14 junio, 2017. Por

La anti-Feria del Libro

La Feria del Libro ha muerto: ¡VIVA LA FERIA DEL LIBRO!
La anti-Feria del Libro

Mientras Madrid se retorcía bajo los primeros calores de junio, en un lugar del Retiro se fundían en una marabunta pintoresca buscanovedades, regaladores profesionales de libros, editores valientes, libreros con arte, cocineros, escritores y escritorzuelos, tertulianos de Telecinco, becarios y periodistas, voluntarios de ONG, cazafamosos, jardineros, aramburubelievers  y lectores impenitentes. Ahora toca hacer balance, que el recuento ya lo habrán ello las editoriales y el invento no les sale a deber: casi 9 millones de euros en ventas.

Tan insigne cita se presenta cada año en parte intacta y en parte nueva. Bueno, casi toda intacta, por no decir inmune al paso del tiempo, porque la fórmula es inamovible desde casi su inauguración, en 1933. La novedad la suelen poner en cada edición el best seller del año, que esta vez es Patria, y en menor medida sus seguidores en el podio. Eso sí, la Feria es como ese coche viejo al que tenemos cariño porque es nuestro. Cuando nos preguntan si tiene climatizador, GPS o wi-fi nosotros respondemos que ni falta que le hace. Luego maldecimos el calor que no sofoca la ventana bajada y siempre nos perdemos cuando nos vamos de vacaciones.

Quizá no tengamos presupuesto, ni ganas, de cambiar de coche, pero un paso por el taller podría devolvernos al siglo XXI. Eso sí, nada de aire acondicionado en las casetas, que la gente de letras no se acomode. Algunos aderezos por aquí y por allá y listo.

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Encargar el cartel de la próxima edición a Antonio López

Y terminar así con las toneladas de chistes y memes que ha deparado el gato rojo de la diseñadora Ena Cardenal de la Nuez. Como somos tanto de indignarnos, y de indignarnos por estas cosas pero de hacerles la ola a Messi y a Cristiano a pesar de sus truculentas estafas a Hacienda, la dirección de la Feria debería solucionar el problema a lo grande y con un grande. Encargo a Antonio López y 20 años de paz. Y después gloria.

La sala para reírse de los e-books

Sí, esos cacharros que iban a llevarse por delante la industria editorial y bla, bla, bla. Lo que en 2013 era el final por aplastamiento, la Gran Ola, el apocalipsis del libro en papel, va por el mismo camino que el Láser Disc y las cintas de Beta Max. En España la cuota de mercado del ‘trasto’ es del 5%, y con eso está todo dicho. Así que más de un prescriptor de suplemento cultural de copete que anunció el cataclismo querrá que olvidemos sus palabras, pero el resto tiene derecho a partirse el pecho a reír a costa de los vaticinios.

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La Osa Moña, para abrir fuego y no en la clausura

Sí, esa fiesta que algunos denominan ‘off’ y a la que se acude como en El Club de la Lucha, sin apenas mencionarla, no sea que se pase por allí Ruiz Zafón y el invento se vaya al traste. Fiesta de colegas, la llaman. Editores indies, ‘los de cultura’ de la prensa, algunos escritores y más de un librero. Sobre ella se cuentan algunas leyendas a las que habría que restar el componente etílico y es probable que perdieran punch. Pero es lo bastante singular y lo más parecido a un networking excéntrico que tiene la Feria. Merecería celebrarse el primer día, para favorecer la buena vecindad entre casetas, relajar algunos ceños fruncidos y, por supuesto, dar que hablar durante los 12 días posteriores.

Cyborgs firmantes en lugar de escritores

Si es verdad lo de los e-sports, ¿por qué no?. Días después del paso por la feria, uno se imagina a Fernando Aramburu con la muñeca escayolada y a Dolores Redondo en pleno tratamiento por estrés postraumático. Firmar cansa. Cansa mucho. Hay que intercambiar algunas palabras con el lector, después elegir dedicatoria y responder a alguna pregunta nerviosa. Así varios cientos de veces. ¿Por qué no instalar robots incansables, y a prueba de 40 grados, que hagan esa agotadora labor?. Si los libros de verdad dieran dinero, ya estarían en marcha.

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La ‘cena de los idiotas’, todas las noches

Aunque no lo parezca, los escritores también cenan. Cada noche. Emular la obra de teatro Francis Veber, que todo el mundo ha visto en largometraje, sería un éxito seguro para la Feria del Libro. Cada noche, cena de cuatro escritores. Con público. Cada uno aportaría a su propio membrillo. La ventaja de esta medida es que adoquines no faltan. De Maluma a Javier Cárdenas. Al final, como en la obra, los invitados salvando a los escritores. La literatura postrada a los pies de la memez, como una necesaria cura de humildad. Al día siguiente, volverla a vestir con los trajes de la honorabilidad y el respeto, intacta, como la propia feria.

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