19 julio, 2017. Por

After FIB 2017

El FIB después del FIB: batalla de escenarios, nueva organización, batalla de públicos…
After FIB 2017

Ayer os conté que he pecado otra vez, y me pasé el fin de semana en Benicàssim, en el FIB más concretamente, viendo en primera persona cómo la edición más multitudinaria de la historia se llevaba a cabo.

Pero no sólo de análisis (completamente subjetivo) de conciertos vive el comentarista: este año en el FIB hubo varias cuestiones que generaron debate; desde la conexión generacional de ‘bandas de indie viejo’ con las ‘nuevas juventudes indies’ hasta cambios en la organización y seguridad; la convivencia de público español con el contexto fíber o la batalla de escenarios.

LA EDICIÓN MÁS MULTITUDINARIA

Esta edición del FIB será recordada como la edición más multitudinaria de la historia del festival. Más allá de que los artistas hayan convencido o no, de las decepciones o alegrías, las cifras no engañan: cuando buena parte de la crítica especializada y de la industria lleva defenestrando, sellando su lápida, haciendo los trámites para el certificado de defunción y tratando al FIB como una especie de “Magaluf de los festivales” mientras que a otros se les da una categoría de culto, la cita levantina da un golpe sobre la mesa: nunca antes se habían congregado tantas personas en el festival, 177.000, recordando la era dorada de aquellos FIB todavía bajo la administración de los Hermanos Morán.

Sobre todo eso se pudo ver en la jornada del sábado, en la que llegaron a vender absolutamente todas las entradas de día, además de agotar abonos, superando las 53.000 entradas; y el jueves y el domingo, en los que consiguieron que sean el día de apertura y de cierre más masivo de la historia del festival. El “pinchazo” de este año fue en un viernes que, a pesar de ser uno de los supuestos días grandes, la falta de presencia de un gran nombre que genere cierto tirón entre el público español para agotar las entradas de día (ni Foals ni Deadmau5 ni Los Planetas fueron especial atractivo) hizo que el número total de asistentes se quede por detrás de los otros tres días.

Podréis decir que lo cuantitativo no da lo cualitativo, y es cierto; pero el FIB ha conseguido articular un cartel más que coherente: artistas de masas cuyos cimientos estaban en el rock alternativo; figuras de culto para los amantes de los orígenes del FIB y de la música alternativa; artistas que representan el presente y futuro más inmediato de las tendencias musicales; un buen puñado de nombres que dieron su concierto de confirmación en esta edición; y una organización cuya seguridad se ha superado y extremado a niveles nunca vistos en otros festivales (aquí no ha habido danzas acrobáticas en grúas ni cancelaciones de cabezas de cartel dos días antes ni nada por el estilo); confirman, mal que pese a muchos, que el FIB no solo es un festival en forma, sino que ha conseguido dar con un target amplio, que invita a una convivencia sana entre el público británico que viene a cocerse como un cangrejo a orillas del Levante durante una semana a precio de coste, con el españolito medio que viene a darse un baño de masas para ver a algunos de sus artistas favoritos de dentro y fuera del estado.


ORGANIZACIÓN, SEGURIDAD Y VICEVERSA

Fue una de las cosas más comentadas las primeras horas dentro del recinto… al menos por aquellos que ya habíamos asistido anteriormente al festival: el parking no estaba especialmente cerca, la entrada para los coches no era la habitual, las larguísimas colas no respondían solo a la gran masa asistente y los grandes grupos de fuerzas y cuerpos de seguridad repartidos por las inmediaciones del festival indicaban que este año la seguridad tendría especial importancia.

Bien es cierto que hay aún cuestiones que pulir (sobre todo con la gestión del movimiento de los coches que podían aparcar en la zona VIP en la entrada y, sobre todo, las salidas: caminos mal delimitados y mal indicados, repletos de piedras y teniendo que esquivar gente que, a las cinco de la mañana, no iba con muchas ganas de moverse, poniendo de manifiesto que no todos los frentes de seguridad estaban cubiertos), pero el FIB acabó sacando nota en seguridad, a pesar de cuestiones de incomodidad y molestias para algunos de los asistentes.

No hubo experimentos raros (ni andamios ni bailarines en las inmensidades de una grúa por encima de las cabezas) y hubo una excelente gestión de las aglomeraciones ante las más de 50.000 personas que no querían perderse los directos de Red Hot Chili Peppers y Liam Gallagher el sábado. El trabajo del equipo de organización y seguridad no solo funcionó a la perfección fuera, en donde a pesar de la cuestión de los coches, consiguieron mantener al público entrando y yéndose de manera muy ordenada y escalonada (el sistema de autobuses este año sacó un 10 sobre 10); sino dentro, en donde la gestión del espacio y de los caminos en momentos cruciales era completamente necesario.

