12 febrero, 2018. Por

Altered Carbon

¿Mera carnaza o el resurgir televisivo del ciberpunk?
Altered Carbon

Altered Carbon ha sido una de las apuestas más firmes de Netflix para la temporada invernal. Una temporada de diez capítulos que adapta la primera de las tres novelas de la saga de Takeshi Kovacs de Richard K. Morgan para los que la productora y guionista Laeta Kalogridis comanda una puesta en escena ciberpunk de una envergadura no del todo habitual en nuestras televisiones. Con un devenir errático, la crítica y el público no parecen tener del todo claro estamos ante un producto prescindible o si Altered Carbon es el tipo de serie de ciencia-ficción que muchos amantes del género llevábamos años esperando.

Altered Carbon: fundas, pilas y mets

En el siglo XXIV muchas cosas han cambiado. La principal, que la muerte ya no es una cosa tan seria como nos pensamos hoy. Gracias al descubrimiento de nuevos materiales y tecnologías ¿abandonadas? por extraterrestres en los mundos colonizados por la Humanidad, es posible almacenar la memoria, experiencias y psique de una persona en un dispositivo electrónico. La muerte de un cuerpo (o “funda”) ya no es el final: la persona que lo portaba puede ser reimplantada en otro y seguir con su vida. Siempre que pueda permitírselo económicamente y sus creencias religiosas no se lo impidan, por supuesto. Si tienes mucho dinero, incluso, puedes resucitar en un clon de ti mismo.

Con este panorama se despierta Takeshi Kovacs (Joel Kinnaman) tras una sentencia de 250 años de letargo por terrorismo. Y lo hace, por supuesto, en una funda que no es la suya, sino la de un musculoso varón blanco lleno de cicatrices (su funda de nacimiento era oriental) y con el desconcertante mecenazgo de Laurens Bancroft (James Purefoy), un ricachón (“met”) de los que llevan siglos de eterna juventud a golpe de clones y copias de seguridad de sus pilas. Bancroft necesita que Kovacs investigue un intento de asesinato que ha estado muy cerca de acabar con su blindada existencia y nuestro protagonista… bueno, necesita una excusa para meterse en líos.

“Basta leer el resumen sobre estas líneas para sospechar que Altered Carbon es una serie con demasiados personajes para diez capítulos”

Por el camino Kovacs se cruza con Kristin Ortega (Martha Higareda), una agente de policía con una extrañísima fijación por él; una inteligencia artificial llamada Poe (Chris Conner) que regenta un hotel de inspiración macabra; y con Miriam Bancroft (Kristin Lehman), la intrigante esposa de su empleador. Por supuesto, los recuerdos de Quellcrist (Renée Elise Goldsberry), la líder del movimiento al que estaba afiliado; y Raileen (Dichen Lachman), su hermana, atormentan a Kovacs casi a cada paso que da.

Lo malo: demasiados personajes, narrativa fragmentada y violencia innecesaria

Basta leer el resumen sobre estas líneas para sospechar que Altered Carbon es una serie con muchísimos personajes. Demasiados, probablemente, para diez capítulos, por mucho que rocen los 60 minutos de duración cada uno. Pero los problemas de Altered Carbon empiezan mucho antes. Sin ir más lejos, el primer episodio es una ensalada de tiros, gente pegando gritos y personajes que salen de ninguna parte que, sinceramente, no sé qué fue exactamente lo que me llevó a ver el segundo. Mi amor por el carismático James Purefoy, probablemente, y la intriga que me causaba el principal personaje femenino, Ortega. Pero el arranque es desastroso.

Todavía me estoy preguntando a qué venía esta ensalada de sopapos en el primer capítulo

El principal inconveniente es que en toda la orgía de sexo (luego hablamos de esto) y violencia que es la temporada de Altered Carbon las tramas se desdibujan. La sensación de que uno está pegando tiros sin más en una pantalla de Mass Effect, Destiny o Starcraft es acusada en no pocos momentos. Inicialmente tenemos la historia de detectives que Bancroft le encarga a Kovacs. El pasado del protagonista tarda demasiado en aclararse: no lo hace hasta el capítulo 7, porque antes ha tenido que explicarse (muy lentamente) qué demonios pinta Ortega en la vida de Kovacs y han aparecido de la nada más absoluta un tal Vernon Elliot (Ato Assandoh) y su traumatizada hija Lizzie (Hayley Law).

