1 diciembre, 2017. Por

Año 1000: La Sangre

Los siete infantes de Lara saltan del romancero al cómic
Año 1000: La Sangre

A quien no tuviera un buen profesor de Literatura en el colegio, todavía le deben asaltar sudores fríos cada vez que alguien menciona los cantares de gesta, el romancero castellano o el mester de juglaría. Tal vez ello explique la escasa pervivencia de estas, algunas de las piedras angulares de la literatura castellana, en el imaginario colectivo, más allá del omnipresente Cantar de mio Cid. Año 1000: La Sangre viene a poner remedio a esta carencia, actualizando la leyenda de los siete infantes de Lara en un relato casi cinematográfico ambientado entre la Castilla del cambio de milenio y el Califato de Córdoba comandado por Almanzor.

Un cantar de gesta perdido

Cuenta la leyenda que los siete hijos de Gonzalo Gustioz y Sancha Velázquez (Doña Sancha), fueron apresados y decapitados por tropas musulmanas en una emboscada orquestada por su rencoroso tío, Ruy Velázquez. Años después Mudarra, un hijo bastardo de Gonzalo Gustioz, venga la muerte de sus hermanos dando muerte al traidor y a su esposa, Doña Lambra, instigadora las rencillas que desencadenaron el conflicto.

El de los siete infantes de Lara se cree que es un cantar de gesta perdido que remite a la Castilla de finales del siglo X y que, de componerse, debió hacerlo a inicios del siglo XI. De él nos han llegado numerosos fragmentos prosificados en la Primera Crónica General de Alfonso X y otros textos históricos posteriores. Sobre la base de estos fragmentos, el filólogo Ramón Menéndez Pidal consiguió reconstruir parte del cantar de gesta y articular la leyenda de los siete infantes de Lara. Esta historia sido ya llevada al teatro por Lope de Vega, así como por varios autores del Romanticismo.

Las viñetas complejas y efectistas abundan en el tomo. Esta página contiene una de las más destacables

Nuevos aires para una leyenda con más de 1000 años

Con una vocación claramente cinematográfica, Manolo Matji articula una versión del relato trepidante y sabiamente adaptada a la narrativa contemporánea, en el que las mujeres (Doña Sancha y Doña Lambra) juegan papeles cruciales, como vehículos del amor familiar y del carnal pero, también, como transmisoras últimas de rencores vengativos.

El guión Matji aporta suficientes giros al relato original para hacer de su tono solemne y épico una trama dinámica y ágil. Pero mantiene suficientes elementos del romance original como para estimular la memoria adormilada de quien tuviera que memorizar alguno de sus versos en el colegio, o satisfacer al apasionado de la épica castellana. El prólogo de José Luis Cuerda encaja armónicamente en el tono solemne del relato, aportando la característica socarronería del cineasta y fascinación casi infantil por la leyenda.

“Apena preguntarse cómo habría funcionado en la gran pantalla y por qué no es posible producir una cinta así en nuestro país”

La idea es ambiciosa y por momentos apena preguntarse cómo habría funcionado en la gran pantalla y por qué no es posible producir una cinta así en nuestro país. Aunque, por otro lado, el trabajo de Sergio Córdoba a los lápices está tan lleno de fuerza que es, a buen seguro, mejor que cualquier producción de presupuesto ajustado, vestuario de “todo a cien” y cromas vergonzantes. No, mucho mejor de este modo, con su dibujo austero en líneas y colores pero repleto de épica, viva y apasionante.

Con poquísimo texto en sus viñetas, Año 1000: La Sangre cuenta con numerosos momentos de inmensa expresividad: enormes dibujos sobre los horrores de la guerra hace 1000 años, la exuberante maternidad de Doña Sancha, la majestuosa épica de la emboscada a los infantes, o la consagración final de Mudarra como vengador. Es mediante estas poderosas imágenes que se mantiene el interés constante a lo largo de la gran parte del tomo.

Son numerosos los tramos con poco o ningún texto en los que la fuerza del dibujo de Sergio Córdoba se acrecenta.

Se echa de menos, no obstante, cierta ubicación geopolítica del conflicto. No tanto porque éste pueda o no ser histórico (como en todos estos casos, se cree que parte de los personajes son históricos y otra parte, ficticios), sino porque no todo el mundo tiene las fronteras de cada etapa de la reconquista, así como las relaciones entre los reinos de Castilla y de Navarra, tan frescas como debería.

En resumen, estamos ante una novela gráfica de producción nacional, arriesgada en su temática pero brillante en su implementación. Año 1000: La Sangre es excesivamente densa para poder despertar en los jóvenes el interés por la literatura épica, aunque tampoco parece que sea éste su fin. Se trata, eso sí, de un tomo perfecto para los aficionados a la épica medieval, lo sean o no también al tebeo.

Año 1000: La Sangre. La leyenda de los Infantes de Lara
Guión: Sergio Córdoba, Manolo Matji
Dibujo: Sergio Córdoba
Tinta: Sergio Córdoba
Color: Blanco y negro
Formato: Libro cartoné, 168 págs. a color.
20€

Año 1000: La Sangre