8 marzo, 2018. Por

Ángeles Espinosa

Periodismo, mujeres y zonas de conflicto
Ángeles Espinosa

El periodismo nos muestra realidades desconocidas o poco conocidas. En el Día Mundial de la Mujer, desde Notodo también miramos a esas mujeres que nos quedan lejos, en Oriente Medio, en Asia o en el África Norte. Porque queremos conocer, aprehender de otras realidades que se salen de nuestros márgenes y de nuestro filtro cultural, y entran en zonas de conflicto, en zonas bélicas donde las libertades y las condiciones de vida son muy distintas a nuestro modelo.

Entrevistamos a la periodista riojana Ángeles Espinosa, conocida por ser corresponsal internacional para el diario El País. La editorial La Línea del Horizonte acaba de publicar, el pasado mes de febrero, una excelente selección de sus crónicas bajo el título El tiempo de las mujeres. Crónicas asiáticas, en la que muestra los cambios producidos en la región en la última década y media.

Esta entrevista se realizó por email debido a la complicada agenda de ambos interlocutores, pero también por la imposibilidad de realizarla a través de una plataforma de videollamadas en tiempo real, bloqueadas en Dúbai, país en el que Espinosa tiene su centro de operaciones. Hasta en eso se muestra la necesidad de avances tecnológicos y en materia de libertades.

De Espinosa nos atrapa su claridad a la hora de presentar las situaciones, si nivel de análisis queriendo trascender lo evidente y buscando la cuestión de fondo. Estas crónicas, compiladas en este volumen con gusto y mimo,  nos descubren una zona de la que nos informan pero de la que sabemos poco. Desde aquí queremos reivindicar la función y el papel fundamental de los periodistas que nos descubren realidades ajenas, no por ello menos cercanas, y que también nos tocan y nos afectan para entender el mundo como un todo interrelacionado.

«Los hombres utilizan la religión para justificar aquellas normas que les interesan»

El título de esta obra, El tiempo de las mujeres. Crónicas asiáticas, proyecta un halo de esperanza ¿Qué principales factores nos hacen decantarnos hacia un futuro mejor?

Sí, sin duda, tengo esperanza. Aunque cada país de los que reflejamos en el libro es diferente, en líneas generales, el activismo de las mujeres, su mayor nivel de educación y creciente acceso al mundo laboral, junto con la constatación de que cada vez hay más mujeres políticas, y de que sin su participación en la sociedad el desarrollo de ésta se ralentiza, impulsan esa revolución silenciosa.

Portada del libro

¿Cuáles han sido los avances más significativos desde que usted es corresponsal internacional en la zona?

El cambio legal en Afganistán (aunque el social va aún despacio), los avances legales en Irán (las activistas han conseguido, entre otros, que en los accidentes de tráfico se indemnice igual a mujeres y a hombres) y, el último y más visible, el progresivo levantamiento de las restricciones a las saudíes (trabajo, conducción, etcétera). No debemos olvidar, sin embargo, que las situaciones de guerra o conflicto, han mermado los derechos de las mujeres en Irak, Siria y Yemen, por ejemplo.

¿La presencia de activistas, las primaveras árabes, el movimiento feminista, la labor de colectivos y ONGs… han sido determinantes?

Sin duda. Tal como he mencionado, el activismo no sólo ha suscitado el debate, sino logrado logros concretos. Incluso en Arabia Saudí donde los avances se presentan como concesiones de la monarquía absoluta hacia sus súbditas, los responsables no pueden negar la presión de movimientos como el Women2Drive (que durante años ha luchado para pedir que se levantara la prohibición a que las mujeres conduzcan).

“En Dubái se suele mirar para otro lado en el caso de la homosexualidad mientras no se exhiba abiertamente: es un pequeño paso adelante”

¿Es la religión uno de los principales obstáculos (la sharia y otras costumbres) el machismo, para conseguir igualdades de género en esa zona, mayor acceso educactivo y presencia en puestos de decisión de mujeres?

Los hombres, y sobre todo los gobernantes, utilizan la religión (las religiones) para justificar aquellas normas que les interesan y no para otras. Igual sucede cuando se mencionan la cultura o los usos y costumbres, como si todos esos factores fueran moldes de hierro, invariables a lo largo de la historia. Puros pretextos.

Lleva muchos años en esa zona. ¿Qué es lo que más le chocó al llegar a aquellas región?

Lo poco que conocía y la cantidad de estereotipos que tenemos.

¿Occidente ayuda lo suficiente y sirve como modelo útil de desarrollo para estos países?

Esto es complicado porque dado el historial de intervenciones nefastas que tenemos (conflictos y guerras desde la época colonial hasta hoy), la sola mención de Occidente resulta tóxica. A la vez, son ONG y activistas occidentales quienes a menudo han sido los más activos en presentar ayuda a las poblaciones civiles tanto en emergencias humanitarias como en proyectos de educación o desarrollo. Esto ha sido evidente tras las guerras de Afganistán e Irak, pero también tras el terremoto de Irán.

Por otro lado, las intervenciones (bélicas y humanitarias) suelen ser inconsistentes y eso confunde a la población (en Siria, por ejemplo, muchos acusan a Occidente de olvidarse de ellos; sin embargo si hubiera habido una intervención directa, hubiera suscitado las mismas críticas que la de Irak). Y luego, ¿qué es Occidente? En muchos casos, se equipara con EEUU, pero en Europa solemos tener grandes discrepancias con su política en Oriente Próximo (y más ahora, desde la llegada de Trump).

