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| 8 de abril de 2009 por after (a las 10:56) |
TODO EL MUNDO ENCIENDE LA TELEVISIÓN EN EL HOTEL. POR ALBERTO RODRÍGUEZ
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Este texto lo usamos antes de ensayar, después de que Rafael Cobos terminara el guión. Los escribo para que el actor tenga una sensación concreta o se acerque a un estado de ánimo concreto lo más posible. Me pareció que a Willie le vendría bien. Me propuse escribir uno para cada personaje antes de empezar el rodaje, pero al final nos pilló el inicio de la película y escribí únicamente este. Nos sirvió como punto de partida y nunca tiramos de él durante los ensayos o el rodaje. Pero los dos sabíamos que estaba ahí por si lo necesitábamos.
Todo el mundo enciende la televisión en el hotel Julio se levantó temprano, respiró y le supo tan mal la saliva como si estuviese muerto. Quizás fuesen las siete o las seis y media aún. No miró el reloj. Se incorporó y sintió frío. Pensó en lo cara que costaba esa habitación de hotel, y no consiguió entender por qué cortaban la calefacción de noche. Por la ventana se intuía un día gris. Al otro lado del tabique escuchó el despertador de otro huésped, carraspeó al apagarlo. Julio se puso la manta por encima y se acercó a la ventana. Llovía fuera, una media lluvia, no demasiado fuerte. Lo justo para hacer incómodo el paso de los pocos que a esa hora se atrevían a desafiar al invierno.

Encendió la televisión, daban noticias alarmantes sobre un terrible atentado en Paquistán en tres canales, un culebrón venezolano en otro y un programa de dibujos animados para niños en el último que vio. Subió y bajó los canales pensando en quién tendría puesta la televisión a esa horas, a parte de él. Imaginó a un ama de casa aburrida poniendo el despertador a las seis y media para ver los planes de boda de un personaje interpretado por una actriz que dejaba mucho que desear. Decidió quedarse viendo los dibujos. Los tres cerditos amenazados por un lobo, era una vieja película Disney. No había nada que temer: los cerditos no serían devorados y al lobo tampoco le pasaría gran cosa. Estuvo observando el decorado, nunca se había fijado en los fondos de los dibujos, un árbol pasaba una y otra vez, una y otra vez el mismo pájaro, la misma casa, la misma loma, despacio, o a la carrera. Quitó el sonido en el televisor y escuchó. Pensó de pronto qué estaría viendo el huésped al otro lado del tabique. Se acercó y pegó la oreja. Su vecino escuchaba las noticias. Pensó en por qué todo el mundo enciende la televisión en los hoteles aunque no lo haga en casa. Como un instinto, como parte de un ritual. Entrar en la habitación, soltar las cosas sobre la cama, encender la televisión.
El lobo la había emprendido con la casita de papel, aún no era el momento de la victoria para los tres cerditos. Reparó en la hora en la esquina inferior de la pantalla, 6:43. Había quedado a las diez y media en el despacho, le llevaría media hora llegar hasta allí. Le sobraban dos horas de nada, en una ciudad que no tenía ganas de visitar. Se metió en la ducha. Le vino bien el agua caliente. Luego al secarse vio que estaba lleno de manchas rojas, el agua estaba demasiado caliente. Pensó que no tenía que haber bebido tanto la noche anterior, sobre todo no tenía que haber tomado cocaína. Ahora recordaba a medias la cara de ese agente de ventas que le había dicho al salir de la oficina me tomo una cerveza rápida y me marcho. Lo recordaba riéndose, casi babeando cuando llamó al taxi. “Eres un campeón Julio, un campeón”. Mientras el taxista esperaba con cara de dormido a que el oficinista dejara de abrazarle y subiera en el coche. “Eres un campeón pero no tienes fin” , “Tú también....” , ahora no se acordaba del nombre, daba igual seguramente no volvería a verlo en su vida. “No tienes fin, Julio” Se quedó de pie en la acera mientras el taxi se alejaba, era lunes. Pensó que era verdad, no tenía fin, y se sintió sólo pensando en tomar una última cerveza antes de irse a la cama.
Ya se había ido a la cama y había vuelto del país de los sueños. Y nada se había movido de su sitio. El lobo se lanzó sobre la casita de ladrillo y acabó con el rabo chamuscado en la chimenea. Lo vio correr por el campo, mientras un pájaro cruzaba el cielo una vez, otra, otra, otra, otra... El mismo pájaro, en la misma trayectoria. Y otra vez...

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hay 2 comentarios.
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verónica
dice el 30 de septiembre de 2009 (a las 19:56)

Quién ha sido el encargado de la fotografía?? Todas geniales, pero esta en concreto buenísima. Mi enhorabuena!
web recomendada: www.legranphoto.com |
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