El propio director del festival, Melvin Benn, dijo en la rueda de prensa de resultados de esta edición que “las medidas de seguridad supuestamente extraordinarias son las normales ahora”, sin olvidarse de que este cambio en la seguridad viene motivado por los trágicos acontecimientos sufridos en Europa en estos últimos meses. El FIB se ha adelantado a todos los festivales tanto fuera como dentro del recinto.

¿ESPAÑA PARA LOS ESPAÑOLES?

Parece ser que sí. Era desolador ver el viernes a Los Planetas. No sólo por su lamentable directo, sino porque en auténtica hora punta del viernes el cemento del escenario principal peinaba calvas por doquier. Fue el caso más significativo (por la importancia de la banda pero también por ser una actuación en hora central en el escenario más grande), pero no el único.

Apenas La Mala Rodríguez o actuaciones a última hora de DJs como Cascales o Miqui Brightside (multiplicando su actuación: el sábado reemplazo a B.Traits por enfermedad, cerrando con technazo a última hora del sábado) consiguieron atraer a público foráneo frente a sus actuaciones. El resto, directos como los de Love of Lesbian, La Casa Azul o Joe Crepúsculo solo despertaban cierto interés en el público estatal (muchos fans tanto de uno como del otro), Surfin’ Bichos vieron reducida su proyección únicamente a sus fans (coincidir con Liam Gallagher, uno de los dos conciertos más multitudinarios de la historia del FIB, no audó a dar la dimensión emotiva que merecía el directo) y otros como Mourn y Belako congregaban un puñado de aficionados y decenas de guiris prestando atención casi por inercia, a pesar de haber brindado dos directos especialmente solventes, que recordaban a los de la mejor generación del rock alternativo británico (es más, para Melvin Benn, director del FIB, el directo del combo vasco fue el mejor de los que vio esta edición: “serán superestrellas mundiales”, dijo).

Pero donde más se podía ver esto era en el Escenario R3/Ochoymedio/Razzmatazz, o como muchos lo llamábamos, “el invernadero del FIB”, dado el calor húmedo que se aglutinaba allí debajo, en el único escenario techado del festival. También era uno de los escenarios más pequeños, y que apenas consiguió congregar llenazos en el directo de Viva Suecia. Por allí desfilaron con mejor o peor suerte gran parte de las bandas nacionales que actuaron en esta edición. De las que pudimos ver, tanto Alien Tango como Tórtel y Nudozurdo entregaron algunos de los mejores directos estatales.

¿ESTÁ EL ‘VIEJO INDIE’ FUERA DE CONTEXTO EN EL FIB?

¿Qué hacen unos señores como esos en un sitio como éste? De alguna manera, la presencia de bandas como Dinosaur Jr., Ride, The Jesus and Mary Chain, Los Planetas o Red Hot Chili Peppers, por mucha influencia que siga teniendo su influencia en público y artistas contemporáneos y por venir, jugaba a una batalla invisible con el contexto que había alrededor: veinteañeros mirando al frente, o que aprovechaban para sentarse en el asfalto viendo cómo el bajo porcentaje de treintañeros o cuarentones del festival agitaban levemente su cabeza en algunas de las pocas actuaciones con las que conseguían conectar emocionalmente.

 

Que este tipo de figuras hayan tenido peso en esta edición es también un acto casi reivindicativo por parte del FIB: asumir que más de veinte años después muchas de aquellas bandas por entonces jóvenes, nacientes, siguen teniendo un papel principal en Benicàssim. De algún modo, la presencia este año de figuras como la de los hermanos Reid, J Mascis o el propio Jota sigue ejerciendo de vaso comunicante, de elemento conector entre generaciones movilizadas por una misma pasión, aunque las canas, calvicies y barrigas delaten la diferencia de unos frente a otros.

No es algo nuevo: en el FIB todos los años hay presencia de algún icono de generaciones pasadas (en los últimos años hemos podido ver a Public Image Ltd., Magazine, Echo and the Bunnymen, Manic Street Preachers, Sparks, The Presidents of the USA, Paul Weller, New Order, Johnny Marr, The Stranglers, Buzzcocks…)… y aunque muchos se llenen la boca hablando de cuán lejos quedan aquellas primeras ediciones del FIB, la realidad es que la cita castellonense no ha dejado de lado ningún año ese cable a tierra con parte del legado original del festival, pero tampoco la sapiencia por cazar al vuelo algunos de esos artistas que serán clásicos dentro de veinte años.

LOS SEGUNDOS SERÁN LOS PRIMEROS: VISA > LAS PALMAS

Se veía venir: muchas de las críticas previas hacia el festival residían en la falta de nombres de peso, incontestablemente totémicos, como en años anteriores podían ser Bob Dylan, Blur, Gorillaz, Muse, Portishead, Queens of the Stone Age, Arctic Monkeys, The Killers o , entre otros. Apenas unos Red Hot Chili Peppers que sorprendían dentro del cartel eran tomado como un “cabeza” de peso; o unos Kasabian que repetían liderato tras haber sido el principal atractivo de la edición de 2014 podían colgarse esa medalla. El resto, un The Weeknd de proyección mundial pero sin una carrera histórica detrás y una jornada de viernes (la de menor afluencia de las cuatro) en la que el tripartito entre Los Planetas, Foals y Deadmau5 intentaban crear un gran cabeza de cartel de tres cabezas confirmaba una realidad: el “segundo escenario” (Escenario Visa, para más inri) podía llegar a agenciarse gran parte de los mejores directos del festival.

