21 septiembre, 2017. Por

Autoescuela

Cómo hacerlo mal muy bien hablando de supermercados, futbolistas casposos y concesionarios
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“Este es Santi, que escucha a Los Planetas JAJAJAJAJA”. Así es como a los 14 años David conoció a Santi (y viceversa), con un mediador que por entonces era fan de grupos de power metal. Era normal que ese médium (apodado Chopped) se riera (¿escuchar Los Planetas con 14 años? Eso no se lo deseo a nadie), como también es normal que ahora, pasados unos cuantos años y un proyecto piloto previo (The Clinnex), el dúo asturiano Autoescuela haya encontrado en su prácticamente inexistente destreza técnica y en el feísmo embrutecido de sus grabaciones de dormitorio un envite urgente, romántico, tan kitsch como encantadoramente pop.

Se les dan especialmente mal los falsetes, utilizan el auto-tune con una intuición desastrosa y resuelven las canciones sobre la marcha, como si les empezara a quemar el paladar cuando van llegando al minuto. Parece que compusieran con los instrumentos de juguete que encontraron en algún trastero repleto de moho y reliquias, pero mezclado por una aplicación de esas en las que, cuando cantas, te lo convierte en canción de rap.

En sus letras, indudable punto fuerte de Autoescuela, sueltan falsos haikus en los que encantadores y tragicómicos perdedores conviven con historias de pisos que no te devuelven la fianza, capitanías en equipos de pueblo, perros alcoholizados, la Hobby/Consolas, concesionarios asturianos, Tiziano Ferro, fútbol de los años ’90, madridismo mal, el supermercado Alimerka de la localidad asturiana de Pravia y “Dios en plan colega”.

Es inevitable encontrar en el universo de referencias de Autoescuela una especie de costumbrismo caótico, en el que cabe la apología de los albores indie doméstico anglosajón (Marine Girls, The Magnetic Fields, The Pastels, Beat Happening, Guided by Voices o Polaris, a quienes versionan), la estética de grupos como The Wedding Present (es inevitable que la portada de Recopa, con Diego Tristán en su etapa en el Dépor, recuerde a la de George Best), el ‘sonido Bandcamp’ y la cercanía a grupos estatales con esa soga común entre la incomprensión indie-folk, el carácter doméstico y ultra lo-fi y el sarcasmo costumbrista: caben desde Los Directivos, Hardcute Ukelele, Anntona y La Estrella de David hasta lo bien que lo hacían mal grupos como Aventuras de Kirlian, Los Fresones Rebeldes o Manos de Topo.

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