18 diciembre, 2017. Por

24 horas en la vida de una mujer

¿Cómo se canta por Stefan Zweig?
24 horas en la vida de una mujer

¿Una adaptación de una novela de Stefan Zweig… cantada? “No hay retorno ya…Si quiere, sígame, hay que vivir para saber, locura es…” Una locura podría parecer, sí, hacer un musical de 24 horas en la vida de una mujer. Y alguno por ahí pensará que el austríaco estará revolviéndose en su tumba. Aunque si hay una ópera de La voz humana y la última versión que vimos de la novela de Constance de Salm en la que se inspiró Zweig tenía a Chevi Muraday danzando en escena (esa Sensible dirigida por Juan Carlos Rubio), esto no debería sorprender tampoco.

Y es que, además, la apuesta de Silvia Marsó (lejos quedan ya los tiempos del Un, dos, tres; la antes azafata gafotas, dicho esto con todo el cariño del mundo, ahora prefiere, y con inteligencia, los papeles dramáticos y cuanto más intensos mejor, como debe ser) por el musical de Christine Khandjian y Stéphane Ly-Coug que vio en París seguramente le va a dar muchas alegrías.

“Reivindicación del poder de decisión femenino y batalla contra los prejuicios firmemente instaurados (como el que un hombre mayor esté con una mujer joven sea perfectamente admisible, pero lo opuesto, mal visto) que, a pesar de la sencillez de su planteamiento pero gracias a la psicología de su protagonista, mantiene un inamovible poder de atracción”

La actriz produce y protagoniza este musical de cámara en el Teatro de la Abadía, con Ignacio García en la dirección de escena, tres estilosos y maravillosamente lánguidos músicos interpretando en directo la música de Sergei Dreznin y un equipo de altura que viste a la clásica novela de Zweig con un envoltorio elegante y atractivo (magnífico diseño de iluminación, vestuario, escenografía) que opta por una estética algo tenebrosa y decadente, perfecta para la historia de esta viuda asfixiada por las convenciones sociales que se enamora perdidamente de un joven ludópata en Montecarlo.

Reivindicación del poder de decisión femenino y batalla contra los prejuicios firmemente instaurados (como el que un hombre mayor esté con una mujer joven sea perfectamente admisible, pero lo opuesto, mal visto) que, a pesar de la sencillez de su planteamiento pero gracias a la psicología de su protagonista, mantiene un inamovible poder de atracción. La Marsó defiende con sentido y sensibilidad la complicada partitura de Dreznin, de múltiples influencias (desde clásicas a jazzísticas), y el complicado e intenso personaje, junto al joven Felipe Ansola y a un Víctor Massán que, como buen maestro de ceremonias (y al igual que ya pasa siempre en otro musical mítico como Cabaret, con cuyo MC tiene más de un punto en común) se come la escena en cada una de sus apariciones.

Una propuesta que hará las delicias de un amplio público, desde señoras bien hasta amantes del musical más íntimo y oscurito. A veces hay que arriesgar para ganar. “¿Y usted, se atreverá a jugar?”

24 horas en la vida de una mujer