12 junio, 2018. Por

Alan Moore

Cazador y expositor de malvivants: analizamos y hablamos de la obra de Moore con su editor
Alan Moore

A mí me da que Alan Moore es un terrorista cultural y que su obra es sobre todo política. Ese panfleto suyo anarquista titulado V de Vendetta se lo debe todo a Margaret Thatcher; From Hell destripa los tejemanejes que se trae la realeza cuando hay que enmendar algún asuntillo estatal de mal gusto, de esos que acaban convirtiéndose en manta de la que tirar (¿Fue Barrionuevo el William Gull de Felipe González? ¿Quién es el «médico real» de nuestro Felipe VI?); Watchmen, bueno: lo protagonizan los supervivientes de un grupo paramilitar estadounidense desautorizado por su propio Gobierno, y nos enseña cuán conveniente es buscarse un enemigo común, venga de donde venga.

Este inglés de clase obrera parece empeñado en no salir de Northampton, salvo para hacer performances psicogeográficas en Londres. A esto se dedicó en los noventa. Sabemos que hizo al menos cinco, y las cinco en cinco espacios distintos: un teatro londinense, un juzgado victoriano, un reconocido pub de Higbury. Hace unos meses, La Felguera publicó la transcripción de esas performances en un volumen titulado El libro de la serpiente. Los libros iluminados, un tomo de esos chulos encuadernado en pasta dura, atiborrado de fotografías de época e ilustraciones originales y cuadros famosos y juegos tipográficos; el día que se reedite en castellano el Al Azif, del poeta Abdul Alhazred, las estrellas delegarán en Servando Rocha y sus secuaces la responsabilidad de su edición.

“Su literatura siempre es política. Uno no va a encontrar aquí un ataque directo al establishment, pero sí un buen puñado de malvivants: freaks, prostitutas, asesinos, escritores visionarios, propietarios de periódicos y otras tantas gentes de biografías necesarias para sacarse el carné de los sustantivos lumpen y/o outsider”

Existen mínimo dos Londres entre estos ensayos: el que está construido con materia sensorial y el que ilumina la central eléctrica neuronal instalada en el bibliófilo cráneo de Moore. Meterse a leer estas performances es chutarse una sobredosis de referentes culturales replegados en el tiempo y el espacio.

He escrito que la literatura de Moore siempre es política. Uno no va a encontrar aquí un ataque directo al establishment, pero sí un buen puñado de malvivants (¿malvivants según quién?): freaks, prostitutas, asesinos, escritores visionarios (Blake y Machen), propietarios de periódicos y otras tantas gentes de biografías necesarias para sacarse el carné de los sustantivos «lumpen» y/o «outsider». Hablar de toda esta «gentuza» es dar protagonismo a la Inglaterra cooficial, que es otra forma de evidenciar las grietas del Estado.

Pero ¿cómo trasladar al papel un espectáculo audiovisual alanmooriano? Había un par de cosas que debía resolver en mi cabeza. Di por hecho que el editor de la Felguera me podría aclarar esta duda, así que, después de escribirle, Servando Rocha me pasó su número y le pegué un telefonazo. Hablamos poco, pero suficiente:

He encontrado un pasaje en el libro que creo que ayuda a entender de qué va la psicografía. Vosotros hacéis eventos parecidos en Madrid de vez en cuando. ¿Cómo la defines tú?

La psicogeografía tiene su origen en el siglo XIX, en el flâneur romántico; hay rastros de experiencias psicogeográficas en Baudelaire y en Rimbaud. También se asocia a Walter Benjamin, cuando vivía en París en los años veinte y treinta y estaba fascinado con los pasajes comerciales, esos lugares donde quedan los vestigios de un pasado de la ciudad en forma de rótulos y tiendas antiguas. El término se usó sobre todo en Francia en los años cincuenta, cuando los situacionistas y los letristas, con personajes como Costant o Debord, hablaron por primera vez de psicogeografía.

No hay que confundirla con un paseo turístico, donde el guía narra grandes acontecimientos, efemérides, sitios donde nacieron personajes ilustres, etc. La psicogeografía es muy subjetiva. Es lo que a cada uno le incumbe a nivel personal en cuanto a la experiencia del paseo: cómo afectan en las emociones del paseante el paisaje urbano, la arquitectura, los lugares, el pasado.

Alan Moore tira sobre todo de autores ingleses, especialmente de su amigo Iain Sinclair. Estos cinco textos son relatos psicogeográficos donde el territorio tiene una importancia tremenda, por eso él asocia en ellos crímenes, magia, pasados mitológicos, leyendas, e iconos del pop y del rock and roll.