“En la orgía de sexo y violencia las tramas se desdibujan. La sensación de que uno está pegando tiros sin más en una pantalla de Mass Effect, Destiny o Starcraft es acusada en no pocos momentos”

Lo peor es que la necesidad de que haya combates, violencia y acción a raudales casi cada diez minutos hace que las historias de tantísimos personajes avancen a trompicones. El espectador tiene que presenciar durante casi un capítulo entero las torturas que sufre el protagonista (¿de verdad es necesario?) a manos de un matón que ni siquiera es importante para la trama. Mientras tanto, como el auténtico conflicto no se destapa hasta los últimos tres episodios, todo parece deslavazado y forzado, realmente inconexo en varios momentos. De hecho tarda tanto en descubrirse quién es el villano de la historia que los impulsos que mueven al personaje se exageran tanto que no son verosímiles y, mucho menos, explicables.

Quellcrist es uno de los personajes más desaprovechados por la errática narrativa

La historia de los Elliot es la que más destaca por lo fuera de lugar que está en toda la trama. Es cierto que es una excusa para mostrar una buena historia de empoderamiento femenino (volveremos a hablar de esto), pero la introducción de los personajes involucrados es tan forzada y su intervención, tan esporádica, que nunca llega a encajar con el devenir de Altered Carbon. Para colmo, a través de ellos se introduce algo tan absurdo como un embarazo no deseado como parte fundamental de la trama (también caída del cielo). Que la contracepción y el control de la natalidad no sea un asunto integral y controlado por las mujeres es un agujero demasiado inmenso en un guión que se desarrolla en un futuro tan desarrollado tecnológicamente.

Lo bueno: grandes personajes femeninos, la ambientación y la crítica a la prostitución

Llevo casi diez años mencionando Dollhouse cada vez que alguien me pide que le recomiende una buena serie de ciencia-ficción. El motivo para esto es el mismo por el que Dollhouse es mi serie favorita de Joss Whedon, por encima de Buffy, Cazavampiros o Firefly: bajo la excusa de la acción, las mujeres despampanantes y la ciencia-ficción, era una serie que hablaba sin pelos en la lengua sobre prostitución, tráfico de personas y anulación de la voluntad. Dollhouse fracasó por muchos y muy justificados motivos (habría que ver qué habría pasado con aquel planteamiento si se hubiera realizado ocho o diez años después, de la mano de Netflix o Hulu en vez de bajo el paraguas de la Fox).

No se podía esperar menos de la entrada de un personaje interpretado por Dichen Lachman

Ha sido toda una sorpresa descubrir que Altered Carbon hereda gran parte del discurso que me fascinaba en Dollhouse. El problema es que la serie tarda tanto en arrancar y pierde tanto tiempo con sus interminables ensaladas de tiros que pasan horas antes de que uno se de cuenta de que se le está hablando de las terribles implicaciones que tienen la posibilidad de matar a una funda “sin consecuencias” de cara al mercado de la prostitución y el tráfico de personas. Altered Carbon muestra sin tapujos y con una verosimilitud aterradora cómo tan maravillosa tecnología sería llevada sin escrúpulos a los lugares más oscuros del deseo humano. Y esto es un acierto.

“Es palpable la intención de que todos los personajes femeninos sean fuertes, cosa que no se recoge en las novelas en las que se basan, y el éxito es rotundo”

El otro aspecto en el que Altered Carbon brilla es en la extraordinaria preponderancia de sus personajes femeninos: Quellcrist, Raileen, Miriam, Lizzie y, sobre todo, Ortega, son todas personajes con agenda propia, tramas personales elaboradas con mimo (aunque no siempre estén completamente bien cerradas) y una extraordinaria riqueza de recursos. El trabajo de Martha Higareda a la hora de construir a Ortega como una mujer llena de detalles frágiles y delicados pero de una ferocidad magnética es, sin duda alguna, uno de los grandes logros de Altered Carbon. Es palpable la intención de que todos los personajes femeninos sean fuertes (nos muestran, incluso, como Lizzie llega a serlo en el sentido más estricto de la palabra), cosa que no se recoge en las novelas en las que se basan, y el éxito es rotundo.

La fotografía y factura artística son sobresalientes

Otra de las bazas a favor de Altered Carbon es la extraordinaria factura artística y técnica de la serie. Es francamente sorprendente encontrarse con diez capítulos que lleven la etiqueta “ciberpunk” y que su ambientación no flojee ni parezca cutre en ningún momento. El trabajo de fotografía, con el uso arriesgado de focos fríos para iluminar la piel de los personajes y evocar emociones; así como la diversidad de escenarios, ya sean desolados o luminosos, de Bay City son sencillamente sensacionales.

“Altered Carbon también acierta cuando explora las implicaciones religiosas y familiares de la “resurrección””

Altered Carbon también acierta cuando explora las implicaciones religiosas y familiares de la “resurrección”. Es a través del personaje de Ortega como se introducen los distintos puntos de vista, todos ellos bastante humanos y comprensibles, en torno al asunto. El cúlmen de este discurso gira en torno a la Noche de Muertos, en la que muchos ciudadanos alquilan fundas para que sus seres queridos fallecidos pasen la noche reencontrándose con la familia. Un tema que da lugar a unos de los momentos más memorables de la temporada. También se agradece, además, la naturalidad con la que Ortega y su familia se comunican en español, aunque algunos de los intérpretes tengan claros problemas para dominarlos.