«En muchos casos, se equipara la idea de Occidente con EEUU, pero en Europa solemos tener grandes discrepancias con su política en Oriente Próximo»

¿Existen grandes diferencias entre la situación de la mujer en Afganistán, Irán, Irak, Oriente Medio (Libia, Jordania, Siria, Israel), o las monarquías del Golfo?

Sin duda. El nivel económico es un factor determinante. Las necesidades e inquietudes de una mujer analfabeta de Helmand, en el sur de Afganistán, están muy alejadas de las de una profesional de Dubái, Kuwait o Yeddah. Incluso entre estas, con muchos elementos sociales comunes, hay un abismo en su desarrollo e integración laboral en el último medio siglo. En el caso de Irán o Israel, juegan en otra liga. El desarrollo de la sociedad civil en ambas es mucho más avanzado y, dado sus distintos sistemas políticos, en el segundo, equiparable al occidental. No se puede generalizar, aunque existan algunos elementos comunes.

Resulta difícil de creer el veto social a las mujeres en el mundo del arte en la zona. O la prohibición de viajar solas, o incluso de conducir… Es una pérdida de libertades impensable en occidente ¿Hay algunos buenos presagios al respecto?

Hay que diferenciar entre restricciones legales y sociales. Donde las restricciones son sociales (Afganistán), el avance es una cuestión de tiempo (y de aumento de la seguridad). Donde son legales, como Arabia Saudí (el único en el que se les prohibía de facto conducir, pero que levanta la prohibición a partir de junio), hace falta, además de la concienciación social, un paso adelante por parte de las autoridades. Finalmente, en Irán, la sociedad va más adelantada que sus (restrictivas) leyes; por eso las mujeres reclaman más (protestas contra el velo, pero también condiciones en los contratos de matrimonio).

“En Irán, la sociedad va más adelantada que sus (restrictivas) leyes; por eso las mujeres reclaman más”

¿Ha resultado compleja la selección de los artículos ya publicadas? ¿La línea argumental estaba clara?

Ahí el 90% del mérito ha sido de la editora, Pilar Rubio, ya que yo me he limitado a hacer algunas sugerencias y revisar. Ella, como lectora, vio esa línea argumental clara.

De cara a la justicia la mujeres no tiene los mismos derechos ni privilegios que un hombre, tampoco frente al divorcio, y no cabe decir sobre la tradición de casa a menores o frente a algunos delitos (lapidación, adulterio, o ante ciertas inclinaciones sexuales, se permite la poligamia pero la homosexualidad está penada, etcétera…). La actualidad hace pensar que se ha mejorado al respecto ¿Queda mucho por hacer?

Se ha mejorado, pero queda mucho por hacer. Se ha mejorado en educación y sanidad (salvo en los casos de Yemen y Siria, ahora mismo desangrados por la guerra): la educación se ha extendido a las niñas en todos los países que trato (otro problema es la calidad y las dificultades de acceso, por ejemplo en Pakistán).

En las leyes se va más despacio. Debido al vínculo que muchos regímenes han establecido con la religión (como forma de legitimarse en ausencia de prácticas democráticas), tienen dificultades para eliminar algunas de esas leyes anacrónicas y castigos crueles de sus códigos civiles y penales. Por ejemplo, Irán respeta de hecho una moratoria sobre la lapidación (incluso si algún juez ultra la decreta, como pasó con el sonado caso de Ashtiani hace siete años, se conmuta por la horca o cadena perpetua); en Dubái se suele mirar para otro lado en el caso de la homosexualidad mientras no se exhiba abiertamente. Son pequeños pasos.

“Al hilo de la campaña #MeToo, una paquistaní denunció que fue víctima de tocamientos indeseados durante la peregrinación a La Meca y surgió el #MeTooMosque”

A raíz de tus artículos queda reflejada la gran cantidad de mujeres capaces de avanzar, aportar frente a la guerra y la destrucción, de liderar reformas, movimientos, naciones y defensa de los derechos humanos y de los derechos básicos (igualdad salarial, igualdad ante la ley, protección frente a tradiciones como bodas a menores, amputación genital, derechos en caso de divorcio, acceso a la educación…). ¿Los próximos años serán determinantes para consolidar esas tendencias y generalizar la presencia de la mujer (y su acceso más generalizado a puestos de decisión)?

No sólo en esta región, sino en todo el mundo. La zona no vive descolgada de los movimientos globales. Desde la generalización de la televisión por satélite y más recientemente de internet y las redes sociales (que tienen una elevadísima penetración), las poblaciones están al tanto de lo que pasa en el mundo. Por ejemplo, al hilo de la campaña #MeToo, una paquistaní denunció que fue víctima de tocamientos indeseados durante la peregrinación a La Meca y surgió el #MeTooMosque, como conté recientemente en una de mis crónicas.

¿Considera que la diplomacia y la ONU y otros muchos organismos internacionales, y otros locales, que velan por mejorar las condiciones vitales de la zona, y en concreto de las mujeres, hacen todo lo posible? ¿Qué vías se han abierto y quedan por amplificar, y qué vías habría que abrir?

La ONU, como los diplomáticos y las ONG, se mueve en el terreno de lo posible. Sin dudar de su buena voluntad, a menudo se queda corta por falta de medios o de voluntad política; no olvidemos que no es un ente autónomo sino que sus decisiones son fruto del acuerdo de sus miembros, casi dos centenares de países y territorios con intereses y objetivos muy dispares. Siempre se puede hacer más. ¿Qué en concreto? Depende del país, incluso del lugar y el momento, y daría para un tratado. Yo ni soy experta en desarrollo ni tengo una varita mágica, pero empezaría por preguntar qué necesitan a las mujeres de cada comunidad.

Ángeles Espinosa