3 septiembre, 2018. Por

Arcángel

Un funambulista flamenco en medio de la tradición y la renovación
Arcángel

Cuando te ubicas en un punto medio, puedes tener la capacidad de llegar a todos los sitios, ya sea estirando extremidades o haciéndote oír desde un punto de vista privilegiado; o puedes quedarte a medias en cada una de tus intenciones. A Arcángel, por suerte no solo para él, sino para el flamenco, le sucede lo primero: esa suerte de equidistancia entre la tradición y la vanguardia han conseguido darle la suficiente movilidad para convertirse en un pilar fundamental de la evolución del género, pero también en uno de los portadores del duende original, el que nace de las tripas y ni se rompe ni se raja.

Lleva demostrando movilidad y cintura, pero sobre todo respeto al cante, desde los 15 años: sus numerosos premios y su acercamiento tanto a la facción más ortodoxa del cante (su álbum anterior era una oda a los Tablaos) la ha sabido combinar con movimientos revolucionarios (su acercamiento a la música barroca, a la ópera, su pleitesía a Enrique Morente).

El último de ellos, Al este del cante, coge el testigo de la colaboración que años atrás Morente realizó con Las Voces Búlgaras para, desde una perspectiva contemporánea y armonizando desde su particular grano la obra no solo de Morente, sino de Camarón o Lorca, entre otros, conseguir trazar un nuevo puente entre el salvajismo de la Europa oriental y el de la España más racial.

Esta semana podremos disfrutar de la puesta en escena de Arcángel junto a Las Voces Búlgaras en Madrid, concretamente en el Teatro La Latina, en cuatro shows (el 6, 7, 8 y 9 de septiembre). Nosotros nos reunimos con el cantaor onubense para hablar no solo de este nuevo álbum, sino de las derivas del flamenco, del funambulismo que da la equidistancia, de respeto, educación y mucho más.

“Me siento muy cómodo teniendo un pie en el futuro, pero un ojo en el pasado: estar en el centro basculando para que ambas patas estén siempre equilibradas. Es lo que me gusta, y creo que es mi misión en el flamenco”

De lo que te leí o te oí hablar de este disco mencionabas mucho la idea de “libertad”, como si estuviera muy marcado por autogestionar cada proceso de la concepción del disco. ¿Por qué notaste ahora ese margen de libertad mayor? ¿Te ponían más líneas rojas antes?

Que toda la responsabilidad recaiga sobre ti tampoco es bueno: hay que saber delegar y escuchar a otra gente. Pero sí es verdad que, en otros proyectos que yo he hecho, intentando dialogar con otras músicas, han sido propuestas más de ida y vuelta. En este caso, he hecho yo la elección del repertorio, de los arreglos, la gente con la que quería trabajar… Y he tenido más libertad expresiva, en ese sentido: he apostado por disfrutar de lo que hago, y no desde la arrogancia o sentirme por encima de otra gente. He decidido asumir más responsabilidades en este disco para así poder disfrutar más de cada paso.

En el disco se respira mucho icono libertario, al menos desde un punto de vista artístico: versionas a Camarón, a Morente, a Lorca, a Lole… Da la sensación de que, aunque pasen los años, da la sensación de que siguen siendo los iconos que han marcado una idea de libertad artística que no se ha podido superar.

No es que tengas la sensación: es que es así. Son los iconos que tiene mi generación y las que vinieron después. E iconos en muchos aspectos, no solo en lo referente a la libertad. Pero está claro que superarlo se me antoja harto complicado; pero no lo vivo con frustración, tampoco…

“Es necesario en la música que haya orden, pero que no se pierda nunca el sentimiento”

No es tu objetivo.

Para nada. Lo que sí creo que no hemos hecho mucho y deberíamos hacer más es presumir de su repertorio. Y a veces, en ese juego de evitar la comparación tanto para bien como para mal creo que no hemos hecho uso del repertorio de ellos como debiéramos. Es como si, por una parte, los contemporáneos no pudiéramos cantar su repertorio por el respeto que tenemos, y por el miedo de que la sombra de ellos sobrevuele sobre nosotros. Y creo que es un error: yo no vengo a superar ni reemplazar a nadie; vengo a disfrutar de algo que me encanta, y de un legado y una belleza que nos han dejado que, simplemente por evitar una comparación, no es motivo para no grabarla.

