2 marzo, 2011. Por

Un mundo construido

Círculo de Bellas Artes. Madrid
Un mundo construido. Polonia 1918-1939. La indiosincrasia del constructivismo polaco
Un mundo construido

Del periodo de entreguerras siempre hemos hablado como uno de los más evolutivos y contagiosos en la historia social del hombre, de su internacionalización, y también de un fecundo espacio para la creatividad. Por primera vez se puede ver en España el eco que, en Polonia, y tras más de 100 años de represión, tuvieron muchos de los movimientos de vanguardia que colindaban no muy lejos de allí en ciudades de boyante creatividad, conceptos renovadores y nombres insustituibles, como eran las capitales de Moscú, Berlín y París (y el Futurismo, el Constructivismo o la Bauhaus, como algunas de esas claras manifestaciones de colisión eidética). Tres de los exponentes más fértiles y prolíficos de la contemporaneidad vanguardista y tres de las fuerzas que, conceptual, estructural, ideológica y estéticamente influyeron en el arte polaco de vanguardia como tal. Uno que adquiere su independencia y propia idiosincrasia no sólo por su contexto político y social, renaciente desde 1918 y tras años de descomposición, sino porque presenta una especialidad expresiva en lo que al cosmopolitismo y universalismo se refiere, debido a un contexto social múltiple y dispar sobre el que este arte constructivista de vanguardia volcaba su hálito con fervor bajo una premisa de igualdad, europeización y sentido identitario. El Círculo de Bellas Artes de Madrid, y gracias a los fondos procedentes del Museo Sztuki de Lodz, el Museo Nacional de Varsovia, el Museo nacional de Cracovia y el Museo Nacional de Wroclaw, además de aportaciones de colecciones privadas; presenta por eso una muestra única en la que apreciar ese quórum estético que representa los sentidos únicos del constructivismo polaco. Y lo hace a través de pintura, fotomontaje, fotografía experimental, cartelería publicitaria, diseño gráfico, móviles suspendidos, escultura, maquetas y un sinfín de publicaciones y manifiestos que dan cuenta de esa incandescencia lúcida entre las Guerras y en el territorio polaco. 

La Sala Picasso (no mejor hallada) nos recibe con las tímidas hojas de uno de los cuadernos de dibujo y acuarelas Henryk Stażewski, de ensayos compositivo-espaciales y arquitecturales o de mobiliario justo antes de encontrarnos con una reconstrucción del Teatro simultáneo de Andrzej Pronaszko y Szymon Syrkus, de una hechizante composición arquitectónica y utilitaria y de una grácil y circular plataforma móvil a modo de parte de un escenario. Después topamos con algunos de los trabajos más interesantes de la visita, las pinturas de Henryk Berlewi, del que algo suyo hemos podido ver en el pasado (aunque nunca tan apropiadamente contextualizado) y de cuyas composiciones espaciales de geometrías equilibradas y mecanofacturas (a la Kandinsky evolutivo o Rodchenko), colonizan los paramentos entre algún trabajo de diseño gráfico para un folleto publicitario. Conviven en esta primera sala con algunos fotomontajes del genial Mieczyslaw Berman, de limpieza y fuerza gráfica y tipográfica que anteceden la expresividad plástica de Karol Hiller y un acercamiento cubista, planimétrico y abstracto al que, en este mismo primer espacio, repasamos de la mano de otros artistas como Wanda ChodasiewiczGrabowska, Marek Wlodarski o Stanisław Grabowski; que, a unos metros de allí, continúan a un gélido retrato en óleo del poeta Bruno Jasieński, por las manos habilidosas de Tytus Czyżewski. Pero es en la siguiente sala cuando nuestro disfrute aumenta hacia una abstracción compositiva de índole arquitectural de otros de los nombres fundamentales de este repaso a la vanguardia polaca: el de Władisław Strezemiński y gracias a un buen número de óleos de composiciones arquitectónicas que habitan junto a las esculturas (no sólo) móviles de óvalos y desafiantes láminas sinuosas de otro de estos nombres esenciales de la exposición: Katarzyna Kobro, que disemina su trabajo en casi la totalidad de las salas. De la sutilidad y musicalidad del dibujo constructivista de Mieczysław Szcuzka avanzamos hacia el sosiego cromático y curvo de los óleos abstractos de Henryk Stażewski que lindan con alguna de sus famosas composiciones texturales (de continuismo perceptivo, error ocular-cerebral y gestaltismo inherente). Max Ernst es otro de los nombres que, sobre una de las continuas vitrinas (no siempre insulares o exentas) en las que se exhiben estos innumerables proyectos editoriales, aparece con una serie de ilustraciones entre el surrealismo y el formalismo lineal, fotomontajístico y estético de la época. Una nueva sala para la exploración de la fotografía y la importante investigación técnica que realizó el arte polaco en este sentido nos enfrenta al lúcido trabajo, tan experimental como lírico, de Stefan Themerson (muy influido por el Moholy-Nagy más ensayista y audiovisual) en fotografías, fotomontajes y estudios fotogramáticos de melodías y cadencias deslumbrantes. Tanto o más son (más allá de sus pinturas) las composiciones heliográficas y fantasmales de, otra vez, Karol Hiller, que nos acercan a los geniales fotomontajes de Janusz Maria Brzeski que, junto a sus fotografías y a la película en 35 mm. Hormigón, forman parte de lo mejor que podemos encontrarnos (sin olvidar los también increíbles fotomontajes de Kazimerz Podsadecki, Margit Sielska o Henryk Streng). Y más ensayo fotográfico de la mano de Alexander Krywobłocki, Władisłlaw Bednarczuk o Kazimier Lelewicz y Witold Romer, Tadeusz Maziejko, Krystyna Gorazdowska o Jan. A Neuman, en puntos de vista insólitos, experimentos en revelado, composiciones desafiantes o detalles y contrastes oscilantes. Julian Lewin y sus dibujos unistas (eminentemente polaco en esta derivación propia de su constructivismo) son, junto a los trabajos de Samuel Szcekackde (también, aunque no sólo unistas), otra de las firmas más características de la exposición, algunas de esas piezas del puzzle que conforma este movimiento tan permeable e identificativo del la vanguardia polaca. Y que nos ayudan a ubicar su posición estética en todo Un mundo construido. Polonia 1918-1939. Todo un gusto constructivo.

Un mundo construido

+ INFO

Nombre exposici�n: Un mundo construido. Polonia 1918-1939

Autor: Varios autores

Disciplina: Varias disciplinas

D�nde: Círculo de Bellas Artes. Sala Picasso

Direcci�n: Alcalá, 42

Hasta: 25.05

Horario: De martes a sábados de 11 a 14h. y de 17 a 21h. Domingos de 11 a 14h.

Precio: 1€