17 mayo, 2017. Por

En contra de ‘Alien: Covenant’

O por qué es LA PEOR de las películas que se han hecho de la Saga Alien
En contra de ‘Alien: Covenant’

Érase una vez un famoso director de cine empeñado en destruir las primeras películas que le hicieron famoso con una serie de continuaciones tardías y lamentables. No, no me refiero a George Lucas y su segunda trilogía galáctica. Hablo de  Ridley Scott. Este respetable señor nacido en  una pequeña ciudad provinciana de la costa británica en 1937 es mundialmente célebre gracias a sus tres primeras películas, en especial por las dos últimas, y con toda justicia porque son dos obras maestras: Los duelistas (1977), magnífica adaptación de una novela corta de Joseph Conrad ambientada en la época de las guerras napoleónicas; Alien, el octavo pasajero (1979); y, por supuesto, Blade Runner (1982).

Hay que reconocer que pocos directores de la historia del cine -¿Kubrick, Orson Welles, Fritz Lang?- han comenzado su carrera con ese nivel. Después de esas tres películas, Scott no ha vuelto a dirigir una película que haya causado tal impacto y haya resultado tan influyente, pero sería mezquino discutirle cualquier mérito: es el responsable de, al menos, dos películas que vivirán en nuestra imaginación tanto como el mismo arte del cine.

La carrera posterior de Scott ha estado llena de altibajos: conectó con el público con grandes éxitos de taquilla –Thelma & Louise, Gladiator-, demostró su innegable habilidad visual dirigiendo buenas películas  –Black Hawk derribado o American Gangster-, y también ha tenido sus momentos bajos, con cintas fallidas –Legend, 1492. La conquista del paraíso, Los impostores, etc.- y sus auténticos desastres, con naufragios cinematográficos tan infames como  Tormenta blanca o La teniente O’Neil. Durante la última década,  en la que por razones estrictamente biológicas será inevitablemente  la última fase de su carrera, con la excepción de la empática The Martian (2015), hay muchos más fallos que aciertos.

Red de mentiras (2008) pretendía hacer un retrato de las insidias e intrigas que se ocultan bajo el nombre de Guerra contra el terrorismo, para se queda en la intención y muy poco más; Robin Hood (2010) se las arregla, a pesar de su gran reparto,  para ser la peor y más aburrida película jamás rodada sobre el legendario arquero de Sherwood;  El consejero (2013),  basada en un extravagante guión del gran novelista Cormac McCarthy, fue rechazada por el público y la crítica, espantados por su nihilismo, pero quizás merecía mejor suerte; Exodus: Dioses y Reyes (2014) remakeaba nada menos que Los diez mandamientos, con unos resultados aberrantes, como era de prever. Pero lo peor ya había sucedido un par de años antes, y se llamaba Prometheus: la primera precuela de Alien, el regreso de Scott al subgénero que lo encumbró: la combinación de terror y ciencia ficción.

De Prometheus (2012) se han dicho tantas cosas que no merece la pena insistir en ello. Una película tediosa, vacía, con un gran  diseño visual, muy ambiciosa en su pretensiones y terriblemente estúpida en su desarrollo.  A pesar de todos sus defectos, fue un éxito y Scott anunció que sería el inicio de una nueva saga. Y ahora nos llega su continuación, enmascarada bajo el título de Alien: Covenant. Pero no nos engañemos. Se trata de Prometheus II y aquí vamos a citar todos los puntos en común entre ambas películas:

  1. En manifiesto contraste con el lujoso despliegue técnico, ambas películas adolecen de un guión muy pobre. El de Prometheus solo conseguía dibujar un personaje con nitidez –el de Noomi Rapace-, estaba plagado de momentos absurdos y de Deus Ex Machina tan brutales que no resisten ni el más mínimo análisis. Estaba firmado por Damon Lindelof, el responsable de Lost y The Leftovers, todo un especialista en presentar tramas interesantes y ofrecer pocas respuestas, pero en este caso ni siquiera las preguntas tenían sentido. El de Alien: Covenant viene de la pluma de John Logan, un experimento guionista, con muchas superproducciones en su haber –Star Trek: Némesis, El último samurái, Skyfall, y un largo etcétera- y, a pesar de ello, no consigue generar ni una centésima parte de la tensión, el suspense y el puro miedo que generaba el Alien original.
  2. A pesar de su metraje de dos horas, los personajes vuelven a estar muy mal dibujados. Scott cuenta de nuevo con buenos actores, pero les saca muy poco partido. Katherine Waterston que resultaba fascinante  en Puro Vicio se vuelve un palidísimo reflejo de la magnética Teniente Ripley. Fassbender hace lo que puede defender su –doble- personaje, pero más allá  de la extraña y un tanto homoerótica o cyborg-erótica  escena de la flauta (quizás un descarte de esa tardía secuela de Blade Runner que está produciendo), ni sus motivaciones ni sus actos están lo suficientemente bien explicados. No vale la pena ni citar al resto; por algún motivo, el Sr. Scott está empeñado en demostrar que en el futuro los tripulantes de naves espaciales serán un hatajo de merluzos empeñados en meterse en situaciones perfectamente evitables y, por supuesto, terminan siendo poco más que carne de cañón para los monstruitos diseñados para la película. Lo que nos lleva a…
  3. Los aliens se han convertido en una especie de invitados en su propia saga. Más allá de protagonizar los inevitables momentos de casquería, y de volver su origen un lío indescifrable, Scott no tiene nada nuevo que aportar sobre los xenomorfos. Se dedica a copiarse a sí mismo, y de paso también toma ideas ajenas de la segunda y tercera parte (aunque nada del cachondeo de Jeunet en la cuarta), pero nos da muy poco para compensar. La historia de David, el robot, biólogo aficionado y genocida incipiente, despierta muy poco interés, entre otros motivos porque está muy mal contada.

Podríamos citar muchos más, pero incurriríamos en spoilers. El único que cuenta es el mayor de todos: Alien: Covenant es una mala película. Es peor que Alien y Aliens. El regreso, lo que tampoco es un gran pecado, porque ambas son obras maestras.  También es peor que la defectuosa Alien 3 o de la extravagante  Alien: Resurrección. Pero es que incluso habría que valorarla por debajo de ese honesto exploitation que era Alien Vs. Predator (2004) de Paul W. S. Anderson. Y quizás es el momento de recordar que en Alien intervinieron otros grandes creadores, como Dan O’Bannon en el guión, Jerry Goldsmith en la banda sonora y H. R. Giger en los diseños. Todos ellos fallecidos y que, por lo tanto, no podrán detener a Scott para preguntarle: ¿pero qué demonios estás haciendo?

En contra de ‘Alien: Covenant’