¿Cómo has hecho tú para dejar tu impronta en canciones que forman parte ya no de la historia del flamenco, sino de un imaginario cultural? Hay canciones que tienen unos giros, unos tics y unas maneras muy identificables. No sé si trabajaste especialmente la distancia de ciertas cosas.

Uno lo trabaja siempre porque en sí mismo trabajo en tener un discurso propio, no he hecho un trabajo específico para este disco. Pero cuando uno lo mira desde el respeto todo es más fácil: te tienes que dejar llevar y no caer en la imitación. Es complicado porque es inevitable que canciones y maneras que forman parte de la educación emocional de uno no se manifiesten; y aunque amoldarlos a uno es complicado, el respeto por el flamenco y por sus figuras y por la tradición, que en realidad es lo que lo simboliza, consigue que las lleves a otro lugar.

“Hay gente que pierde mucho tiempo en explicar lo que el otro no es; y los que se sienten agredidos tratan durante demasiado tiempo de explicar que sí lo son”

Había otra comparación difícil de distanciarte, que es la del trabajo que hizo Enrique Morente con las Voces Búlgaras hace años. ¿Estudiaste ese trabajo para intentar resignificar el trabajo que había hecho él?

Sí es verdad que ese trabajo fue el motor que motivó este proyecto: fue la primera vez que escuchaba esta forma de canto. Además, en persona, en el programa Séptimo de Caballería que presentaba Miguel Bosé en TVE, yo acompañaba a Enrique haciendo coros y escuché el trabajo que estaba presentando con Las Voces Búlgaras en directo y me encantó. No hice un trabajo de ver qué hizo y qué no hizo él para evitar caer en las mismas cosas, pero sí que aquel trabajo, y en general el espíritu de Enrique, sobrevuela este trabajo. Yo creo que lo mejor es admitirlo y sentirse orgulloso de lo que hizo Enrique.

Escuchando el sonido de estas Nuevas Voces Búlgaras hay aires casi de música sacra, como si estuviéramos metidos en una iglesia. ¿Qué es lo que más te gustaba de conectar el flamenco con esta sonoridad tan por momentos solemne pero también folclórica?

Lo que más me gusta es el tratamiento que ellos tienen de la voz: utilizan su propia voz para darle armonía a una voz principal, y consiguen sacar un sonido que es diferente a todo lo que escuches. Un canto coral que apueste por ese sonido con un color entre salvaje y racial, pero también muy puro, me encanta. Me interesaba más ese salvajismo que el de otras corales, que tienen una sonoridad más clásica.

Ya habías hecho cosas con música barroca, con ópera… parece que vas persiguiendo esa mezcla entre la armonía más orgánica y el salvajismo.

Sí, y es porque yo creo mucho en el equilibrio. Uno tiene que irse a ambos polos, pero el funambulista tiene que llevar la vara bien sujeta: que en un lado tenga la razón y en el otro la pasión. Creo en ese equilibrio y en esa convivencia a la hora de trasladarlo a mi propio ámbito: me puede gustar Pepe Marchena y Agujetas; como también me puede gustar María Callas y Frank Sinatra, llevándolo a otro ámbito.

“Mucha gente pretende que el género sea lo que ellos quieren que sea”

Quizá lo que más conecte a Las Voces Búlgaras y al flamenco es esa genética rural y popular que tiene.

Exactamente. O la diferencia que puede haber en el tango entre Goyeneche y Piazzolla, que son contrapuntos entre lo salvaje y el orden. Creo que es necesario en la música que haya orden, pero que no se pierda nunca el sentimiento.

Cuando se habla de ti siempre se remarca la evolución que has conseguido en el cante flamenco, pero también siempre has marcado una cercanía con el cante tradicional. Hay quien habla de ti casi como un “equidistante”. ¿Te gusta estar en ese centro o preferirías que se perciba tu obra más cerca de uno de esos polos?

Yo me siento muy cómodo teniendo un pie en el futuro, pero un ojo en el pasado: estar en el centro basculando para que ambas patas estén siempre equilibradas. Es lo que me gusta, y creo que es mi misión en el flamenco.

Generacionalmente, ¿te sientes conectado con el universo flamenco que se considera más revolucionario, como el Niño de Elche, Rocío Márquez o Rosalía; o te sientes más afín a lo que hacía Enrique Morente en los años ’90, por ejemplo?

