1 junio, 2018. Por

Algo Celosa

El ‘arte’ de confundir la misoginia y los propios complejos con la comedia
Algo Celosa

Aunque el que tiene mala fama es el inglés, muchas veces nos olvidamos de que el humor francés es uno de los más complicados de captar y disfrutar por parte del resto de la población mundial. Puede que ese sea el problema de Algo Celosa (David Foenkinos y Stéphane Foenkinos, 2017): que apela a gags y recursos que los que no hemos nacido en tierras galas desconocemos. O puede que, tal vez, solamente sea basura misógina carente de toda gracia o interés que intenta colar como chiste lo que no es más que puro desprecio hacia las mujeres de mediana edad y sus conflictos.

Nathalie Pêcheux (Karin Viard) es una profesora de mediana edad, divorciada que vive con su hija Mathilde (Dara Tombroff), una joven estudiante de danza clásica. Aunque todo en la vida de Nathalie parece satisfactoriamente cómodo, ella parece incapaz de evitar comportarse como una perfecta imbécil con todos los que la rodean. Boicotea las vacaciones de su exmarido con su nueva pareja (aunque estos no le han hecho nada), pone en ridículo a las amigas de su hija (por su físico), distribuye todo tipo de cotilleos malintencionados sobre los maridos de sus amigas, maltrata a sus compañeras de trabajo (a las más jóvenes que ella, por supuesto) y, lo que es peor, boicotea de la manera más cruel posible la carrera de su hija como bailarina y su relación con su novio.

“Estamos ante basura misógina carente de toda gracia o interés que intenta colar como chiste lo que no es más que puro desprecio hacia las mujeres de mediana edad y sus conflictos”

Con la excusa de bromear sobre la menopausia y los vaivenes emocionales que ésta puede producir, los hermanos Foenkinos generan en Algo Celosa un relato grotesco y aborrecible de la feminidad. Bajo la premisa de que en comedia todo vale, Nathalie Pêcheux encarna todos y cada uno de los tópicos y prejuicios que uno pueda imaginar sobre las mujeres maduras. La mezquindad del personaje parece no tener límites. La ausencia absoluta de consecuencias para sus ilógicos actos (todo parece perdonable) se presenta como desternillante chiste que debe hacer reír muy fuerte a los dinosaurios franceses, pero que a los demás nos causa absoluta estupefacción y desprecio. ¿Planean sus autores una sátira igualmente cruel sobre los efectos de la crisis de los cuarenta en los varones?

Que en unos tiempos en los que los movimientos por la igualdad se afanan por propagar el mensaje de que los celos son una actitud dañina y peligrosa que necesita ser revisada dentro de toda la construcción del amor romántico, no se entiende se banalicen actitudes tan peligrosas como las que exhibe la protagonista de Algo Celosa durante todo el metraje de la película. Estamos ante una comedia que, lejos de tener una pizca de gracia, causa unas cantidades de vergüenza ajena inadmisibles. La única explicación posible es que el resentimiento de sus autores (ambos varones, por supuesto) hacia todo el género femenino necesite encontrar su salida en la hipérbole y la ridiculización de éste.

“‘Algo Celosa’ ni siquiera cuenta con ningún aspecto técnico o artístico capaz de compensar el bochorno que uno siente en la butaca”

Y lo peor es que Algo Celosa ni siquiera cuenta con ningún aspecto técnico o artístico capaz de compensar el bochorno que uno siente en la butaca de cine: ni la interpretación de Karin Viard es capaz de conferir alguna dimensión a su personaje, ni el ritmo narrativo, ni la fotografía ni la realización aportar al espectador nada novedoso o, aunque sea, hermoso. Los números de danza de la hija o las escenas que se desarrollan en una piscina desaprovechan la oportunidad de aportar alguna dimensión artística a la pieza al estar realizadas desde la más absoluta vulgaridad.

Cuando abordo la crítica de cualquier pieza artística o de entretenimiento siempre intento superar mis propios gustos e intereses para encontrar algún punto de vista desde el que éstos sean disfrutables. Pero en este caso me es completamente imposible. Algo Celosa es una película vulgar e insultante en todos sus aspectos. Temo que solamente puede parecer graciosa a quien odie a las mujeres, y ése es un público con el cual no estoy dispuesta a empatizar. Vayan a verla si quieren disfrutar de la simplona e intrascendente opinión que tienen unos burgueses cualesquiera sobre la menopausia y la feminidad.

Algo Celosa