13 noviembre, 2018. Por

Agentes de Dreamland

Una Lovecraft del siglo XXI que plantea más enigmas que respuestas
Agentes de Dreamland

La novela Agentes de Dreamland de la prestigiosa autora, especializada en fantasía y que muchos conocimos por la interesante La joven ahogada (Valdemar), Caitlín R. Kiernan, a pesar de su brevedad, nos relata una especie de historia secreta del mundo, o al menos un fragmento sustancioso de esta. Para ello salta con rapidez a través del tiempo y el espacio entre distintos escenarios. Por un lado, estamos en 2015, en una árida población de Arizona, donde un agente de alguna oscura organización gubernamental, llamado (o más bien apodado) El Guadagujas, que no para de fumar y de beber Dr. Pepper se reúne con una mujer aún más misteriosa que él, Immacolata Sexton, que tiene cierta información sobre unos hechos inquietantes que han sucedido en el desierto, a orillas del Salton Sea, un lago interior salino (y muy contaminado) que se encuentra al sur de California.

A continuación, tenemos a Drew Standish, el líder de uno de tantos cultos pirados que proliferan en Estados Unidos, y en California en particular. Ha reclutado a sus seguidores entre los marginados de Los Ángeles: entre los drogadictos, los sintecho, los desesperados. Y los ha llevado al desierto, donde les predica que están al borde de una revelación transcendental, al mismo tiempo que los educa en una paranoia absoluta, dirigida hacia todo o, más bien, contra todo, de los Beatles a Apple. El monólogo –distorsionado, astillado- de una de sus seguidoras, Chloe, es probablemente el pasaje más intenso, desde el punto de vista literario, de este libro. Y más allá de todo eso, hay una sonda interplanetaria de la NASA, que ha hallado algo inexplicable en los bordes de nuestro sistema solar.

“La autora disfruta más intrigándonos y planteando enigmas que respuestas, quizás. El único defecto de esta novela tan singular: que se hace muy corta, y deja con ganas de más”

Una historia secreta del mundo implica, obviamente, que ha existido una conspiración para ocultarla, para que la verdad nunca haya salido a la luz y no aparezca en os libros de historia. El XX fue, sin duda, el siglo de las conspiraciones, de los magnicidios, de las tramas ocultas que intentan moldear la realidad, lejos del escrutinio público. Como señaló Thomas Pynchon en V: “Fantasmas, monstruos, criminales, descarriados, representan el melodrama y la debilidad. El único horror del que estamos rodeados  es el propio horror del soñador al aislamiento”.

Portada del libro

Y por lo que parece, tras el 11-S, la explosión de las redes sociales y las fake news, se trata de algo que no va a cambiar en un futuro próximo. Siempre habrá secretos que no podrán ser desvelados, o gente que, ante la pantallas del ordenador, clame, anunciando a los cuatro vientos que cree que hay secretos que no están siendo desvelados. De hecho, uno de los atractivos de la esta obra es que no pretende dar todas las respuestas: sólo dibuja un panorama tenebroso, una amenaza cósmica y abisal y a los “agentes” que luchan contra ella. Por lo demás, quedan muchos hilos sueltos y muchos destinos ignorados.

En el caso de Agentes de Dreamland, la clave esconde un homenaje: se trata del famoso horror cósmico de Lovecraft: la existencia de monstruos inhumanos que una vez habitaron la tierra y, quizás, pueden volver (asimismo, el personaje de Immacolata Sexton recuerda, y mucho, a Jenny Sparks, la heroína del cómic de Warren Ellis, The Authority), aunque hablar de clave quizás sea excesivo: Kiernan disfruta más intrigándonos y planteando enigmas que respuestas, quizás. El único defecto de esta novela tan singular: que se hace muy corta, y deja con ganas de más.

Agentes de Dreamland