Conecto mucho más con la manera de hacer crecer el cante que tuvo Enrique Morente; porque era un conocedor absoluto de la tradición, y a través de ello construía en muchas direcciones, y se acercaba al género y las tradiciones que sean, siempre con resultados revolucionarios y brillantes. Mi modelo de apuesta es ese, pero cada uno que lo afronte como quiera. A mí me gusta estar muy pegado a la tradición, pero siempre abierto a ver lo que el mundo te ofrece.

“La verdad del arte está encima del escenario, y no en el número de personas que estén abajo. Existe una confusión cuando se piensa que las cosas son más de verdad cuanto más reducidas son; o cuando el espacio es más cercano”

Dijiste una frase hace unos meses en una entrevista en el Diario Público: “hay que transgredir con respeto”. ¿Crees que las nuevas generaciones no están teniendo tanto respeto a la tradición? ¿Ves como un peligro el hecho de que algunas de las nuevas voces flamencas quizá estén más preocupadas mirando otro tipo de músicas para construir un nuevo flamenco?

No creo que no sientan respeto por la tradición. Lo que yo sí creo es que a veces se molestan porque les otorgan una etiqueta que no es la que ellos se esperaban. Cuando les dicen que lo que ellos hacen no es flamenco, sino “algo cercano al flamenco”; algunos se molestan. Yo no sé lo que hacen, no estoy aquí para definir a nadie, pero es importante que uno se sienta a gusto y tranquilo con lo que hace. Para mí la regla número uno tiene que ser el respeto, y para hacerlo tienes que hacerlo tanto si formas parte de él como si no formas parte de él.

Pero sí que parece que se ha polarizado ese terreno. Como si hubiera que ponerse la camiseta de “flamenco ortodoxo” o de “flamenco 2.0”.

Puede ser, pero me parece absurdo. ¿Yo qué camiseta me tendría que poner, entonces? ¿Una mixta, con los dos colores? Yo me siento cerca de ambas partes, y creo que están condenadas a entenderse y a convivir. Pero sí que es verdad que hay gente que pierde mucho tiempo en explicar lo que el otro no es; y los que se sienten agredidos tratan durante demasiado tiempo de explicar que sí lo son. Es absurdo: que cada uno haga lo que quiera.

“En ese juego de evitar la comparación tanto para bien como para mal, creo que los cantaores contemporáneos no hemos hecho uso del repertorio de Camarón o Morente como debiéramos”

Se habla más de la teoría de la práctica.

Cada uno es libre. Pero lo que sí es verdad es que no podemos cambiar la naturaleza de las cosas. Creo que no debemos correr ese peligro. El flamenco es un género con un lenguaje específico, igual que lo es la ópera, el jazz, el pop o el rock. Ni yo ni nadie está legitimado para tratar una línea y decir hasta qué punto sí y hasta qué punto no; pero eso tampoco puede dar pie a que todo valga. Uno puede ser lo que quiera ser, pero el género es una cosa, y listo.

Mucha gente pretende que el género sea lo que ellos quieren que sea. Como pasa cuando a alguien le preguntan si es creyente o no, y responden “a mi forma”. Pero claro, ¿“a mi forma” qué es? Crees en otra cosa diferente: has construido otro imaginario, pero no serás cristiano, serás otra cosa.

Tus últimos discos han sido todos en directo; al menos los discos que publicaste los últimos siete años. ¿Te sientes incómodo en el estudio y has encontrado una vía expresiva con mayor carga de verdad en el directo?

Da la casualidad que he encontrado dos últimos proyectos que se ajustaban bastante a este tipo de práctica. El primero en el Tablao corría el riesgo que, si lo descontextualizaba, era otra cosa: no iba a ser un tablao, sino un tablao ficticio en el estudio. Y con este segundo pasaba un poco lo mismo. Creo que un disco de estas características, donde hay armonías tan complejas, si te metes en un estudio puedes no acabar nunca y eternizar el proyecto. Me apetecía sentir a la gente animando, la predisposición del músico es distinta. Pero no me siento incómodo en el estudio, es algo que me gusta también.

