23 marzo, 2017. Por

Álex De la Iglesia & Blanca Suárez

El padre de la bestia y la dama de blanco
Álex De la Iglesia & Blanca Suárez

Cuando llego al Palentino le han cambiado el nombre y lo han forrado con la misma estética que Álex De la Iglesia ha forrado el Bar Amparo que regentea Terele Pávez en El Bar. Una vez dentro, todo repleto de cámaras y periodistas, pero el Palentino sigue intacto: tienen Telemadrid puesto, huele al pepito de ternera que están cocinando en la barra del fondo y Loli se asoma a la barra con esa ternura doméstica que aun sobrevive en Malasaña con copazos a 3,5 €.

Terele Pávez está sentada al lado de la máquina de tabaco y dice que le gustaría comerse un plato de lentejas y a mí me cogen y me llevan al Teatro Alfil, a escasos diez metros del Palentino: allí me espera Blanca Suárez de pie, perfectamente maquillada y zampándose un bocata envuelto en papel albal; y Álex De la Iglesia, de impoluta chaqueta. Hablo en tiempo récord (menos de diez minutos: así son las promos) con la protagonista y el director de la primera gran película española de 2017.

 

Notodo: ¿Cuánto hay del Palentino en El Bar? ¿Hasta qué punto lo que vemos en la película son situaciones y personajes reales o quizá solo elucubraciones que pudieron nacer también detrás de la barra?

Álex De la Iglesia: En un principio tienes la idea de generar una especie de tragicomedia teatral en un entorno. Y cuando se juntan una serie de elementos es cuando decides hacer una película: cuando de pronto entiendes que la película se desarrolla en un bar y que ese bar ejemplifica la vida en el sentido que dices que nadie tiene que ver con nadie; todo está muy cerca y está muy lejos: el oficinista que tiene 20 minutos para tomarse un café, el barrendero municipal, un tío de una sucursal, dos ancianos sentados, el hipster que está despistado con su iPad… Todo eso genera una imagen del mundo en el que dices: “sí, podría ser el Palentino”.

Pero todo eso lo descubres con la experiencia: yéndote durante meses a desayunar al mismo sitio y descubriendo cuáles son los arquetipos. Fuimos mucho al Palentino y fuimos diseccionando qué tipo de caracteres nos interesaba para que forme parte de esa jungla de personajes.

Álex: “El Bar es una pesadilla parecida a tu vida pero convertidas en una caricatura grotesca”

NTD: ¿Y hasta qué punto los protagonistas tuvisteis que empaparos de esta atmósfera? ¿Os ha hecho ir a tascas y tabernas de barrio, aunque no fuesen el Palentino porque igual con tanta gente os iban a dar mucho la chapa?

Blanca: Mucho, mucho.

NTD: ¿No te pasa como a Elena, tu personaje en la película?

Blanca: (Ríe) No, yo soy mucho más de fango y de tasca. Pero también me gustan sitios increíbles. Pero eso es lo bonito: que aprendes a apreciar la fritanga y el pepito de ternera, pero también otro tipo de bares. Creo que todos los que estamos en esta película hemos frecuentado el Palentino alguna vez o asiduamente, y sabíamos un poco la esencia o el regustillo que podíamos exprimir a esta película.

NTD: Se os ha preguntado mucho por la forma, por esa especie de claustrofobia y encierro que se vive en El Bar; pero a mí me parece una película con un trasfondo muy psicológico: al final hablas de la confianza, es una especie de El señor de las moscas contemporánea. ¿No os da miedo que se hable más de la forma que del fondo, en ese sentido?

Álex: Me encanta ese ejemplo que pones de El señor de las moscas. No creo que el interés sea el que me descubran como contador de alegorías, todo lo contrario, sino que la historia se mantenga en sí misma. Lo otro es truquero. Yo no quiero ser Ken Loach, me aburre. No me aburre Ken Loach, sino yo intentando ser Ken Loach: está muy bien que haya una persona haciendo ese cine, pero no es mi caso.

