13 marzo, 2018. Por

Aniquilación

La última obra maestra de la ciencia-ficción la vemos por televisión
Aniquilación

Aniquilación, la película de Alex Garland que ha llegado, lamentablemente, a nuestras pantallas, a través de Netflix, y no a los cines, como merecería, es sin duda una de las mejores producciones de ciencia-ficción de los últimos años, junto a La llegada, Snowpiercer, Her, Interstellar y la anterior película de Garland, Ex Machina. Lo cual, por otro lado, tampoco es muy difícil, porque, con esas contadas excepciones, el género lleva un tiempo sumergido en un marasmo de falta de originalidad y mediocridad.

Un elemento que hace especialmente interesante Aniquilación es que es el inesperado resultado final de la inventiva y el talento de varios creadores de distintos países, a lo largo de varias décadas.

PRIMERO, LA URSS

En primer lugar,  tenemos una novela llamada Picnic extraterrestre publicada en lo que entonces era la URSS a principios de los años ’70 del siglo XX. Los autores eran los Hermanos Strugatski, especializados en ciencia-ficción que adquirieron con sus obras una fama que desbordó los límites del antiguo bloque soviético. En esa novela nos relataba las andanzas de Redrick Schulhart, un buscavidas que trabaja en las inmediaciones de La Zona, una región vedada sujeta a  investigaciones científicas. Schulhart se dedica a sacar de contrabando los extraños objetos que la pueblan, para luego venderlos en el mercado negro.

¿Y qué es lo que ha convertido en tan especial La Zona? Directamente, una visita de viajeros de otro planeta que permanecieron allí algún tiempo y, luego se marcharon. Sin embargo, como unos excursionistas descuidados, dejaron tras ellos algunos residuos que, desde su perspectiva, probablemente, no eran más que basura carente de valor  y que, sin embargo, para la humanidad resultan incomprensibles y maravillosos. Para los autores de la novela, La Zona es donde el ser humano descubre los límites de su conocimiento.

«El relato de los Strugatski atrajo la atención de Andrei Tarkovski para crear Stalker, una película densa, lenta, más lírica que narrativa y, ante todo, una auténtica obra de arte que cuenta, además, con uno de los mejores finales de la historia del cine»

El relato de los Strugatski atrajo la atención de otro creador ruso, el cineasta Andrei Tarkovski, que unos años atrás había conseguido un enorme éxito con otra adaptación de una joya del género, Solaris, de Stanislav Lem. Tarkovski tomó la premisa, la existencia de La Zona, protegida por férreas medidas de seguridad en la que ocurrió algún tipo de hecho inexplicable, pero alteró todo lo demás. El protagonista es un guía, el Stalker del título, que se adentra en esa región prohibida en compañía de dos personajes de los que nunca sabremos sus nombres, sólo sus profesiones –un escritor y un científico-, sorteando grandes peligros en busca de una extraña habitación situada en el centro de La Zona que en teoría concede cualquier deseo.

El resultado, Stalker (1979), es una película densa, lenta, más lírica que narrativa y, ante todo, una auténtica obra de arte que cuenta, además, con uno de los mejores finales de la historia del cine. Para Tarkovski, La Zona es un lugar en el que el ser humano acude para encontrarse con el misterio de su propia naturaleza.

DESPUÉS, LOS EEUU

Mucho, mucho tiempo después, un autor de ciencia-ficción norteamericano, Jeff Vanderneer reinventaría La Zona en su trilogía Southern Reach –formada por Aniquilación, Autoridad y Aceptación-, publicada en 2014 como el Área X, en la que de nuevo ha ocurrido “algo”, que no se desvela inicialmente, pero que está afectando a los edificios, la fauna y la flora. Hacia esa zona se han dirigido ya once expediciones, con unos resultados catastróficos: o bien no había supervivientes o bien, los que regresaban presentaban grandes lagunas de memoria, comportamientos extraños y morían de cáncer a los pocos meses.

«La adaptación de Garland de los libros de Vandermeer es tan libre como inteligente: toma la trama básica del primero, y algunos elementos de los dos siguientes para otorgarle un final coherente»

Finalmente, las autoridades optan por un enfoque distinto para la duodécima: estará formada sólo por mujeres a las que- en obvio homenaje- no conocemos sus nombres, sólo sus profesiones: hay una psicóloga, una antropóloga, una topógrafa y una bióloga. Vandermeer es un autor menos original que los Strugatski, y desde luego sin el toque de genio de Tarkovski, pero lo compensa con la descripción del escenario -un lugar aislado, boscoso, plagado de enigmas- y su habilidad para crear situaciones llenas de tensión y paranoia. Para Vandemeer, La Zona es la isla de Lost pasada por un filtro de biopunk.

El cuarto, y último responsable de Aniquilación es su director y guionista, el británico Alex Garland. El cineasta –que también ha escrito algunas novelas, como La Playa, adaptada por su amiguete Danny Boyle– se ganó su fama como guionista de cine y videojuegos, antes de su debut con la ya citada y excelente Ex Machina. La cual, probablemente, le permitió contar con su considerable presupuesto y un reparto estupendo, encabezado por una estrellona como Natalie Portman, la ascendente Tessa Thompson (a quien vimos recientemente en Creed o Thor: Ragnarok) y la gran Jennifer Jason Leigh, para su siguiente proyecto.

La adaptación de Garland de los libros de Vandermeer es tan libre como inteligente: toma la trama básica del primero, y algunos elementos de los dos siguientes para otorgarle un final coherente. Para acercarlos al espectador,  los personajes ahora cuentan con un pasado, motivaciones e, incluso, con un nombre, más allá de su profesión. Y sobre todo, le otorga al Área X, a la nueva Zona, una imaginería visual tremendamente poderosa, y a veces aterradora: colores psicodélicos, una vegetación desconocida y exuberante, seres producto de desconcertantes mutaciones. La Zona es, ahora, un lugar terrible y peligroso, pero, al mismo tiempo, donde se oculta un secreto que cambiará para siempre el destino de la humanidad.

«El productor, tras un pase previo de la película, decidió que era demasiado compleja e intelectual para el público masivo, y decidió que a nivel mundial se estrenaría en Netflix, por lo que la mayoría de los espectadores jamás podremos verla en una sala de cine»

Hay un quinto o sexto personaje oculto: el productor, que, tras un pase previo de Aniquilación, decidió que era una película demasiado compleja e intelectual para el público masivo, y decidió que a nivel mundial se estrenaría en Netflix, por lo que la mayoría de los espectadores jamás podremos verla en una sala de cine. Pero en este caso no hablamos de un artista, sino de un idiota, así que lo mejor sería olvidarnos de él.

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