11 diciembre, 2018. Por

Ante la jubilación

Una asfixiante y clasutrofóbica habitación-universo del fascismo de persianas echadas
Ante la jubilación

“Es realmente espantoso. Es absurdo. Y sin embargo la mayoría de gente piensa como nosotros. La mayoría de gente piensa como nosotros y sólo puede hacerlo a escondidas. Aunque afirmen lo contrario, todos son nacionalsocialistas. Pero no lo confiesan. No conozco a nadie que no piense como nosotros. Hay algunos más, pero esos no cuentan. Lo terrible es que no lo mostramos al mundo. Es cuestión de poco tiempo. Pronto volveremos a estar en el poder. Entonces los tuyos no tendrán nada que hacer.”

Eso es lo que dice Vera a su hermana Clara, dos de los tres hermanos protagonistas de esta función de Thomas Bernhard. Tres personajes anclados en el ayer, como las tres hermanas de Chèjov pero con un pasado bastante más escabroso y amenazador que Masha, Olga e Irina. Ante la jubilación es una de las obras cumbre del dramaturgo austríaco. Krystian Lupa es una figura elemental de la escena europea. Y dentro del marco del Festival de Otoño podemos ver en el Teatro de la Abadía lo que el polaco ha hecho del texto del austríaco con un trío de enormes intérpretes catalanes.

Como todos los 7 de octubre, Rudolf, Vera y Clara se disponen a celebrar el aniversario del nacimiento de uno de los ideólogos del nazismo, Heinrich Himmler. Vera plancha minuciosa y obsesivamente (como minuciosos y obsesivos son texto y puesta en escena) la toga de Rudolf durante todo el primer acto. Pero lo que acaba por presidir el salón colgado de la pared es el antiguo uniforme de comandante nazi de su hermano. Mientras, su hermana Clara, parapléjica a causa de una bomba aliada, se enfrenta a la verborrea fascista de su hermana pero calla por completo cuando hace acto de presencia su hermano en el segundo acto (tal vez por miedo a que la disfracen de prisionero de campo de concentración como en años anteriores).

“El fascismo oculto, el de los salones a persiana bajada, es el que nos muestra Ante la jubilación. No hay que romperse mucho la cabeza para encontrar un paralelismo más que evidente con el tema de la discordancia entre las encuestas de intención de voto de las elecciones andaluzas y el resultado final de las mismas. Cuidado: ‘Es cuestión de poco tiempo. Pronto volveremos a estar en el poder. Entonces los tuyos no tendrán nada que hacer.’

El ajado espacio hiperrealista, un salón de una buena casa venida a menos que parece que el director-escénografo-iluminador ha cortado limpiamente, dejando una herida rojo sangre que enmarca la escena y a través de la cual podemos observar la vida de esta familia disfuncional, es el vírico microcosmos en el que los personajes se encierran para poder rememorar y celebrar el horror, ojeando un terrorífico álbum familiar.

Cuatro horas (dos descansos incluidos) dura esta puesta en escena que a otro ritmo bien podría durar la mitad. Desde luego no es un espectáculo para todos los públicos, porque a muchos les saldría sarpullido si se sientan más de 90 minutos en la butaca. Pero el maestro Lupa sabe lo que se hace. Su manejo de los tiempos resulta, sencillamente, extraordinario; y consigue sumergir al espectador de cabeza en esta asfixiante y clasutrofóbica habitación-universo de persianas echadas, ayudado por unos espléndidos e hiper estéticos audiovisuales de Lukasz Twarkwoski.

Pero Lupa no tendría nada que hacer sin tres intérpretes a la altura. Pep Cruz consigue para su Rudolf una calculada dejada presencia escénica, un cansancio vital a la espera de la jubilación (y la resurrección de sus creencias), perfectos para su desagradable personaje. Mercè Aránega resulta espectacular como esa Vera, hermana, amante y súbdita del comandante nazi, entregada a la causa sin fisuras ni replanteamientos, con una presencia escénica magnífica y una voz que da gusto escucharla. Y Marta Angelat completa magistralmente el trío de ases, con la particularidad de que su personaje, Clara, se mantiene dos tercios de la función callada (sufriendo), con el reto que ello conlleva.

“Una ventana para observar la vida de esta familia disfuncional, en un vírico microcosmos en el que los personajes se encierran para poder rememorar y celebrar el horror, ojeando un terrorífico álbum familiar”

El fascismo oculto, el de los salones a persiana bajada, es el que nos muestra Ante la jubilación. No hay que romperse mucho la cabeza para encontrar un paralelismo más que evidente con el tema de la discordancia entre las encuestas de intención de voto de las elecciones andaluzas y el resultado final de las mismas. Cuidado: “Es cuestión de poco tiempo. Pronto volveremos a estar en el poder. Entonces los tuyos no tendrán nada que hacer.”

Ante la jubilación