“Estos cinco textos son relatos psicogeográficos donde el territorio tiene una importancia tremenda, por eso él asocia en ellos crímenes, magia, pasados mitológicos, leyendas, e iconos del pop y del rock and roll”

¿Hay alguna relación entre el tipo y el tamaño de la letra y la performance? ¿La idea fue vuestra o de Moore? Si fue así, imagino que también habrá decidido sobre la disposición de las palabras en la página: no hay viñetas, pero puedes entenderla como un lienzo. Como espacio en blanco, rollo Mallarmé.

La maquetación la hice yo. Decidimos que el libro tenía que salir así porque Alan Moore pensó estas performances como actos efímeros, rituales mágicos que sucedían muy cercanos al happening. Se hicieron una vez y nunca se volvieron a repetir. En el momento en que esos ensayos se trasladan al libro, la experiencia es distinta, porque no se pueden repetir ni imaginar cómo fueron inicialmente. Hemos procurado acompañar los textos con imágenes. Y sí, es cierto que en algunos momentos se acerca a la viñetas.

Intentamos que cada página fuera totalmente libre, en el sentido de que cada una o cada dos resultara una experiencia que no tiene por qué tener continuidad: las tipografías están rotas, la inmensísima mayoría de las imágenes son de finales del siglo XIX, de archivos de la British Library, de la Biblioteca Nacional Francesa, de nuestra hemeroteca. Queríamos que el libro, una vez que se abriera, tuviera esa parte mágica y poética y bella.

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¿Qué obras de las cinco que componen el libro no habían sido transcritas? ¿Os las transcribió y envió Moore?

Amnios natal y Serpientes y escaleras. Aunque el resto salieron publicadas en formato CD, desde los noventa hasta principios de la década del 2000, ninguno de esos dos estaba transcrito en el libreto. Hay una pequeña confusión, porque en España se habían publicado ya, pero adaptaciones del texto a formato cómic. Ni siquiera es todo el texto que nosotros publicamos. Tuvimos un momento de cortocircuito tremendo, porque el libro tenía una fecha de salida, pero escribimos a Alan Moore por medio del agente (siempre es por medio del agente: la pregunta que todo el mundo nos hace es si tiene alan.moore@gmail.com. Lo tendrá, pero nosotros nunca contactamos con él directamente). El agente me dijo que Alan Moore no tiene los manuscritos, así que la opción que teníamos era transcribirlo a partir del registro sonoro. Por medio de Miguel Ángel Wolfville, de la editorial GasMask, que es uno de los mayores coleccionistas de Alan Moore que existen en este país, llegamos hasta Flavio Pessanha, un tipo en Brasil que debe de ser el mayor coleccionista de Moore en todo el mundo: lo tiene todo. Creo que tardó 48h en mandarnos transcritos ambos textos.

Cuando tuvimos los cinco, Moore nos pidió por medio del agente que se lo reenviáramos para ver qué textos íbamos a publicar. Los editó y los corrigió, y nos los devolvió con un pequeño regalo: anotaciones a mano a partir de los textos que le habíamos enviado.

He subrayado un pasaje del libro que creo que sirve de muestra psicogeográfica. Un arte poética, vaya. A mí me recuerda bastante a la percepción espacio-temporal que experimentan el doctor Gull y el doctor Manhattan. Lo dejo por aquí y ya me callo. Dice así:

“El espacio y el tiempo se repliegan, un abanico pintado. La década y la distancia se colapsan en forma de una magnífica cornalina de Aquí y Ahora. Dentro de esta ciudad están contenidas todas las ciudades: las que se han ido y las que están por venir, o bien las que nunca existieron, en una grandiosa simultaneidad. Desvestida de sus circunstancias terrenales, Londres es Nínive, es Bizancio, es la Jerusalén de Blake y el Dublín de Joyce. Toda la historia en miniatura, comprimida, ocurriendo ahora mismo en sus pasajes y esquinas.

Roma se eleva y cae en los montones de desperdicios del borde del mercado, gobernada por una dinastía de moscardas césares. Caín desgarra la carne de Abel sobre los adoquines escarlata de la pelea de gallos. Paris le mete los dedos a Helena en una taberna de un callejón. Luz huraña de Dresde, Cartago, Nagasaki, resplandeciendo en el brasero de la herrería. Todo el tiempo y la existencia concentrados en un único punto fosforescente, todas las cosas inflamadas por los símbolos y por el significado.”

Alan Moore