26 septiembre, 2017. Por

27 Flamenco

Flamenco de ‘audición a ciegas’ y homenaje lírico de baja intensidad en el montaje de Juan Carmona
27 Flamenco

No sólo de buenas intenciones vive el hombre. Y es que buenas intenciones, incluso buenísimas, es lo que le sobra a Juan Carmona en 27 Flamenco, el particular homenaje que el que fuera uno de los líderes de Ketama ha decidido realizar a la Generación del ’27 en su 90º aniversario: un tributo a la obra de algunos de los más imperecederos e influyentes artistas de la historia de España pero en clave jonda, pasando por el filtro del duende (tanto en baile como en cante como en toque) parte de la obra de nombres como los de Federico García Lorca, Rafael Alberti, Salvador Dalí, Maruja Mallo, Luis Buñuel o Juan Ramón Jiménez, por mentar solo a algunos.

Pero todo parece un gran ensayo de los horrores, el entrenamiento de un equipo desordenado, que se queda a medias en el proceso flamenquizador del legado de aquella icónica generación: la función hace aguas por todos lados, fallando tanto en la puesta en escena del baile flamenco (que no lo es) como en la escasa profundidad jonda de los cantaores, que juegan al freestyle poético en una jam que no llega a ser ni flamenca ni lirista ni performática.

Una gran muralla-pantalla dibuja el fondo de un escenario en donde la proyección de audiovisuales de corte videomapping va escribiendo sobre esa muralla los poemas y los guiños a las obras acerca el cual le van rindiendo tributo por la vía musical o del baile preside el fondo de un escenario, escudado a sus costados por los músicos (dos guitarras de excepción, la del propio Juan Carmona y la del ascendente Carlos de Jacoba, junto a una banda en la que hay tanto percusión flamenca como batería, teclado y bajo).

Luego, micro-sketches en donde van desfilando cantaores, cantaoras, un bailarín y una bailarina (que no bailaores: se nota a la legua que sus performances rozan de soslayo la danza flamenca, pero que nunca acaban de proyectar el verdadero baile flamenco) y llevando a su terreno poemas o el imaginario pictórico o audiovisual de los homenajeados.

“Las voces de los que desfilan (a excepción, quizás, de David de Jacoba, una especie de Manzanita del siglo XXI, y algunos momentos de Saúl Quirós) recuerdan más a una audición a ciegas de La Voz o una puesta en escena coral de las primeras ediciones de Operación Triunfo que un homenaje racial y desde el tuétano del arte flamenco”

 

No se entiende que teniendo un equipo de músicos de lujo, incluso haya momentos en que el sonido se proyecte pregrabado: da la sensación de un acto de final de curso, de ensamblaje sin ritmo de concierto pero tampoco de musical arty.

Las voces de los que desfilan (a excepción, quizás, de David de Jacoba, una especie de Manzanita del siglo XXI, y algunos momentos de Saúl Quirós) recuerdan más a una audición a ciegas de La Voz o una puesta en escena coral de las primeras ediciones de Operación Triunfo que un homenaje racial y desde el tuétano del arte flamenco: los poemas parecen convertirse en “pseudocanciones” sobre la marcha, más como una especie de ejercicio-recitado de las frases que del aprovechamiento de las sinergias entre los diferentes palos flamencos y la obra de algunos de los poetas más icónicos de aquella Generación.

De ahí que apenas tengan cierto sentido algunos homenajes no-flamencos, pero homenajes al fin, cuando tanto Anna López Infante como Carlos López Infante (los bailarines de la compañía PerforDanza) consiguen articular un diálogo entre las proyecciones, sus performances en directo (más cerca del baile oriental, de la acrobacia circense o de la danza contemporánea que del flamenco) y la obra de artistas no-líricos como Salvador Dalí, Maruja Mallo o Luis Buñuel.

Una oportunidad desperdiciada la de un Carmona que, aún con sus buenas intenciones, no ha conseguido llevar el duende al territorio de la Generación del ’27: lamentablemente, la escasísima afluencia de público en el Teatro de la Luz Philips (en torno a la media entrada en uno de los primeros días: aún les quedan dos semanas enteras de representación, hasta el 8 de octubre) nos da la razón.

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