1 febrero, 2017. Por

Artivismo Anti-Trump

Artistas de un lado y otro del muro
Artivismo Anti-Trump

Esta misma semana, Donald Trump, presidente electo de EEUU, aprobaba (y anunciaba orgulloso en su Twitter) el levantamiento del temido muro fronterizo con el país mejicano. Un muro de hormigón: “porque es más poderoso que una valla”, gigante: “porque nadie levanta muros mejor que yo y de forma tan poco costosa” (lo pagarán los mejicanos) y delirante, porque solo Trump podría ver belleza en algo tan monstruoso: “Construiremos un impenetrable, físico, alto, poderoso y hermoso muro fronterizo” (Donald Trump dixit).

Hoy la pregunta que nos asalta es la de qué nos queda por hacer a los que no comulgamos con tanta insensatez y avasallamiento de los derechos humanos. ¿Podemos encontrar respuesta en el arte? (ese aliado que a lo largo de la historia ha servido a tantos otros para hacer frente a las atrocidades de nuestra historia, ganando mayor sentido incluso en los momentos más oscuros): quizás sí.

El activismo artístico (o artivismo) ha sido siempre y continúa siendo, más que nunca si cabe, imprescindible. No posicionarse hace tiempo que no es una opción válida; la neutralidad es lo más parecido al vacío moral. Así lo reflejaron numerosos artistas e intelectuales durante la campaña de Trump vs Clinton y así esperamos que sigan haciéndolo. En nuestra trinchera mediática siempre apoyaremos esas voces.

Voces como las de estos tres artistas de uno y otro lado del muro que forman resistencia con sus obras: poéticas, insolentes, cortantes, directas y cargadas de belleza, una belleza simbólica con la que ningún muro puede competir en fuerza.

Illma Gore

Ni golpes, ni censuras, ni amenazas, ni demandas han hecho callar a esta artista americana de origen australiano, más bien al contrario. A sus 25 años, Ashley “Illma” Gore, tiene los motores de la insurrección encendidos a todo gas. Feminista y “gender fluid” (identidad no binaria de género, determinada por las circunstancias y no por los genitales), para Illma el cuerpo es la obra de arte definitiva, y a sí lo expresa, tanto con el suyo como a través del de otros.

Sus hazañas de subversión artística hasta el momento incluyen performances y pinturas a favor del matrimonio igualitario, la igualdad de género y los derechos sociales. En el 2016 Illma saltó a la fama por su retrato de Donald Trump desnudo luciendo un micropene bajo el título Make America great again. Como era de esperar el presidente americano se tomó la ilustración como una deslegitimación de su masculinidad y por ende de su poder, la polémica estaba servida. El cuestionamiento de la construcción de una masculinidad hegemónica y patriarcal pasó más desapercibido, autovalidándose precisamente con el escándalo. El resultado: un ojo morado para la artista propinado por uno de los seguidores del candidato republicano a grito de “¡Trump!” y un litigio abierto contra la libertad de expresión.

La última obra de la artista, Rise up thy young blood, un mural pintado casi entero con sangre propia y donada (inspirado en el mito de la fundación de America y su intrínseco patriotismo) recurre a la agresividad que el material implica pero que no pretende ser una ofensa sino un elemento de cohesión. Así lo declara el portavoz de Indecline, el colectivo de arte activista y de guerrilla con el que colabora la artista.

“El arte debe evocar emoción. Es un reflejo del tiempo en que vivimos”

 

Ernesto Yerena Montejano

Comprometido con la gente y contra la explotación de recursos y personas, si Illena representa al artista combativo, Ernesto Yerena Montejano es la personificación del artista conciliador. Nacido en El Centro, un pueblo fronterizo de la baja California colindante con Mexicali, Yerena utiliza el arte para expresar su apoyo con el movimiento Chicano. Sus obras de Justicia Social se engloban dentro de la empresa creativa de la que es co-fundador Hecho con Ganas (en la que han colaborado con numerosos artistas como Manu Zack de la Rocha, Shepard Fairey, Manu Chao, Ana Tijoux, Philip Lumbang, Jaque Fragua, Diane Ovalle, Chuck D, and Mochilla, entre otros). Ubicado por el destino en el centro de la discordia (y a partir de su propio conflicto identitario), sus proyectos siempre proponen una reflexión entre las comunidades mejicanas de ambos lados de la frontera. El objetivo: Humanizar a la comunidad inmigrante y desestigmatizar a las personas que abandonan su país por necesidad, rompiendo con la nociva relación de inmigración y violencia.

“Como persona con consciencia política y social, siento que es importante dar voz a la opinión propia en la forma y medio que sea mejor para cada uno”

Ana Teresa Fernández

Idealista hasta la médula, esta artista mejicana residente en California sueña a lo grande cuestionando los límites de lo real, lo posible y lo deseado. Hace cuatro años puso en marcha el proyecto Borrando la frontera (Erasing the border), con la que hasta el día de hoy ha dio “borrando” a base de brochazos, junto a numerosos voluntarios, varias partes de la valla fronteriza que separa EEUU de Méjico. Cargada con un bote de pintura azul celeste y una poderosa idea, Ana Teresa Fernández tomó la controversia entorno a las férreas políticas de inmigración de EEUU y la convirtió en una contundente y simbólica declaración de principios. Los suyos y los de esa gran parte de la población que sueña con cielos abiertos y mundos sin fronteras.

Su trabajo es un canto a la transigencia y al fin de las barreras físicas y psicológicas y que determinan el valor de una persona en la sociedad occidental basado en su género, clase o raza. Se necesitará algo más que pintura azul para hacer desaparecer la próxima mole de Trump, pero también hará falta algo más que hormigón para acabar con las ideas.

“Insisto en soñar con un futura más expansivo, un lugar más conectado, con menos odio, menos muros y más aceptación”

 

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