Kristin Ortega: nuestra nueva badass de cabecera

Hay algunos aspectos en la construcción del mundo que hacen aguas, como la ya mencionada introducción de un embarazo no deseado sin explicación alguna, o el hecho de que la tecnología no parezca haber cambiado casi nada durante los 250 años que Kovacs ha pasado en hibernación, que nuestro protagonista parezca el único huésped del hotel The Raven o la reducida importancia que parecen tener asuntos como la raza o los genitales de la funda que porte uno. Pero una vez ha entrado uno en la trama, muchos de estos errores se dejan pasar.

De lo que todo el mundo habla: el sexo y los desnudos

Si una cosa está dando de qué hablar alrededor de Altered Carbon es su elevadísima carga erótica. La profusión de pectorales, abdominales, senos, nalgas y desnudos integrales frontales, tanto masculinos como femeninos (de estos siempre un poco más, seamos sinceros) se sale de todos los estándares. Las escenas de sexo son explícitas, prolongadas y están sorprendentemente bien rodadas. ¿Es toda esta carnaza un reclamo para atraer espectadores? No cabe duda de que más de uno se está viendo Altered Carbon solamente por los abdominales y las caderas de Joel Kinnaman (no es para menos) pero, por una vez, voy a romper una lanza a favor de la “carnaza” desmedida en una serie como esta.

Si se fijan, en el futuro no hay gente fea

Me he pasado mucho tiempo viendo cine y televisión, ya fuera mainstream o independiente, en el que me chirriaba el forzado afán por cubrir la anatomía de sus intérpretes en momentos en los que la desnudez es algo tan natural como cuando se mantienen relaciones sexuales o al salir de la cama tras ellas. Los ejemplos son incontables, pero me vienen a la cabeza varios momento de Battlestar Galactica que se volvían ridículos por su afán de no mostrar ninguna desnudez. Como reacción a estas actitudes tenemos series como Juego de Tronos o Westworld que se van al extremo opuesto, llenando planos con cuerpos desnudos y carne cuando uno menos se lo espera o lo necesita.

“La sorpresa ante la abundancia de cuerpos en Altered Carbon lo es, en realidad, por la poca naturalidad con la que el desnudo se trata en el cine y la televisión”

En Altered Carbon, como en Outlander o Roma, el uso de los desnudos es bastante lógico: uno no se despierta de más de dos siglos de hibernación con los calzoncillos puestos. Los clones de los ricachones no se conservan en pijama. Las prostitutas no trabajan cubiertas. La gente no folla escondida bajo 20 kilos de sábanas. Y una mujer que se levanta de su propia cama en su propia casa no se lleva la sábana puesta para cubrir su figura. La sorpresa ante la abundancia de cuerpos en Altered Carbon lo es, en realidad, por la poca naturalidad con la que el desnudo se trata en el cine y la televisión.

Seamos sinceros: cuando uno resucita, suele hacerlo sin calzoncillos

La sensibilidad e inteligencia con la que todo esto está tratado se pone de manifiesto al final del octavo episodio, probablemente el más brillante de la temporada. Cuando Ortega perturba el descanso de un buen puñado de clones de otro personaje femenino y éstas la atacan con lo puesto. Es decir, nada. Laeta Kalogridis eligió cuidadosamente a una mujer, Uta Briesewitz, para dirigir el episodio y asegurarse de que en el enfrentamiento entre las dos mujeres (bueno, una y varias copias de otra) la clave no fuera la exhibición de la desnudez femenina para el disfrute de ningún varón (de hecho ningún hombre interviene en la escena, en la cual no hay ni la más mínima connotación sexual), sino con la intensidad dramática y la belleza estética del combate.

“Para los aficionados al género que una novela tan puramente ciberpunk cuente con una adaptación tan lograda artísticamente es una noticia fabulosa”

El veredicto final es que Altered Carbon nos da una de cal y otra de arena. Hay demasiados cabos sueltos, demasiados tiros gratuitos y demasiados personajes poniéndose histéricos en la tele de uno. Pero también hay muchísimos detalles y, sobre todo, personajes que van captando la atención del espectador y acaban enganchándole sin piedad en el tramo final de la temporada. Desgraciadamente veo poco probable que sea capaz de atraer a un público no interesado en la ciencia-ficción, pero para los aficionados al género que una novela tan puramente ciberpunk cuente con una adaptación tan lograda artísticamente es una noticia fabulosa. Está por ver si habrá más temporadas que adapten las dos novelas restantes pero, mientras tanto, es reconfortante saber que hay ciberpunk más allá de las secuelas de Blade Runner.

Altered Carbon