Pero fundamentalmente el espectador, si lo haces bien, no se da cuenta: tú cuentas una historia, pero al ser narrada y vivida por el espectador, en el recuerdo descubre como posos que le van quedando y conformando una sensación de algo que le ha cambiado. Y al fin y al cabo es lo que buscas cuando cuentas una historia. Que el espectador diga qué bonita o qué buena es algo que no controlas. Yo veo Un, dos, tres o La fiera de mi niña y digo: “eso es la puta felicidad”. Y no sé por qué. Si supiera por qué lo repetiría: es mágico.

Álex: “Si no tienes discurso político o eres tonto o un manipulador mentiroso”

Yo no creo que Howard Hawks quisiera hacer una película sobre la felicidad: te la brinda, te la regala. Y en este caso yo regalo una pesadilla en la que las cosas se parecen mucho a tu vida pero llevadas al extremo o convertidas en una especie de caricatura grotesca en la que los personajes están convertidos en arquetipos en un espacio cerrado que lo hace todo más angustioso. ¿Cuándo es la liberación? Cuando se acaba y uno dice: “yo no vivo eso, no soy así de miserable” o “yo no he tenido tanta mala suerte como estos: no he tenido que matarme para que los demás sobrevivan, no me han puesto nunca en esa tesitura”. Por eso cuando acaba la película soy feliz: porque me he visto reflejado, he visto las cosas que me quitan el sueño pero en un entorno gracioso y eso creo que es liberador.

NTD: Antes hablaste de arquetipos. No sé si diríais que los personajes que se quedan encerrados dan un muestreo representativo de lo que es España. ¿Hay un mensaje político en ello?

Álex: Es imposible no tener un discurso político. Si no tienes un discurso político es que eres tonto o eres un manipulador mentiroso. La película efectivamente tiene un discurso político que parte de un problema básico que es: yo ante una situación difícil, ¿cómo reacciono? ¿Solo intentando sobrevivir? (que es lo que prácticamente hacemos todos y por eso nos va cómo nos va) ¿O intento llegar a un acuerdo entre todos para encontrar una solución que satisfaga a todos y a ninguno?

Eso es lo que de alguna manera negamos: todos los días vivimos el “quítate tú para ponerme yo” o el “perdona, que yo tengo razón y tú estás equivocado”. Por eso los diálogos se convierten en monólogos alternativos, y eso decepciona mucho por lo general. Es que el debatir y llegar a un acuerdo supone un nivel de humildad que muy pocos tienen. Supondría decir: “yo estoy equivocado” y no habría discusión.

Muchos se niegan a un debate porque consideran que tienen la razón. Si yo me meto en ese debate es porque prefiero una solución intermedia a la estupenda solución que había parido en mi casa. Para eso se necesita una humildad muy grande y reconocer que la falta de acuerdo es infinitamente peor que esa especie de acuerdo o solución parcial. Eso es de lo que va no solo esta película sino cualquier relación humana.

Blanca: “Me gustan tanto las tascas de fritanga como otro tipo de bares”

Blanca: Lo ha resumido a la perfección. No sé si puedo añadir algo más. Lo estaba diciendo y estaba reflexionando sobre ello y es tal cual así; me lo voy a apuntar para la vida en general.

NTD: Igual es un poco largo para apuntártelo.

Blanca: Bueno, no, pero con la esencia me alcanza.

Álex: Todo esto parece muy pretencioso y sería un coñazo contarlo. Lo interesante es que la historia y los personajes lo cuenten. ¿Estos personajes representan a España o al mundo? Yo diría que no…

Álex: “El azar es la manera de ser más cercana a la realidad”

NTD: También lo que les pasa es que todos mutan en muchas direcciones, se van transformando todo el rato.

Álex: Exactamente: es imposible que los personajes reflejen nada. Por eso creo que el azar es la manera de ser más cercana a la realidad.

Álex De la Iglesia & Blanca Suárez