Y así fue. No solo los mejores conciertos de artistas españoles acontecieron allí (La Mala Rodríguez, Joe Crepúsculo y La Casa Azul, por ese orden), sino que artistas como Mura Masa, Kaytranada, Kaleo, Courtneeners (“el concierto con mayor afluencia de público de su historia”, según dijo el director del festival, Melvin Benn, si no contamos con sus bolos en Manchester para más de 50.000 personas) y, contra todo pronóstico, el DJ set de 2manydjs despertaron algunos de los mejores momentos de esta histórica edición.

 

Este escenario, tildado de “segundón” y al que muchos grandes artistas rechazan ir, acaba teniendo una categoría menos exigente y simbólica que la del escenario principal, con capacidad para 40.000 personas. Ese lastre objetivo, el de tener que demostrar sí o sí en un sitio y el de tener menos presión en el otro, hace que año tras año, exceptuando algún que otro caso, los directos más “libres” y desprejuiciados sean los del ahora llamado Escenario Visa, que además acaba atrapando a muchos de los asistentes que pasan por ahí para marcharse y acaban presenciando algunos de los mejores directos no solo de esa edición, sino de sus vidas.

CONCIERTOS DE CONFIRMACIÓN

Más allá de que hubo una serie de “conciertos de clase media” (por no decir “conciertos que ni sí ni no ni todo lo contrario”), como los de The Sherlocks, Marika Hackman, Declan McKenna, Ron Gallo o esa exploitation entre el croonerismo punk y la performance yonki que dio Peter Doherty (y de la que os hablaremos en singular dentro de unos días: creednos, bien merece su propio capítulo), hubo varios directos de esos que ya son clásicos en cada FIB: los de confirmación, los que elevan a una nueva categoría a algunos proyectos que hasta entonces seguían colindando las líneas del underground, y que no siempre dependen de haber sido grandes directos, sino de haber conseguido trascender a algún nivel, sea el artístico o el de la masividad.

En cuanto a directos explosivos, a directos que ponen de manifiesto la categoría performática o de directo de artistas, sin lugar a dudas es Mykki Blanco el que dio una lección de humildad y de gimnástica activa en el FIB. Su directo fue una auténtica bomba de relojería, inolvidable para las pocas decenas que allí nos agolpábamos.

Pero posiblemente quienes se lleven los mejores frutos del FIB, y quienes podrán renegociar caché o reclamar un escenario más grande o un horario mejor han sido Foals, Kaleo, Courtneeners, Blossoms y The Strypes. Foals por haberse apropiado de la noche del viernes y desplegar un cancionero icónico para decenas de miles de seguidores y un directo pulido, excesivamente perfeccionista, con momentos faltos de alma y otros especialmente emotivos.

Kaleo, Blossoms y Mura Masa por haber vivido lo que en otras ediciones vivieron Mumford & Sons, Amy Winehouse, The Temper Trap, Ed Sheeran, Tom Odell, Bastille o Kodaline: haber ofrecido directos multitudinarios, presentándose ante el público español por primera vez, dejando lastre de un repertorio que interesa a propios y extraños, demostrando que la rendición y conocimiento del público británico es total, y que ambos proyectos están preparados para dar un salto adelante, y que sus nombres comiencen a ser más habituales que ahora en listas y giras.

Courtneeners y The Strypes, viejos conocidos tanto del FIB como del público español, capearon dos momentos complicados (los primeros por actuar el jueves a una hora bastante pronto; los segundos, por abrir el festival el sábado a las 19h.) y, sin embargo, haber conseguido congregar a decenas de miles de fans que se agolpaban sobre sendos escenarios. Casi fueron recibidos como grupos de culto y de masas, parecía que estaban fuera de contexto posicionados en escenarios segundones u horarios menores.

 

En el caso de los artistas estatales, hay tres variantes: la de una Mala Rodríguez que ofreció el mejor directo español del festival, demostrando que la universalidad de su propuesta conquistó tanto a público estatal como foráneo y que se posicionó como una de las propuestas de directo más imponente del circuito; un Miqui Brightside que, tras su gran sesión de la pasada edición, este año se plantó durante dos días seguidos y en contextos muy diferentes (dos horas de sesión el viernes en el chiringuito de South Beach; y reemplazar por enfermedad el cierre del festival el sábado), demostrando destreza, versatilidad y capacidad de movimiento para no perder sus marcas de agua pero conseguir que el público se menee; y unos Viva Suecia que consiguieron reventar el Escenario de R3/Ochoymedio/Razzmatazz con un repertorio que demuestran que funciona y que ha conseguido crear legión en tiempo récord.

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