que no tiene nada. A veces se presentan grupos que, además de darnos un poco de pereza, ya tienen tres discos, incluso alguno editado por un sello. Que no se presenten porque no los vamos a seleccionar. Nos motiva más cuando nos llega alguien que se ha grabado un par de EPs en su casa, que ha tocado solo una vez en directo y que tienen 20 años y mogollón de ganas de hacer cosas: grabarles un disco y programarlos en el festival. Nos gusta, además, que el premio no sea darle 2.000 € y listo: nuestro plan es el de grabar el disco como ellos quieran, con el diseñador que quieran y además tocar. Sacar el primer disco de alguien nos motiva mucho.

¿Diríais que estáis ocupando, al menos parcialmente, el espacio de medios, sellos, agencias de management…?

Manu: Un poco sí. Últimamente se va muy a tiro fijo y sólo van a lo que vende y funciona. Hay poco riesgo en el circuito, por lo general. Nos gusta programar cosas que tengan una filosofía que conecte con la nuestra, con la que estemos en sintonía.

Adolfo: Y que haya una diversidad, también: cada uno viene de su padre y de su madre. Aunque puedan coincidir en alguna cosa, por lo general son propuestas radicalmente diferentes.

No es que hay un “sonido Autoplacer”, en ese sentido.

Jose: No, y de hecho es lo que más intentamos respetar: proyectar una serie de grupos con mucha distancia entre sí, pero que a la vez forman parte de una filosofía común. Nosotros nos sentimos en ese espacio de la vida de un grupo en el que todavía no hay nada: es una labor un poco masoquista, porque tiene un componente muy utópico el estar en una fase tan inicial porque trabajamos con el grupo en un escalón muy precario, muy inicial del grupo. Y aunque tiene su romanticismo, luego muchos no continúan.

“Hay modernos en el festival, pero el tipo de fauna que va a los festivales por lo general es ‘moderno’”

 

Y estar en esta “etapa romántica”, ¿no genera un poco de frustración? Sobre todo, al ver que muchos grupos acaban desapareciendo o siguen viviendo pero sumergidos.

Manu: Sí, pero también han salido otros grupos que sí que han conseguido trascender y forman parte del circuito: gente como Caliza o Lorena Álvarez, por mencionar sólo a dos.

Roberto: Y luego que hay una sensación de comunidad: se crea un movimiento, las bandas se conocen, tocan juntos, crean otras bandas… Esto no es un talent show como La Voz, al final, pero sí que se crea una filosofía común, los invitamos a que formen parte de algo. Incluso el disco que les grabamos, nosotros no sólo le damos la ayuda para que graben, sino que les damos las copias para que ellos decidan qué hacer con los discos, y que los vendan en sus conciertos o busquen distribución o las vendan por internet o lo que quieran. La mayoría de los grupos que participan están en un precariado absoluto, y nosotros en colaboración con el CA2M aportamos este granito de arena.

Jose: Yo creo que también ha habido un cambio de paradigma, y en los últimos años muchas de las instituciones culturales están siendo los motores de la programación musical, como el CA2M, el Matadero, La Casa Encendida

Adolfo: Yo no estoy nada de acuerdo con eso que dices. Pero nada.

Manu: No, yo tampoco.

Adolfo: Al final, acaban programando a sus amigos o acaban armando una programación que tampoco es muy trascendente ni crea un circuito. Son cosas muy sueltas. Me parece muy arriesgado decir que son las instituciones, al menos así en genérico, las que están apoyando a la música en directo.

¿Os sentís parte del circuito de festivales u os da repelús el propio circuito de festivales?

Adolfo: Es un “festival de música” muy entre comillas.

Roberto: Hay medios que ni siquiera nos acaban de considerar un festival: ni aparecemos en listados ni en reportajes de “ruta de festivales”…

Manu: Estamos en tierra de nadie: ni estamos en un sitio con una gran programación musical, ni somos un festival al uso, ni tenemos el mismo público que el grueso de festivales… Y todo eso hace que pasemos desapercibidos para mucha gente y muchos medios. Pero el público sigue yendo, y cada vez va a más.

“La propia idea de “habitar un museo”, de transformarlo en una sala de conciertos y habilitar espacios que están destinados para otra función y darle un nuevo rol creemos que tiene mucho de discurso político”

 

¿Qué se podrá ver este año, al margen de los grupos?

Manu: El escenario de abajo serás más folk-pop, y con una decoración más tropical, un poco de andar por casa, muy familiar.

Roberto: Las letras de los grupos que actuarán serán como de humor, con un toque muy irónico. El diseño del escenario que habrá va a estar muy guay. Es como una sesión vermú que durará hasta el principio de la tarde. Luego se abrirá la pista de baile.

Jose: Serán dos colectivos los que van a estar este año en la Pista de baile: a_mal_gam_a, que está más orientado a la escucha o al trance y la reflexión que al baile; actuará HUIAS, que uno de los grupos del Concurso de maquetas que ha despuntado de los ganadores en el festival, y nos apetecía repescar la propuesta; y para cerrar estará la gente de Femur con una electrónica más de baile, más clubbing. Pero cada colectivo ha programado lo que ellos han querido: les hemos dado el tiempo y el espacio y ellos deciden quién actúa en ese espacio.

Roberto: Luego habrá mesas-mercadillos, que van desde un estudio de serigrafía a un estudio de diseño y artes plásticas, una editorial de fanzines, dos tiendas de discos… Habrá un proyecto participativo del CA2M, que son de Móstoles y los encargados del huerto de la azotea, y trabajan con estrategias ecológicas pensando en ciudades más habitables y más respetuosos con el medioambiente, y es una manera que encontramos de poder integrar en el festival contenidos que se generan en el propio museo, como una manera de “adoptarlos” para que tengan visibilidad, aprovechando que ese día va a haber más gente.

Manu: Ese fin de semana además será el último de la exposición que lleva habiendo desde hace varias semanas de Miguel Trillo, y hemos aprovechado que contamos este año con La Fonoteca, que son quienes han reeditado hace unos meses su mítico fanzine Rockocó, y hay una pared en la que se expondrán todos los números de ese fanzine, creando un diálogo con la exposición, que se podrá visitar durante el día, también.

“Queríamos hacer un festival en el que a la gente le apetezca estar no sólo por la música, sino por lo que te daba todo el espacio”

 

¿Cómo veis el futuro? ¿Está la idea de crear otros eventos, o un festival más grande, o incluso alguno más pequeño (como cuando hace años hicisteis el Autodolor o el Bands Camping – Festival Online de Descargas de Discos)?

Manu: Tenemos varias ideas tanto en Madrid de hacer otro festival que no sea Autoplacer pero que tenga otra envergadura; y luego tenemos algún proyecto en el aire para hacer en Francia con un programador que traemos cada año. De momento está todo en el aire, nada concreto, pero la idea de hacer más cosas y crecer sí está.

Roberto: Además, el hecho de colaborar con AC/E nos permite que vengan al festival gente que tiene otros festis fuera, y si les gustan los artistas se los llevan a tocar fuera. Este año, proyectos como Aries o Doppelgänger salen a tocar a festivales franceses a tocar.

Jose: También nos sirve para ver la diferencia de infraestructuras que hay en Francia en comparación a España, por ejemplo. Aprendemos mucho de todo eso.

Roberto: Tenemos un proyecto en el aire, también, que implica a los distritos de Madrid, y eso sería algo grande. Y también un festival de electrónica.

Manu: Queremos que Autoplacer siga siendo Autoplacer en el CA2M, pero poder hacer crecer Sindicalistas como centralita de otros proyectos.

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