23 mayo, 2018. Por

Archivo desencajado

La propia vida como centro de la subjetividad política
Archivo desencajado

En materia de políticas de disidencia sexual el siglo XXI nos ha pillado en pañales. Está claro que el ritmo al que avanza por ejemplo, la tecnología, es inversamente proporcional al de la apertura mental de las sociedades contemporáneas. Todavía existen memorias que no encajan; los modos de nombrar las sexualidades no heterosexuales aún son un campo de disputa. El nivel de progreso de estas victorias depende del tipo de desarrollo de los grupos de la sociedad civil organizada, del avance del conservadurismo –que en muchos casos gobierna–, así como de la coyuntura política de cada país y de la región en su conjunto.

Por eso la nueva propuesta del MACBA es un necesario ejercicio para crear espacios destinados a la memoria y la historia política a través de eventos y materiales que reflexionan precisamente sobre estos temas: la salud y la despatologización de lo trans, los manifiestos, la producción gráfica y visual, el sexilio o emigración a la ciudad… Archivo desencajado, que podrá verse hasta el 13 de julio, es un archivo abierto, incompleto, que recogiendo materiales de centros de documentación de Barcelona y ofreciendo una serie de actividades paralelas, se adentra sin temor en las prácticas y discursos de una disidencia sexual que reclama su legítimo lugar en el mundo.

“La muestra cuestiona, entre otras cosas, el determinismo biológico dominante basado en un modelo de identidad sexual rígida, dicotómica y estable, sea esta masculina o femenina y en la legitimidad de una determinada sexualidad”

Pero, ¿qué es esto de la disidencia sexual?, se preguntarán algunos. Según Héctor Salinas, académico y autor del libro Políticas de Disidencia Sexual en México, se trata de un término complejo desarrollado por científicos sociales durante la última década, para nombrar y reivindicar identidades, prácticas culturales y movimientos políticos no alineados con la norma socialmente impuesta de la heterosexualidad. Para él, es más correcto usar ese término que “diversidad sexual”, concepto que engloba a todas las orientaciones sexuales, incluida la hegemónica.

La muestra cuestiona, entre otras cosas, el determinismo biológico dominante basado en un modelo de identidad sexual rígida, dicotómica y estable, sea esta masculina o femenina y en la legitimidad de una determinada sexualidad. Se tratan por tanto cuestiones muy recientes y de las que quizá aún nos falta perspectiva histórica. Para aportarla, la coordinadora de esta exposición es Lucía Egaña, chilena, investigadora, artista y escritora cuya especialidad son los feminismos y el transfeminismo, la representación, la postpornografia, la tecnología y el software libre que usa como herramienta material y como modelo político.

“Es precisamente la vida entendida como memoria, como hechos axiomáticos, lo que se pretende reconquistar recuperando estos archivos: un activismo olvidado que ocupó sin armarios la calle cuando estaba prohibido y que combatió a principio de los 90 la pasividad del gobierno ante la crisis del sida con sus propias campañas de prevención”

Archivo desencajado está hermanada con otras experiencias muy parecidas, como el ¿Archivo Queer?, que tuvo lugar en Madrid, exposición que partía de la experiencia del activismo queer del Madrid de los noventa o recopilaciones que llevan a cabo personas a partir de su propia experiencia de vida.

Y es que parece ser que es precisamente la vida entendida como memoria, como hechos axiomáticos, lo que se pretende reconquistar recuperando estos archivos: un activismo olvidado que ocupó sin armarios la calle cuando estaba prohibido y que combatió a principio de los 90 la pasividad del gobierno ante la crisis del sida con sus propias campañas de prevención y un largo etc. Movimientos que han posibilitado cuestionar los discursos hegemónicos en torno a la diversidad sexual, así como, desarrollar “otras” perspectivas, narrativas, prácticas políticas, representaciones, imaginarios y formas de habitar los cuerpos y las sexualidades.

En definitiva, la muestra rescata las dimensiones históricas, sociales, afectivas, estéticas y emocionales de un activismo que lleva muchos años empeñado en poner la propia vida en el centro de su subjetividad política.

Imagen de la exposición en el MACBA

Archivo desencajado