“La verdad no la tienen los géneros: la tienen los músicos. Un género no es más verdadero y auténtico que otro”

Se habla mucho de la turistificación de los tablaos; es muy difícil escuchar flamenco en las radios; el espacio de música en medios de comunicación es reducido… ¿Cómo ves el flamenco a futuro, sobre todo a la hora de llegar a la gente? Tú no vienes de una familia flamenca, pero sí de una generación en donde el flamenco estaba más integrado a nivel mediático y social. Ahora es más difícil.

Siempre he creído que ha faltado un extra de educación, pero ahora, todavía más, porque faltan muchas cosas que antes sí ocupaban, al menos parcialmente, ese espacio. El flamenco y la música en general estaba más presente; pero ahora, cada vez nos quedamos sin más espacio. Lo único que puede suplir esa falta de espacios es la educación.

Quizá sería demasiado pretencioso que el flamenco fuera un método de estudio en toda España; pero en Andalucía sí creo que debería entrar en las escuelas para que las generaciones que vayan viniendo tengan una relación natural con el flamenco. Esa es la gran batalla que tenemos que ganar.

Muchas veces utilizas el concepto de las “cosas de verdad”. No sé si planteando vías para que el flamenco llegue a la gente de manera quizá más artificial, se corre el peligro de que el flamenco llegue plastificado, sin esa manera de hacerlo crecer en las calles, con esa verdad.

Yo creo que no. Sería negarle el pan a la calidad y la honradez del músico. A veces existe una confusión cuando se piensa que las cosas son más de verdad cuanto más reducidas son; o cuando el espacio es más cercano. Puede que a veces sea verdad, que la música en cercanía tiene unos matices diferentes; pero es algo extrapolable a cualquier género, no solo al flamenco. Sin embargo, hay unos cánones establecidos con la música clásica de que su hábitat son los teatros para 2.000 personas; y que el flamenco tiene que ser en tablaos de 20m2, treinta personas apelotonadas. Y creo que esa idea se tiene que ir limando.

La verdad del arte está encima del escenario, y no en el número de personas que estén abajo. Uno tiene verdad en lo que hace aquí y en Pamplona. Lo que está claro es que el posicionamiento social que tiene cada arte determina el espacio adonde ese arte ha de desarrollarse; pero eso no está relacionado tanto con la verdad, sino con un posicionamiento comercial. Son dos conversaciones diferentes.

¿Dirías que el flamenco está más maltratado o infravalorado que otros géneros?

Tanto como “maltratado” no, pero infravalorado sí lo es. También hemos tenido mucha culpa los flamencos. Por una parte, los medios han puesto de su parte para que no trascienda; pero muchos flamencos han estado prodigando, y tú me lo acabas de preguntar, que es más de “verdad” en la intimidad a que en teatros y pabellones. Y no es así. Un tío que tiene calidad cantando para diez personas la tendrá cantando para 10.000.

“En Andalucía el flamenco debería entrar en las escuelas para que las generaciones que vayan viniendo tengan una relación natural con el género”

Se habla de cierta vocación underground o subterránea del “buen flamenco”. Como que cuanto más desconocido sea y peor vida haya tenido, mejor es.

Sí, pero también pasa con el tango o con la bossa nova o con la trova cubana… y me parece absurdo. La verdad no la tienen los géneros: la tienen los músicos. Un género no es más verdadero y auténtico que otro.

Hay una frase de Luis García Montero, del texto añadido a la nota de prensa, que decía que tu voz “ayuda a continuar en cada acorde y cada sílaba el relato de la existencia humana”. ¿Hacia dónde dirías tú que va el relato de tu obra? Si tuvieras que decir un camino que está marcando tu obra, o unos objetivos, ¿cuáles dirías que son?

Me da vértigo pensarlo y hablar sobre ello; pero si tuviera que trazar un plan de lo que yo quisiera que se hablara de lo que yo hago, serían dos cosas claras: una, en que creo fielmente en que hay que hacer una defensa de los valores tradicionales para tener claro un origen y un centro de gravedad en el que uno esté sujeto, y que te permitirá edificar tu visión personal de las cosas; y por otra parte, una inevitable necesidad de búsqueda de algo que te haga disfrutar, encontrarte con tus límites para así aprender de ti mismo y de los demás. Quizá la palabra o el concepto que más me gustaría que definiera mi obra es la de “honestidad artística”.

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