7 mayo, 2018. Por

American Splendor

El dulce encanto de los perdedores y antihéroes de la América de los ’60 y ’70
American Splendor

Paul McCartney y John Lennon se conocieron por la más pura casualidad, cuando tenían 13 y 15 años, en la fiesta que se celebraba en el patio de una iglesia de Liverpool. Su encuentro originó un big bang de dimensiones que llegan aún hasta nuestros días. En el mundo del cómic existe un encuentro a esa altura, el protagonizado por Harvey Pekar y Robert Crumb en 1966, en Cleveland, gracias a amigos comunes y a una pasión compartida por la música y, años después, las historias y los cómics.

American Splendor. Los cómics de Bob y Harv es la compilación de su fértil colaboración, con Pekar encargado de los guiones y Crumb, que fue el que le animó a escribirlos, con los lápices. Para éste último, una de las escasas ocasiones en que accedería a dibujar historias que no fueran las suyas propias.

Tal y como reconoce Pekar en una de estas narraciones, la razón de que un día se decidera a escribir guiones para comic books se debe, exclusivamente, a su fortuito encuentro con Crumb, como el que comenzó a intercambiar gustos y opiniones del más diverso tipo desde que se produjo su accidental encuentro. Los amantes de sus personajes y sus aflicciones no tendrán problema en reconocer que el azar tuvo mucho que ver con que esta colaboración saliera adelante y fuera creciendo hasta convertirse en el símbolo y epítome del comic underground que es desde los años 80 del siglo XX.

“El rumor de fondo que acompaña a American Splendor es el de la sociedad estadounidense enfrentada a su espejo. Una sociedad, sin embargo, también salvada por el humor de las cosas sencillas, la camaradería o el acceso a una respetable oferta de ocio”

Pekar, aburrido del anodino trabajo poco cualificado en un hospital, dijo un día adiós a su compulsión por comprar discos y dedicó energías cada vez mayores a escribir pequeñas historias y guiones basadas en experiencias cotidianas, en muchas de las cuáles él era el protagonista. Sus relatos se componen de anécdotas puntuales, reflexiones a vuelapluma, fragmentos de su día a día. Cuando Crumb las vio, supo apreciar en ellas algo que merecía la pena contar. El resto es historia del cómic e historia de la cultura contemporánea lejos de los grandes canales de distribución de la industria editorial. Cleveland, explica Pekar, no es precisamente el lugar en el más cosas sucedan del mundo, pero si hay seres humanos en ella, y eso parece indudable, hay historias que los acompañan.

Portada del libro editado por La Cúpula

El rumor de fondo que acompaña a American Splendor (con qué sarcasmo y puntería titulaba Pekar todo cuanto hacía) es el de la sociedad estadounidense enfrentada a su espejo. En parte alienada por trabajos de subsistencia y destinada a horizontes vitales insustanciales en una ciudad mellada por la crisis económica, en la que se respira el aire deprimido que siguió a la decepción de la Guerra de Vietnam. Una sociedad, sin embargo, también salvada por el humor de las cosas sencillas, la camaradería o el acceso a una respetable oferta de ocio, del cine a la música pasando por la literatura.

Pekar y Crumb formaban una sociedad de entendimiento único, de personalidades fuertes pero también complementarias. Trabajaron juntos entre 1967 y 1983, una época en que las historias que reclamaban el público y, por lo tanto, también los editores, eran las de superhéroes en mallas que salvaban a la humanidad. Contra pronóstico y contras los consejos de los que les advertían que no había salida comercial en ello, ambos dieron voz a las miserias cotidianas de los perdedores, de los antihéroes, logrando hacer universal lo que siempre era local, en ocasiones mínimo. American Splendor, jugando en la liga de cierto realismo sucio, logró hacer del desencanto, la ironía y las pequeñas victorias y derrotas cotidianas una soflama silenciosa que convirtió a sus responsables en autores de culto, aunque a ninguno de los dos les agradara el término.

“Contra pronóstico y contras los consejos de los que les advertían que no había salida comercial en ello, Pekar y Crumb dieron voz a las miserias cotidianas de los perdedores, de los antihéroes, logrando hacer universal lo que siempre era local, en ocasiones mínimo”

Los reconocimientos en forma de galardones llegaron en los tardíos años 80, como el American Book Award que obtuvo la primera recopilación de American Splendor, en 1987. Pekar incluso atendió a la llamada de la pequeña pantalla y participó en varias emisiones del Late Night with David Letterman, tal fue la popularidad alcanzada entre el público estadounidense. Su incorrección política terminaría por pasarle factura entre esa gran audiencia hasta su fallecimiento, en 2010, pero su obra magna junto a Crumb vería adaptaciones al teatro y hasta en 2003, una película con el Paul Giamatti al frente. Esta antología de American Splendor no puede faltar en la zona más noble de la estantería de todo aficionado al cómic, pero tampoco de todo aquél interesado en la cultura underground estadounidense.

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