5 junio, 2018. Por

Arte y China después de 1989

Del optimismo idealista al realismo cínico: así evolucionó el arte chino en los últimos 30 años
Arte y China después de 1989

Durante los últimos treinta años, el arte contemporáneo chino ha pasado de prácticamente invisible y desconocido a estar omnipresente en el mundo del arte, sobre todo desde finales de los noventa. Esta irrupción en el panorama artístico mundial ha coincidido en el tiempo (y tiene mucho que ver) con el apogeo de una compleja transformación social a nivel planetario que hoy conocemos con el nombre de globalización. En los ochenta, los artistas chinos aprovecharon la posibilidad de influir en la sociedad y en el régimen a través de su arte.

La gran retrospectiva del movimiento fue China/Avant-Garde en 1989, pero sería cerrada pocos días después por las mismas autoridades que poco más tarde reprimirán los intentos aperturistas estudiantiles de la plaza de Tiananmen. Este es el punto de partida de la exposición Arte y China después de 1989: El teatro del mundo, que estará en el Museo Guggenheim hasta el 23 de septiembre. En el mundo cultural, la primera década del siglo XXI también marca el momento en que el Estado reconoce la relevancia política del arte contemporáneo, coincidiendo con la organización de los Juegos Olímpicos.

“De la actitud optimista e idealista de los ochenta se pasó durante los noventa a un cinismo caracterizado por el lenguaje mordaz, desmitificador e irreverente: nacía el realismo cínico”

La carrera enfebrecida en busca de obras contemporáneas de arte chino se aceleró brutalmente entre 2005 y 2008; esto unido a su eclosión como gran potencia emergente dio lugar a una gran burbuja comercial. Pero subastas aparte, en lo que debemos fijarnos es en que de la actitud optimista e idealista de los ochenta se pasó durante los noventa a un cinismo caracterizado por el lenguaje mordaz, desmitificador e irreverente. Los artistas comienzan a usar los símbolos y los iconos del país: Mao, Tiananmen, la Gran Muralla, la caligrafía, etc. en sus obras. Estamos ante el realismo cínico con Yue Minjun a la cabeza y el pop político que toma las técnicas del pop art occidental combinando la iconografía comunista con símbolos de la sociedad de consumo.

De este modo, la muestra exhibirá un total de 120 obras de 60 artistas y colectivos artísticos chinos: naturalmente, el enfant terrible del arte chino, Ai Weiwei, pero también Chen Shaoxiong, Yu Hong, Song Dong, Cao Fei, Wang Xingwei, Cai Guo-Qiang y Chen Zhen, entre muchos otros. Dos generaciones que actúan como observadores críticos de la explosión económica del país y su proyección como nueva potencia mundial.

“Aunque el museo insiste en que se cumplen tanto los controles de seguridad como el cuidado de los animales, ¿cómo de lícito es el uso de animales vivos para recrear metafóricamente nada menos que las mordaces consecuencias de la nueva economía mundial y la sociedad de consumo? Los reptiles devoran a los insectos en la primera, mientras que la segunda muestra un vídeo de dos cerdos que copulan durante horas ante la morbosa mirada de un cuantioso público humano”

La muestra viene con polémica animalista incluida debido a la exhibición de dos piezas, El teatro del mundo y El puente, ambas de Huang Yong Ping y formadas por dos celdas que contienen insectos, serpientes y tortugas creando así una analogía con la globalización. Varios grupos de defensa de los animales exigen la retirada de las obras de la exhibición, como ya sucedió en Nueva York, donde fueron “desactivadas”.

Y aunque el museo insiste en que se cumplen tanto los controles de seguridad como el cuidado de los animales, no deja de surgir la reflexión: ¿cómo de lícito es el uso de animales vivos para recrear metafóricamente nada menos que las mordaces consecuencias de la nueva economía mundial y la sociedad de consumo? Los reptiles devoran a los insectos en la primera, mientras que la segunda muestra un vídeo de dos cerdos que copulan durante horas ante la morbosa mirada de un cuantioso público humano.

Cierto es que no hay maltrato ni ilegalidad en todo esto, como también lo es que en nuestro país seguimos dando bola a rancios y obsoletos espectáculos de tauromaquia, así que somos difíciles de escandalizar, pero me pregunto si el hecho de que los museos se pongan a la altura de un zoo quiere decirnos algo sobre el futuro de nuestras instituciones.

Arte y China después de 1989